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domingo, 27 de mayo de 2018

LA FRASE DEL DÍA

Lunes 28 de Mayo





MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?"

TIEMPO ORDINARIO
LUNES DE LA SEMANA VIII
28 de Mayo

     San Clemente de Alejandría (150-c. 215), teólogo 
     Homilía  “¿Se puede salvar el rico?”

“Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?”

    Ignorar a Dios es morir; conocerlo es vivir en Él, amarlo, tratar de parecerse a él, esa es la verdadera vida. Si deseáis la vida eterna... primero tratad de conocerlo, aun si “nadie lo conoce, si no es por el Hijo y aquel a quien el hijo considere justo revelárselo” (Mateo 11,27). Después de Dios, conoced la grandeza del Redentor y su gracia inestimable; “la Ley, dijo el apóstol Juan, nos fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad nos fueron dadas por Jesucristo” (1,17)... Si la Ley de Moisés pudiera darnos la vida eterna, ¿para qué habría venido nuestro Salvador al mundo a sufrir por nosotros desde su nacimiento hasta su muerte, llevando una vida totalmente humana? ¿Por qué el hombre que cumplía tan fielmente desde su juventud los mandamientos de la Ley se lanzaría a los pies de otro para pedir la inmortalidad?

    Este joven observaba toda la Ley, y había estado apegado a ella desde su juventud... Pero él bien sabe que aunque no le falte nada a su virtud, la vida aún le hace falta. Por eso va a pedirle al único que lo puede conceder; él está seguro de cumplir con la Ley, pero le implora al Hijo de Dios... Las amarras de la Ley no lo defendían bien del balanceo; inquieto, abandona estas aguas peligrosas y lanza su ancla al puerto del Salvador.

    Jesús no le reprocha haber faltado a la Ley, sino que comienza a amarle, conmovido por esta muestra de dedicación. Sin embargo, se declara aún imperfecto...: es un buen obrero de la Ley, pero es perezoso en lo que respecta a la vida eterna. La santa Ley es como un pedagogo que encamina a los mandamientos perfectos de Jesús (Pablo a los Gálatas 3,24) y hacia su gracias. Jesús es “el resultado de la Ley para que sea dada la justicia a todos aquellos que creen en Él” (Romanos 10,4)

Fuente: ©Evangelizo.org

jueves, 14 de diciembre de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Juan el Bautista nos invita a la salvación"

TIEMPO DE ADVIENTO
VIERNES DE LA SEMANA II
15 de Diciembre

     San Clemente de Alejandría (150-c. 215), teólogo Protréptico, c. 1

Juan el Bautista nos invita a la salvación

    ¿No es extraño, amigos míos, que Dios nos exhorte siempre a la salvación, y nosotros estemos siempre escurriéndonos ante esta ayuda y así la aplacemos? ¿Acaso Juan no nos está invitando a la salvación siendo todo él una voz que nos exhorta? Preguntémosle pues: «¿Quién eres tú entre los hombres, de dónde vienes? «No nos dirá que es Elías y negará ser el Cristo, pero confesará que es una voz que grita en el desierto (Jn 1,20s). ¿Quién es, pues, Juan? Para tomar una imagen, que se me permita decir: una voz del Verbo, la Palabra de Dios, que nos exhorta gritando en el desierto...: «Allanad los caminos del Señor» (Mc 1,3). Juan es un precursor y su voz es el precursor del Verbo de Dios, voz que alienta y predispone a la salvación, voz que nos exhorta a buscar la herencia del cielo.

    Gracias a ella «la abandonada tendrá más hijos que la casada» (Is 54,1). Este embarazo me lo ha anunciado la voz del ángel; esta voz era un precursor del Señor que trae la buena noticia a la mujer que no había dado a luz (Lc 1,19), tal como lo hace Juan en la soledad del desierto. Es, pues, por esta voz del Verbo que la mujer estéril da a luz con gozo y que el desierto da frutos. Estas dos voces, la del ángel y la de Juan, precursoras del Señor, me hablan de la salvación escondida en ellas, de manera que, después de la manifestación de este Verbo, recogemos el fruto de la fecundidad, la vida eterna.

Fuente: ©Evangelizo.org


miércoles, 14 de diciembre de 2016

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Los cojos andan"

TIEMPO DE ADVIENTO
MIÉRCOLES DE LA SEMANA III
14 de Diciembre

     San Clemente de Alejandría (150-c. 215), teólogo Protréptico I, 4-7; 
     SC 2, pag. 38-39

“Los cojos andan”

    Dice el apóstol Pablo: “...también nosotros fuimos en otro tiempo insensatos, rebeldes, descarriados, esclavos de toda clase de concupiscencias y placeres, llenos de maldad y de envidia; éramos aborrecidos y nos odiábamos unos a otros. Pero ahora ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres. El nos salvó,, no por nuestras buenas obras, sino en virtud de su misericordia...” (Tito 3,3-5). ¡Considerad la fuerza del “cántico nuevo” (Sal 149,1) del Verbo de Dios: de las piedras saca hijos de Abrahán. (cf Mt 3,9) Los que se comportaban como bestias salvajes los transformó en hombres civilizados. Y los que estaban muertos, -que no tenían parte en la vida verdadera y real-, cuando escucharon el cántico nuevo resucitaron a la vida.

    Todo lo ordenó con sabiduría y equidad...para hacer del mundo entero una sinfonía.... Este descendiente de David, el músico, que existía antes que David, el Verbo de Dios, dejando el arpa y la cítara (Sal 57,9) instrumentos sin alma, afinó todo el universo, particularmente este universo en pequeño que es el hombre, su cuerpo y su alma, mediante el Espíritu Santo. El toca este instrumento de mil voces para alabar a Dios y canta con su voz al acorde de este instrumento humano... El Señor, enviando su soplo a este hermoso instrumento que es el hombre (cf Gn 2,7) reprodujo su propia imagen. El mismo es también un instrumento de Dios, armonioso, afinado y santo, sabiduría más allá de este mundo y Palabra que viene de lo alto. ¿Qué quiere este instrumento, el Verbo de Dios, el Señor, y su cántico nuevo? Quiere abrir los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos, conducir a los cojos y los descarriados a la justicia, manifestar a Dios a los hombres insensatos, acabar con la corrupción, vencer la muerte, reconciliar con el Padre los hijos desobedientes...

    Este cantor y salvador ¡no penséis que es nuevo como un mueble o una casa son nuevos! Porque él “existía antes de la aurora” (Sal 109,3) y “Al principio ya existía la Palabra. La palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios” (Jn 1,1).

Fuente: ©Evangelizo.org