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domingo, 3 de diciembre de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán... en el festín del Reino de los cielos"

TIEMPO DE ADVIENTO
LUNES DE LA SEMANA I
04 de Diciembre

     Eusebio de Cesárea (c. 265-340), obispo, teólogo e historiador 
     Demostración evangélica, II, 3, 35

«Muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán...
 en el festín del Reino de los cielos»

    Son numerosos los testimonios de la Escritura que enseñan que las naciones paganas no han recibido menos gracias que el pueblo judío. Si los judíos... participan de la bendición de Abrahán, el amigo de Dios, porque son sus descendientes, acordémonos de que Dios se comprometió en dar a los paganos una bendición semejante, no sólo a la de Abrahán, sino también a las de Isaac y Jacob. En efecto, explícitamente predijo que todas las naciones serían igualmente bendecidas e invitó a todos los pueblos a un solo y mismo gozo con los bienaventurados amigos de Dios: «¡Exultad, naciones, con su pueblo!» (Dt 32,43) y también: «Los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de Abrahán» (Sl 46,10).

    Si Israel se gloría del Reino de Dios diciendo que ellos son los herederos, los oráculos divinos nos dicen que Dios reinará también sobre los demás pueblos: «Decid a los pueblos: el Señor es rey» (sl 95,10) y también: «Dios reina sobre las naciones» (Sl 46,9). Si los judíos fueron elegidos para ser los sacerdotes de Dios y darle culto..., la palabra de Dios ha prometido conceder a las naciones el mismo ministerio: «Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor. Entrad en sus atrios trayéndole ofrendas» (Sl 95, 7-8)...

    Y si antaño, en un primer tiempo, «el lote del Señor fue Jacob, su pueblo, e Israel su parte de heredad» (Dt 32,9 LXX), en un segundo tiempo, la Escritura afirma que todos los pueblos serán dados al Señor en herencia, según la palabra del Padre: «Pídemelo, y te daré en herencia las naciones» 
(Sl 2,8). La profecía anuncia también que «dominará» no sólo en Judea, sino «de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra; todos los reyes se postrarán ante él, le servirán todas las naciones». (Sl 71, 8-11). Es así como el Dios del universo «da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia» (Sl 97,2).

Fuente: ©Evangelizo.org


lunes, 24 de julio de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "El martirio de Santiago, apóstol"

TIEMPO ORDINARIO
MARTES DE LA SEMANA XVI
25 de Julio

     Eusebio de Cesárea (c. 265-340), obispo, teólogo e historiador Historia               eclesiástica, II, 3, 9 (trad. SC 31, p. 54s rev.)

El martirio de Santiago, apóstol

    Sin duda que fue gracias a un poder y a una asistencia del cielo que la doctrina de la salvación, iluminara de repente, como un rayo de sol, toda la tierra. En efecto, siguiendo las divinas Escrituras, la voz de los evangelistas y de los apóstoles, resonó por toda la tierra; sus palabras llegaron hasta los confines del universo. Y en cada ciudad, en cada pueblo, al igual que en cada superficie al aire libre, se constituyeron en grupo Iglesias fuertes con millares de hombres, llenas de fieles...

    Pero bajo el reinado del emperador Claudio, el rey Herodes se dedicó a maltratar a algunos miembros de la Iglesia; fue así que hizo matar a Santiago, hermano de Juan, a filo de espada (Hch 12,2). Clemente nos da el siguiente relato de Santiago, digno de recordar: el mismo que lo condujo al tribunal se conmovió viendo cómo daba testimonio, y confesó que también él era cristiano. Los dos (dice) fueron conducidos juntos al suplicio; y a lo largo del camino, éste pidió a Santiago que le perdonara. Santiago reflexionó un instante y le abrazó diciendo: «¡La paz sea contigo!» Y los dos fueron decapitados al mismo tiempo.

    Entonces, como dice la Divina Escritura, al ver Herodes que el acto de asesinar a Jacobo agradó a los judíos, intentó rematarlo con Pedro; lo hizo prisionero, y hubiera llevado a cabo el asesinato, de no haber sido por una manifestación divina, en la que un ángel se le apareció durante la noche y le sacó de las prisiones milagrosamente, libertándolo para el ministerio de la predicación. Así fue el plan divino para Pedro (Hch 12,4-17).

Fuente: ©Evangelizo.org


jueves, 15 de diciembre de 2016

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "¿Qué habéis ido a ver al desierto?"

TIEMPO DE ADVIENTO
JUEVES DE LA SEMANA III
15 de Diciembre

    Eusebio de Cesárea (c. 265-340), obispo, teólogo e historiador 
    Comentario sobre Isaías 40; PG 24, 365-368

“¿Qué habéis ido a ver al desierto?”

    “Voz del que clama en el desierto: Preparad una ruta al Señor, allanad los caminos de nuestro Dios” (Is 40,3). Esta palabra muestra claramente que los acontecimientos profetizados no se cumplieron en Jerusalén sino en el desierto. La gloria del Señor aparecerá en el desierto. Allí todo el mundo conocerá la salvación de Dios (cf Is 40,5). Esto es lo que aconteció realmente, literalmente cuando Juan Bautista proclamó en el desierto del Jordán que la salvación de Dios se iba a manifestar. Ahí apareció la salvación de Dios. En efecto, Cristo en su gloria se dio a conocer a todos cuando fue bautizado en el Jordán...

    El profeta hablaba de esta manera porque Dios tenía que residir en el desierto, este desierto que es inaccesible al mundo. Todas las naciones paganas eran desiertos del conocimiento de Dios, inaccesibles a los justos y a los profetas de Dios. Por esto, la voz clama para preparar el camino a la Palabra de Dios, de allanar la ruta inaccesible y pedregosa para que nuestro Dios que viene a habitar entre nosotros pueda avanzar por ella...

    “Súbete a un monte elevado, mensajero de Sión; alza tu voz con brío, mensajero de Jerusalén...” (Is 40,9) ¿Quién es esta Sión,...la que los antiguos llamaron Jerusalén?... ¿No es, más bien, una manera de designar al grupo de los apóstoles, escogidos de entre el pueblo? No es la que le tocó en herencia la salvación de Dios,...ella misma, situada en lo alto de la montaña, es decir, fundada sobre el Verbo único de Dios? A ella encomienda...anunciar a todos los hombres la Buena Noticia de la salvación.

Fuente: ©Evangelizo.org