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viernes, 25 de mayo de 2018

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Acoger el Reino de Dios como un niño"

TIEMPO ORDINARIO
SÁBADO DE LA SEMANA VII
26 de Mayo

     Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense 
     1er sermón para la Navidad

Acoger el Reino de Dios como un niño

    Nos ha nacido un niño: el Dios de toda majestad, se anonadó a sí mismo, se hizo semejante a nosotros no sólo tomando el cuerpo terrestre de los mortales, sino aún más, haciéndose a la edad de un niño, cargado de debilidad y pequeñez. ¡Bienaventurada infancia, cuya debilidad y simplicidad son más fuertes y más sabias que todos los hombres! Porque, en verdad, la fuerza de Dios y la sabiduría de Dios llevan a cabo aquí su obra divina a través de nuestras realidades humanas. Sí, la debilidad de este niño vence al príncipe de este mundo; rompe nuestras ataduras y nos libera de nuestra cautividad. La simplicidad de este niño, la cual parece muda y faltada de palabra, vuelve elocuentes las lenguas de los hijos; les hace hablar con el lenguaje de los hombres y de los ángeles... Este niño parece ignorante pero es quien enseña la sabiduría a los hombres y a los ángeles, él que, en realidad, es... la Sabiduría de Dios y su Verbo, su Palabra.

    ¡Oh santa y dulce infancia, que devuelves a los hombres la verdadera inocencia gracias a la cual a cualquier edad se puede regresar a la bendita infancia y asemejarse a ella, no por la pequeñez de sus miembros, sino por la humildad de corazón y la suavidad de su comportamiento! Indudablemente, vosotros los hijos de Adán, que sois tan grandes a vuestros propios ojos..., si no os convertís y no os hacéis como ese niño, no entraréis en el Reino de los cielos. «Yo soy la puerta del Reino», dice ese niño. Si la altura de los hombres no se inclina, esta humilde puerta no los dejará entrar.

(Referencias bíblicas: : Is 9,5; 1C 1,24; Jn 12,31; Sab 10,21; 1C 13,1; Sl 93,10; Mt 18,3-4; Jn 10).

Fuente: ©Evangelizo.org

jueves, 29 de marzo de 2018

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Dichosos los que se refugian en él"

TIEMPO DE CUARESMA
VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR
30 de Marzo

Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense 4º sermón para los Ramos

“Dichosos los que se refugian en él”

    Bendito aquel que, para que yo pueda “hacer mi nido en los huecos de la peña” (Ct 2,14), se ha dejado perforar las manos, los pies y el costado.
Bendito aquel que se ha abierto todo entero a mí para que yo pueda penetrar en el santuario admirable (Sl 41,5) y “me esconda en lo escondido de su morada” (Sl 26,5). Esta peña es un refugio…, dulce lugar donde anidan las palomas, porque los huecos tan abiertos de esta llagas sobre todo el cuerpo ofrecen el perdón a los pecadores y conceden la gracia a los justos. Es una estancia segura, hermanos, “una roca inaccesible y mi bastión contra el enemigo” (sl 60,4), el habitar, por una meditación constante y amorosa, en las llagas de Cristo nuestro Señor, el buscar en la fe y el amor hacia el Crucificado, un refugio seguro para nuestra alma, un refugio contra la vehemencia de la carne, las tempestades de este mundo, los asaltos del demonio. La protección de este santuario predomina sobre el prestigio de este mundo…

    Entra, pues, en esta peña, escóndete…, refúgiate en el Crucificado… ¿Qué es la llaga del costado de Cristo sino la puerta del arca abierta para los que serán preservados del diluvio? Pero el arca de Noé era solamente un símbolo; aquí, es la realidad; no se trata ya de salvar la vida mortal, sino de recibir la inmortalidad…

    Es pues bien justo que la paloma de Cristo, su hermosa (Ct 2,13-14)…, cante hoy con gozo sus alabanzas. Del recuerdo o de la imitación de la pasión, de la meditación de sus santas llagas, como de los escondrijos de la peña, su dulce voz resuena en los oídos del Esposo (Ct 2,14).

Fuente: ©Evangelizo.org

miércoles, 13 de diciembre de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO -"Juan era la lámpara que arde e ilumina»"

TIEMPO DE ADVIENTO
JUEVES DE LA SEMANA II
14 de Diciembre

     Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense
     3er sermón para la Natividad de san Juan Bautista, 1-2; PL 185, 169

«Juan era la lámpara que arde e ilumina» (Jn 5,35)

    Cuando la justicia soberana dijo a Noé: «Tú eres el único justo que he encontrado» (Gn 7,1) fue un gran elogio de su justicia. Es signo de un mérito muy grande cuando Dios asegura a Abrahán que es por él que se cumplirán las promesas... ¡Qué gloria para Moisés, cuando Dios arde de celo para defenderle y confundir a sus enemigos! (cfr Num. 12,6s)... Y ¿qué decir de David en quien el Señor se felicita por haber encontrado en él a «un hombre según su corazón»? (1Sam 13,14).

    Y sin embargo, por muy grande que haya sido la grandeza de estos hombres, ni entre ellos ni entre los demás «nacidos de mujer», «no ha habido ninguno mayor que Juan el Bautista», según el testimonio del Hijo de la Virgen. Es cierto que no todas las estrellas tienen el mismo brillo (1C 15,41), y en el coro de los santos astros que han iluminado la noche de este mundo antes que amaneciera el verdadero Sol, algunos han brillado con un resplandor admirable. Sin embargo ninguno de ellos no ha sido mayor ni más brillante que esta estrella de la mañana, esta lámpara ardiente y luminosa preparada por Dios para su Cristo (cfr Sl 131,17). Primera luz matutina, estrella de la aurora, precursor del Sol, anuncia a los mortales la inminencia del día y grita a los que duermen «en tinieblas y en sombras de muerte» (Lc 1,79): «Convertíos, porque el Reino de Dios está cerca» (Mt 3,2). Es como si dijera: «La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz» (Rm 13,12). «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz» (Ef 5,14).

Fuente:©Evangelizo.org


lunes, 4 de diciembre de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis"

TIEMPO DE ADVIENTO
MARTES DE LA SEMANA I
05 de Diciembre

     Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense 
     2º sermón para el Adviento

«Muchos profetas y reyes 
quisieron ver lo que vosotros veis»

    ¡Ven, Señor, «sálvame y seré salvado»! (Jr 17,14). Ven, «que brille tu rostro y nos salve» (Sl 79,4). Te hemos esperado, «sé nuestra salvación en el tiempo de la tribulación» (Is 33,2). Es con este deseo que los profetas y los justos iban al encuentro de Cristo; con un tal deseo y un tal amor que hubieran querido, a ser posible, ver ya con sus ojos lo que ya veían en su espíritu. Por eso el Señor decía a sus discípulos: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y justos quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron». También Abraham, nuestro padre «exultó de gozo pensando ver el día» de Cristo; «lo vió», aunque en el país de los muertos «y se alegró de ello» (Jn 8, 56).

    Ahí tenemos de qué nos enrojecer viendo la tibieza y la dureza de nuestro corazón, si no experimentamos el gozo espiritual el día del aniversario del nacimiento de Cristo que se nos promete ver muy pronto, si Dios quiere. De hecho, parece que la Escritura nos exige que nuestro gozo sea tan grande como nuestro espíritu, elevándose por encima de sí mismo, arda y se lance al encuentro de Cristo que viene, y adelantándose con el deseo, sin retardar, se esfuerce en ver ya ahora al que ha de venir.

Fuente: ©Evangelizo.org


jueves, 30 de noviembre de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Sepan que el Reino de Dios está cerca"

TIEMPO ORDINARIO
VIERNES DE LA SEMANA XXXIV
01 de Diciembre

      Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense
      1er sermón para el Adviento

«Sepan que el Reino de Dios está cerca»

    ¡Señor Jesús, las gracias te sean dadas! Estamos ante ti, te esperamos. «Dentro de poco tiempo, y dentro de poco tiempo»: tú haces promesa tras promesa; y yo de una vez por todas, confió en ellas. Sin embargo, «ven y ayúdame en mi incredulidad» para que, permaneciendo allí, te espere, y te espere todavía, hasta que al fin vea lo que creo. Si, lo creo, «veré los bienes del Señor, en la tierra de la vida».

    ¿Y tu hermano, lo crees? entonces «espera al Señor, sé valiente, que tu corazón se fortalezca, que espere con paciencia al Señor ». Si el Señor prescribe una larga paciencia, también promete venir pronto. Es que a veces nos forma en la paciencia, y a veces reconforta a los desalentados; asusta a los negligentes, activa a los perezosos. «Ten en cuenta que vendré pronto, y que traeré mi recompensa conmigo, para pagar a cada uno según sus obras». Y hablando a Jerusalén, agrega: «Pronto vendrá tu salvación, ¿porque dejarte consumir por el dolor?»

    Es cierto, el tiempo es corto, sobre todo para cada uno de nosotros, pese a que aparenta ser largo para quien se consume por la pena, o por el amor. Él vendrá, vendrá seguramente, ese Señor, el objeto de nuestro temor y de nuestro deseo, el reposo y la recompensa de aquellos que sufren, ternura y abrazos para aquellos que aman, la beatitud de todos, Jesucristo, Nuestro Salvador.

(Referencias bíblicas: Jn 16:16; Mc 9:24; Sal 26:13-14; Ap 22:12; 1 Co 7:29)

Fuente: ©Evangelizo.org


jueves, 14 de septiembre de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa"

TIEMPO ORDINARIO
VIERNES DE LA SEMANA XXIII
15 de Septiembre

      Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense
 4º sermón para la Asunción

«Y desde aquella hora el discípulo
 la recibió en su casa»

    Cuando Jesús se puso a recorrer pueblos y ciudades para anunciar la Buena Nueva (Mt 9,35), María le acompañó, inseparablemente unida a sus pasos, pendiente de sus labios desde que abría la boca para enseñar. Hasta tal punto que ni la tempestad de la persecución ni el horror del suplicio no consiguieron que dejara de acompañar a su Hijo, ni la enseñanza de su Maestro. «Junto a la cruz de Jesús, estaba María, su madre». Verdaderamente es madre la que no abandonó a su hijo ni tan sólo en los terrores de la muerte. ¿Cómo podía horrorizarse por la muerte, ella cuyo «amor era fuerte como la muerte» (Ct 8,6) e incluso más fuerte que la muerte? Sí, se mantenía de pie junto a la cruz de Jesús y el dolor de esta cruz le crucificaba su corazón; todas las llagas que veía herían al cuerpo de su Hijo eran otras tantas espadas que le laceraban su alma (Lc 2,35). Es justo pues, que allí fuera proclamada Madre y que un protector bien escogido fuera designado para cuidar de ella, porque es ahí, sobre todo, que se manifiesta el amor perfecto de la madre con respecto al Hijo y la verdadera humanidad que el Hijo había recibido de su madre...

    Jesús «habiéndola amado, la amó hasta el fin» (Jn 13,1). No tan solo ha sido para ella el fin de su vida sino sus últimas palabras: por así decir, acabando de dictar su testamento, Jesús confió el cuidado de su madre a su más querido heredero... Pedro, por su parte, recibió la Iglesia, y Juan, a María. Esta parte le era concedida a Juan como un signo del amor privilegiado del que fue objeto, pero también a causa de su castidad... Porque convenía que nadie más sino el discípulo amado de su Hijo, prestara este servicio a la madre del Señor... Y por esta disposición providencial, el futuro evangelista pudo conversar familiarmente de todo con aquella que lo sabía todo, ella que, desde el principio, había observado atentamente todo lo referente a su Hijo, y que «conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2,19).

Fuente: ©Evangelizo.org


domingo, 3 de septiembre de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Reconocer a Cristo en su humildad y descender para seguirle"

TIEMPO ORDINARIO
LUNES DE LA SEMANA XXII
04 de Septiembre

      Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense 
      4º sermón para la Epifanía

Reconocer a Cristo en su humildad
 y descender para seguirle

    «Mi alma está turbada», oh Dios, por el recuerdo de mis pecados; «entonces me acuerdo de ti en el país del Jordán» (Sl 41,7) –es decir, acordándome de como has purificado a Naaman el leproso en su humilde abajamiento... «Bajó y se lavó siete veces en el Jordán, tal como se lo había indicado el hombre de Dios, y quedó purificado» (2R 5,14). Desciende tú también, alma mía, desciende del carro del orgullo a las aguas saludables del Jordán, el cual, de la fuente de la casa de David, baja ahora sobre el mundo entero «para lavar todo pecado y toda suciedad» (Za 13,1). Con toda seguridad que esta fuente es la humildad de la penitencia, que fluye al mismo tiempo gracias a un don de Cristo y gracias a su ejemplo, y que, predicada desde ahora sobre la tierra, lava los pecados del mundo entero...Nuestro Jordán es un río puro, a los soberbios les será imposible acusarte, si te hundes enteramente en él, si te sepultas, por así decir, en la humildad de Cristo...

    Ciertamente que es único nuestro bautismo, pero una tal humildad rebautiza. En efecto, no reitera la muerte de Cristo pero realiza la mortificación y sepultura del pecado, y lo que, sacramentalmente, se ha realizado en el bautismo, en esta nueva forma se le da pleno cumplimiento.

    Sí, una tal humildad, abre los cielos y nos devuelve el espíritu de adopción; el Padre reconoce a su hijo, reformado en la inocencia y la pureza de un hijo regenerado. Por eso la Escritura, menciona acertadamente, que la carne de Naaman se ha restablecido como la de un niño recién nacido... Nosotros, que hemos perdido la gracia de nuestro primer bautismo... he aquí que hemos descubierto el verdadero Jordán, es decir, el abajamiento de la humildad... Nos toca ahora a nosotros no temer el abajamiento cada día más profundo...con Cristo.

Fuente: ©Evangelizo.org


jueves, 13 de abril de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo"

TIEMPO DE CUARESMA
JUEVES SANTO
13 de Abril

      Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense
     Sermón 1 para el Domingo de Ramos; SC 202, pag. 165ss


“Habiendo amado a los suyos
los amó hasta el extremo.” (Jn 13,1)

    “Tened los sentimientos de Cristo”... “El, que era de condición divina”, igual a Dios por naturaleza, porque participa de su poder, de su eternidad y de su mismo ser..., asumió el oficio de servidor, “abajándose a si mismo, siendo obediente al Padre hasta la muerte, y la muerte de cruz” (cf Fl 2,5-8). Se podría pasar por alto que, siendo el Hijo e igual que el Padre, haya servido al Padre como un servidor; mejor aún, ha servido a su propio servidor más que cualquier otro. Porque el hombre había sido creado para servir a su creador; ¿qué hay de más justo que servirle a quien te ha creado, sin el cual no existirías? ¿Y qué hay de más dichoso que servirle, ya que servir es reinar? Pero el hombro dijo a su creador: “No serviré” (Jr 2,20).


    “Ahora bien, soy yo quien te serviré a ti” dice el creador a su criatura. Ponte a la mesa; yo te serviré, te lavaré los pies. Descansa, tomaré sobre mi tus dolores; llevaré todas tus cargas y debilidades... Si estás cansado o cargado, te llevaré sobre mis hombros, a ti y a tu carga, para ser el primero en cumplir mi ley: “Llevad las cargas los unos de los otros” (Gal 6,2) ...Si tienes hambre o sed....aquí estoy a punto para ser inmolado para que tú puedas comer mi carne y beber mi sangre... Si te llevan a la cautividad o si te venden como esclavo, aquí estoy...; rescátate pagando el precio que sacarás por mí; me entrego yo mismo como precio... Si estás enfermo, si temes la muerte, moriré en tu lugar, para que mi sangre sea un remedio para tu vida...”

    ¡Oh, Señor mío, a qué precio has rescatado a tu siervo inútil!... ¡con qué arte de amor, de dulzura y de benignidad has recuperado a tu siervo rebelde, triunfando del mal por el bien, confundiendo mi orgullo por tu humildad, colmando al ingrato con tus beneficios! Así triunfó tu sabiduría.

Fuente: ©Evangelizo.org

domingo, 9 de abril de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Bendito el que viene en nombre del Señor"

TIEMPO DE CUARESMA
DOMINGO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR O DE RAMOS
09 de Abril

     Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense Sermones para el        domingo de Ramos; SC 202, pag. 188ss

“Bendito el que viene en nombre del Señor”

    La fiesta de hoy presenta a los ojos de los hombres aquel que nuestra alma desea bajo dos aspectos diferentes. (Is 26,9) “el más bello de los hombres” (sal 44,3) Los dos aspectos atraen nuestra mirada; los dos son objeto de nuestro deseo y de nuestro amor, porque en uno y en otro es el Salvador de los hombre...

    Si contemplamos al mismo tiempo la procesión de hoy y la pasión, vemos a Jesús glorioso y sublime y humillado y sufriente. En la procesión recibe los honores de rey y en la pasión es golpeado como un malhechor. Aquí, la gloria y el honor le rodean; allí “sin forma ni hermosura”(Is 53,2). Aquí, él es la alegría de los hombres y el orgullo del pueblo; allí, “oprobio de los hombres, desprecio del pueblo” (Sal 21,7) Aquí es aclamado: “Hosana al Hijo de David. Bendito sea el rey de Israel que viene...”; allí los gritos enfurecidos de la gente que pide su muerte, burlándose del que se hizo rey de Israel. Aquí, la gente sale a su encuentro con palmas en las manos; allí le dan bofetadas y con cañas le golpean en la cabeza. Aquí es colmado de elogios; allí cubierto de injurias. Aquí la gente porfía extendiendo sus mantos ante Jesús; allí es despojado de sus vestiduras. Aquí es recibido en Jerusalén como el Rey justo y el Salvador; allí es expulsado de Jerusalén como un criminal y un impostor. Aquí va montado sobre un asno, envuelto en agasajos; allí es colgado en la madera de la cruz, roto por los golpes, cubierto de llagas y abandonado por los suyos...

    Señor Jesús, en tu rostro resplandece la sabiduría, tanto si aparece glorioso como si se presenta humillado. En él resplandece la gloria de la luz eterna (Sb 7,26) Que brille siempre sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro (Sal 4,7), en la tristeza como en las alegrías... tú eres la alegría y la salvación de todos, tanto si te vemos montado sobre el asno o clavado en la cruz.

Fuente: ©Evangelizo.org


domingo, 29 de enero de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "El Reino de los cielos es para ellos"

TIEMPO ORDINARIO
DOMINGO DE LA SEMANA IV
29 de Enero

      Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense 
      Sermón para la fiesta de Todos los Santos 3, 5-6; SC 202, pag 503 ss

“El Reino de los cielos es para ellos.”

    “Dichosos los pobres de corazón, porque el Reino de los cielos es para ellos.” Sí, dichosos los que rechazan las cargas sin valor pero bien pesadas de este mundo. Los que no buscan hacerse ricos sino es poseyendo al Creador del mundo, y él sólo por él sólo. Los que son como gente que no tienen nada pero poseen todo. (cf 2Cor 6,10) ¿No poseen todo aquellos que poseen al que contiene todo y dispone todo, aquellos que poseen a Dios en heredad? (Nm 18,20) “Nada les falta a los que le temen.” (Sal 33,10) Dios les otorga todo lo que sabe que les es necesario. Se da él mismo para que su alegría sea plena.... ¡Gocémonos, pues, hermanos, de ser pobres por Cristo y esforcémonos de ser humildes con Cristo. No hay nada más detestable y más miserable que un pobre orgulloso...

    “El Reino de Dios no es ni comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.” (Rm 14,17) Si nos damos cuenta de que tenemos todo esto en nuestro interior ¿por qué no proclamar con seguridad que el Reino de Dios está dentro de nosotros? (Lc 17,21) Ahora bien, lo que está en nosotros nos pertenece realmente. Nadie nos lo puede arrebatar. Por esto, cuando el Señor proclama dichosos a los pobres tiene razón cuando dice: “El Reino de Dios es para ellos”, no dice “será para ellos”. No lo es solamente por una ley establecida sino también como prenda absolutamente segura, es una experiencia ya ahora de la felicidad perfecta. No solamente porque el Reino está preparado para ellos desde la creación del mundo (Mt 25,34) sino también porque ya han comenzado a poseerlo ahora. Poseen ya el tesoro celestial en vasijas de barro (cf 2Cor 4,7); llevan a Dios en sus cuerpos y en su corazón.

Fuente: ©Evangelizo.org


viernes, 6 de enero de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "La luz del mundo revelada a las naciones"

TIEMPO DE NAVIDAD
VIERNES DE LA SEMANA II
06 de Enero

Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense 2º sermón para la Epifanía

La luz del mundo revelada a las naciones

    «¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha venido tu luz!». Sí, ciertamente, la luz había venido; estaba en el mundo, y el mundo había sido hecho por ella, pero el mundo no la conoció. Había nacido el niño, pero no era conocido hasta que este día de luz comienza a revelarle... ¡Levantaos, los que estáis sentados en las tinieblas! Dirigios hacia esta luz: se ha levantado en medio de las tinieblas, pero las tinieblas no la han podido atrapar. Acercadla y seréis iluminados; en su luz veréis la luz, y se dirá de vosotros: «Antes estabais en las tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor» Mirad: la luz eterna se ha acomodado a vuestros ojos para que aquél que habita en una luz inaccesible pueda ser captado por vuestros ojos débiles y enfermos. ¡Descubrid la luz en una lámpara de arcilla, el sol en la nube, Dios en un hombre, en el pequeño vaso de arcilla de vuestro cuerpo, el resplandor de la gloria y el rayo de la luz eterna!...

    Te damos gracias, Padre de las luces, por habernos llamado de las tinieblas a tu luz admirable... Sí, la verdadera luz, es más, la vida eterna es conocerte a ti, el único Dios y a tu enviado Jesucristo... Ciertamente, te conocemos por la fe, y la tenemos como prenda segura de que un día te conoceremos en la visión. Hasta que llegue ese día, auméntanos la fe. ¡Condúcenos, bajo la moción de tu Espíritu, de fe en fe, de claridad en claridad, para que cada día penetremos más y más en las profundidades de la luz! Que la fe nos conduzca al cara a cara y, como la estrella, nos guíe hasta nuestro jefe nacido en Belén...

    ¡Qué gozo, qué exultación tendrá la fe de los magos cuando verán reinar en la Jerusalén de arriba a aquél que adoraron cuando chillaba en Belén! Aquí lo han visto en una casa de pobres; allá le verán en el palacio de los ángeles. Aquí, en pañales; allá, en el esplendor de los santos. Aquí, en el seno de su madre; allá, sobre el trono de su Padre.

Fuente: ©Evangelizo.org

lunes, 28 de noviembre de 2016

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Un centurión del ejército romano se le acercó suplicándole..."

TIEMPO DE ADVIENTO
LUNES DE LA SEMANA I
28 de Noviembre

     Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense Tercer sermón            para el Adviento, 2; SC 166, pag. 123

“Un centurión del ejército romano se le acercó suplicándole...” (Mt 8,5)

    ¡O verdadero Israel, estate preparado para salir al encuentro del Señor! No sólo estate a punto para abrirle cuando llame a la puerta sin sal alegremente a su encuentro mientras esté todavía lejos, y con plena confianza ante el día del juicio, pide de todo corazón que venga su reino.... Que tu boca pueda cantar: “Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme” (Sal 56,8)....

    ¡Y tu Señor, ven a mi encuentro, yo que te voy buscando! Porque, a pesar de todos mis esfuerzos no me podré levantar hasta ti si tú no te inclinas, me tiendes tu derecha ya que es obra de tus manos. (cf Job 14,15) Sal a mi encuentro y ve que no hay impiedad en mí. Y si encuentras en mí un camino de maldad que yo desconozco, apártalo de mí y ten misericordia de mí, condúceme por el camino eterno,(cf Sal 138,24) es decir, Cristo, ya que él es el camino por donde llegar a la eternidad, sendero inmaculado y morada de los santos.

Fuente: ©Evangelizo.org