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miércoles, 13 de marzo de 2019

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO 



  El libro. En el momento en que la experiencia y la reflexión se constituyen en fuente de conocimiento y enseñanza, se siembra la semilla de la crítica. Esto sucedió en Israel bajo la palabra de los profetas (Is 29,14; Jr 8,9), que era crítica desde fuera. Pero sucedió también desde dentro, desde el seno de esa venerable tradición sapiencial. Qohelet y Job son los dos exponentes máximos de esa crítica interior al ejercicio de la sabiduría, dos momentos de un proceso dialéctico. Qohelet se ha formado en una escuela y tradición sapienciales. Conoce las enseñanzas tradicionales. Cita proverbios viejos o fabrica otros semejantes que le pueden acreditar el título de maestro. No ha conseguido por ellos fama imperecedera, sino por su inconformismo consecuente y honrado. Paradójicamente, Qohelet, que niega la supervivencia del hombre, tiene fama inmortal. En la mente tormentosa del autor, rebelde sin violencia, contestador sin arrogancia, la sabiduría entra en conflicto consigo misma. Y esto de modo entrañable, apasionado, si pudiéramos hablar de pasión fría. ECLESIASTÉS (QOHELET) ECLESIASTÉS 1366 Qohelet quiere comprender el sentido de la vida, da vueltas en torno a ella –como el viento de 1,6– y se estrella siempre en el muro de la muerte, que le lleva a acuñar la frase que le ha hecho inmortal, y con la que comienza sus reflexiones: «Pura ilusión… pura ilusión, todo es una ilusión» (1,2). En algunos momentos le parece que la muerte aniquila por adelantado todos los valores de la vida, y comenta con ironía amarga, desoladamente: «los vivos saben… que han de morir, los muertos no saben nada»; otras veces, con más lucidez, comprende que la muerte relativiza simplemente los valores de la vida. Pero, al mismo tiempo, la muerte exige, impone, el aprovechamiento de la vida no para realizar obras inmortales que, si sobreviven al autor, de nada le aprovechan muerto, sino para acertar con el ritmo menudo y humilde de la tarea y disfrute cotidianos. El «Eclesiastés» no es pesimista, sino realista. En él, la sabiduría se apea, llega al borde del fracaso; así encuentra su límite y se salva, barruntando un horizonte trascendente que dé sentido al sinsentido de la vida humana. Otros escritos de la Biblia comenzarán donde termina el Eclesiastés. El libro es para ser leído lentamente, despacio y con pausas, hasta que sus peticiones estilísticas y temáticas se conviertan en resonancias internas del lector. En ese momento, el de la resonancia interna, comienza de verdad la comprensión y madura el disfrute. 

  El autor. El autor anónimo que vivió probablemente después del destierro, entre el siglo IV y III a.C., se presenta bajo el nombre genérico de «Qohelet», término misterioso que parece aludir al sabio o al maestro que va desgranando sus reflexiones ante una asamblea. El nombre ha llegado hasta nosotros en su traducción griega de «Eclesiastés», traducido a su vez en nuestras lenguas, quizás incorrectamente, por «El predicador». Imposible averiguar cómo compuso el autor su obra. Puestos a ilustrar su aspecto, escogeríamos el modelo de un diario de reflexiones. Tienen algo de líricas estas páginas; un lirismo que se intensifica en algunos momentos. Escribe un libro brevísimo, y aun del valor de sus palabras no está seguro: «Cuantas más palabras, más vanidad». ¿Hay autor menos dogmático en el Antiguo Testamento que este enigmático Eclesiastés? Su lucha es contra la teología que ignora la realidad de la experiencia humana, presentando así el lado escéptico de la sabiduría convencional.


miércoles, 6 de marzo de 2019

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO 


  Tema del Cantar. Un único tema recorre todo el poema del Cantar de los Cantares (o el «supremo cantar»): el amor de marido y mujer, el misterioso descubrimiento del otro, a quien darse sin perderse, realizando la plenitud de la unión en la fuerza creadora, en el poder fecundo del momento eterno. De esto nos habla este brevísimo libro de canciones para una boda, diálogo de novios recordando y esperando, de amantes que se buscan, cantan su amor, se unen, se vuelven a separar, superan las dificultades para unirse definitivamente. Durante la semana que sigue a la boda los novios son rey y reina; si él es Salomón, ella es Sulamita, si él es «pastor de azucenas», ella es «princesa de los jardines». Son canciones con dos protagonistas por igual. Él y ella, sin nombre declarado, son todas las parejas del mundo que repiten el milagro del amor. El amor del Cantar Bíblico cree en el cuerpo, contempla extasiado el cuerpo del amado y de la amada, y lo canta y lo desea. Lo contempla CANTAR DE LOS CANTARES CANTAR DE LOS CANTARES 1236 como cifra y suma de bellezas naturales: montañas, árboles, animales. La belleza total y multiforme de la creación reside en el cuerpo cantado: gacelas, gamos, cervatillos, palomas y cuervos, granadas y azucenas, palmeras y cedros, los montes del Líbano; también la belleza que fabrica el ser humano: joyas y copas, columnas y torres. Es un amor que rubrica y proclama que todas las criaturas que salieron de la mano del Creador son buenas, sobre todo el hombre y la mujer. El amor de este libro todavía tiene resquicios de temor y dolor: raposas que destrozan, sorpresas nocturnas, llamadas en vano, búsquedas sin encuentro, las dos obscuridades del Abismo y de la Muerte…Todavía no es perfecto. Pero precisamente en su límite nos descubre un amor sin límites, sin sombra ni recuerdo de temor, la plenitud de amar a Dios y a todo en él. 

  Autor y estilo literario. Nada cierto sabemos sobre el autor o autores de las canciones o sobre el recopilador de la colección. La leyenda dice que su autor es Salomón y que lo compuso para su boda con una princesa egipcia, pero no pasa de ser una leyenda. Una ingeniosa y fantástica teoría dice que Salomón compuso el Cantar en su juventud, ya maduro los Proverbios, de viejo el Eclesiastés. El estilo del Cantar se adapta al tema: es rico en imágenes y comparaciones, se complace en expresiones de doble sentido como corresponde al lenguaje erótico. Cuida mucho la sonoridad, pues los poemas se cantaban o recitaban. ¿Tiene una unidad y una progresión el libro? ¿Dónde comienza una escena y acaba otra? Imposible saberlo. Quien lea detenidamente el texto observará repeticiones de palabras y estribillos, pasará de un escenario a otro: del interior del palacio al campo abierto, por ejemplo. La luz y los colores, los sonidos y los olores, las metáforas y las comparaciones, la naturaleza y la historia, lo cotidiano y lo exótico, todo este arco iris de géneros literarios está al servicio de una intención: cantar al amor.

 ¿Qué amor canta el Cantar? ¿Cómo este libro, franco y atrevido, sobre el amor humano entró a formar parte de la Biblia como palabra inspirada de Dios? Porque de eso trata, del amor humano pura y simplemente. Esto hizo que el Cantar encontrara dificultades en la tradición judía para ser admitido como libro santo y que tuviera que ser defendido como tal en la famosa «Asamblea de Yamnia» (entre los años noventa y cien de nuestra era). El rabino Aquibá dijo en aquella ocasión: «el mundo entero no es digno del día en que fue dado a Israel el Cantar de los Cantares, ya que los hagiógrafos son santos, pero el Cantar de los Cantares es santísimo» (Yad III,5). Puesto que el Cantar se prestaba a usos profanos, tuvo que «ser interpretado» para ser recibido en la Biblia. Así es cómo comenzó la interpretación «alegórica», que de la tradición judía pasó a la tradición cristiana: el Cantar habla del amor, sí, pero de Dios (el esposo) a Israel (su esposa). En el cristianismo los interlocutores serían Cristo y la Iglesia, Cristo y el alma, el Espíritu Santo y María. Se llegó incluso a decir que el libro propone un auténtico itinerario místico que finaliza en el matrimonio espiritual del alma con Dios a la manera del eros platónico. Aunque sin negarla, hoy día no tenemos que recurrir a la alegoría para justificar la inspiración divina de estas canciones de amor. Antes que la lectura alegórica del libro está el sentido literal, y este sentido es ya teológico, y es el que nos llevará a una lectura superior de carácter alegórico ¿No es el amor humano digno de ser Palabra de Dios? El amor que procede de Dios nos lleva a Dios que es Amor. Si el amor del Cantar, sin perder nada de su intensidad, pudiera abarcar y abrazar a todos, ese amor sería la más alta encarnación del amor de Dios.


miércoles, 27 de febrero de 2019

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO 



  El libro. El breve libro de Rut –de sólo siete páginas en esta edición–, está considerado como una de las obras maestras de la narrativa hebrea. El escenario geográfico es elemental: la región de Moab aparece en la introducción y pasa pronto a una lejanía recordada, el resto se desenvuelve en la aldea de Belén. En cuanto al tiempo, todo sucede en un día, una noche y una mañana, saltando tiempos intermedios. Ni la sustentación narrativa está desarrollada ni los personajes son analizados. Muchas circunstancias se suponen conocidas de los lectores. El patetismo se concentra en algunas frases y unas pocas lágrimas, el júbilo estalla en breves felicitaciones. Todo el relato discurre bajo el signo de la contención; pero la sencillez es uno de los atractivos del relato. El autor construye sabia y discretamente su relato. Se puede reducir a cuatro escenas centrales con su respectivo cortejo de preparación, de - senlace parcial y pasajes de enlace. La sucesión de las escenas es lineal, en sugerente alternancia: no sería difícil transformar la narración en un drama de cuatro actos. RUT RUT 676 

  Autor, fecha y valor histórico. No conocemos al autor ni tenemos medios para adivinarlo. Tampoco sabemos con certeza la fecha de composición. Algunos indicios hacen pensar en una fecha tardía, otros en un origen antiguo. La historia se sitúa en el pasado, en tiempos de los jueces: puede ser el modo de hablar durante la monarquía o bien un intento de enlazar con el pasado remoto un presente en que ya no hay monarquía. El interés por David, su patria y su tribu, puede ser recuerdo nostálgico en tiempos de desolación y de esperanza. La actitud frente a matrimonios con extranjeras es liberal, como en textos antiguos; o bien puede ser polémica frente a la reforma de Esdras y Nehemías. El análisis interno del libro no permite su datación, aunque entre los comentaristas actuales, predomina la datación tardía, post-exílica, que define el sentido. La misma incertidumbre se extiende al valor histórico, aunque la mayoría de los expertos lo consideran hoy un relato de ficción. 

  Lectura religiosa del libro. A primera vista, el libro de Rut es un hermoso cuento que narra la vida doméstica de dos mujeres. Este libro se mueve de la tristeza a la alegría, de la angustia a la esperan za, del de - samparo a la protección, y de la escasez a la abundancia. Rut y Noemí como personajes principales, emergen con la fortaleza de la amistad/amor en la narración, para poder vencer todos los obstáculos que se les presentan. El libro comienza con una hambruna generalizada, muerte inesperada de todos los hombres de una familia, expatriación, incertidumbre, «abandono» de parte de Dios y soledad de unas viudas desamparadas en medio de una cultura machista. Después que el autor nos dramatiza esta historia con tantas calamidades, nos presenta el valor, la creatividad, la fortaleza y fidelidad de estas dos mujeres que saben amarse y solidarizarse para descubrir la presencia de Dios en medio de sus tragedias. A pesar de que Noemí y Rut son dos mujeres de fe, que con fían plenamente en Dios, el Señor «interviene» solamente dos veces en todo el relato. En 1,6 Noemí ha escuchado que Dios se ha compadecido de su pueblo y ha puesto fin a la época de hambre. En 4,13 Dios bendice a Rut al darle un hijo. En el resto de la narración Dios está en «silencio», no se comunica a través de sueños, no envía a sus ángeles para aliviar necesidades, tampoco se nos narra ningún ser celestial que anuncie profecías. La audiencia es invitada a descubrir la presencia callada de Dios, que provee pan/sustento, que engendra vida, que bendice la tierra, que manda la lluvia, que multiplica las cosechas, y que suscita un redentor –Booz– para hacer justicia a las mujeres viudas. Al final de la narración la audiencia tendrá que descubrir que Dios esta «detrás» de cada evento, solidarizándose con las personas pobres, marginadas, extranjeras y viudas. El libro, sin embargo, puede también ser leído como parábola del destierro y la repatriación. Apoyándose en el esquema: emigración a Moab–vuelta a Belén. Noemí podría representar a la comunidad judía, antes madre fecunda, ahora viuda y sin hijos; antes, hermosa y feliz, ahora desgraciada, desterrada y volviendo vacía; y con todo, puede esperar un futuro dichoso de fecundidad en su tierra, pues todavía la comunidad del Señor es fecunda, todavía la tierra dará sus frutos. Todavía se espera a un nuevo David que entronca con Jesé y hunde sus raíces en Belén de Judá. De ahí es fácil dar el salto a la escatología realizada: Belén, patria de Jesús el Mesías. Así lo han visto la liturgia y los Santos Padres. Pero también la historia de Rut y Noemí nos muestra el proceso de lucha que realizan estas dos mujeres hasta obtener sus derechos, aún más allá de lo que la ley exigía. En este contexto, nuestro pueblo afro-indiolatinoamericano que al igual que Rut y Noemí pasa hambre, tiene que emigrar a otros países, ser dispersado por los sistemas de muerte del imperialismo, perder su identidad cultural… puede encontar en este libro las esperanzas y las fuerzas para creer en el Dios de la Vida, en el Dios de Jesús, de Rut y Noemí, que aunque parezca que guarda silencio, va transformando la historia.


miércoles, 20 de febrero de 2019

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO 





  Forma del libro. Es la obra más típica del cuerpo sapiencial. Bajo el nombre genérico de «meshalim» –proverbios– acoge un conjunto de colecciones de enigmas, sentencias, aforismos, refranes, adagios e instrucciones de carácter ético y moralizante a través de los cuales se transmite una sabiduría popular acumulada durante siglos. Su presentación estimula el esfuerzo de comprensión del oyente o del lector: brevedad, carácter incisivo o enigmático y forma rítmica, al mismo tiempo que facilidad de retención en la memoria. Las doctrinas o enseñanzas de esta antología tienen dos ejes principales, cada uno con dos polos opuestos: «sensato-necio» y «honrado-malvado». Los términos no son precisos: en el primero pueden entrar dotes naturales de inteligencia y perspicacia, conocimientos adquiridos o destreza en el obrar. Lo mismo podemos decir del segundo eje, que puede referirse a la integridad, la justicia o la inocencia. Estos dos ejes se cruzan, porque la sensatez tiene algo de ético, mientras que la maldad se considera insensata.

  Época de composición y autoría del libro. Por su carácter anónimo y el tamaño minúsculo de sus unidades es imposible datar los proverbios. Su composición puede abarcar varios siglos. El prólogo y el epílogo serían obra del recopilador final y, por tanto, posteriores a las otras colecciones. Que Salomón diera impulso a esta corriente de proverbios puede ser realidad o pura leyenda. En realidad, el libro salta las fronteras y las épocas.

  Mensaje de los Proverbios. La sensatez es una actividad artesana, atribuida al Dios creador y ofrecida al ser humano para que sea el artífice de su existencia, para que aprenda el sentido de la vida y dé sentido a su propia vida. Para ello, el joven inexperto necesita el apoyo de la experiencia ajena, plural y compartida, que cuaja en refranes, máximas y aforismos; algunos son propios de escuelas de maestros, otros, entregados a la libre circulación ciudadana. Dios está presente en este mundo sapiencial y ético de los Proverbios: posee la sabiduría y concede la sensatez al ser humano; con su aprobación y reprobación consolida el mundo ético. De una «sabiduría a ras de tierra», el libro va ganando en altura hasta colocar en 8,22-31 a la Sabiduría personificada en la esfera celeste de sus orígenes. Aunque no es Dios ni una divinidad, procede de Dios y precede al mundo; posterior a Dios y anterior al universo, inferior a Dios y superior al mundo. El poeta la presenta como personaje que nace, aprende, actúa. No se sigue que el poeta se refiera a un ser personal existente fuera del poema, pero con el correr del tiempo esa «sabiduría» tendrá un nombre, Jesucristo, «Sabiduría de Dios», como lo llama San Pablo (1 Cor 1,24).



miércoles, 13 de febrero de 2019

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO


El libro

    El libro de Job es un drama con muy poca acción pero con mucha pasión. Es la pasión que un autor genial, anticonformista, ha infundido en su protagonista. Disconforme con la doctrina tradicional de la retribución, ha opuesto a un principio un hecho, a una idea un hombre. Ya el salmo 73 (72) había opuesto la experiencia a la teoría de la retribución, y había encontrado la respuesta al entrar «en el misterio de Dios». 
    Nuestro autor extrema el caso: hace sufrir a su protagonista inocente, para que su grito brote «desde lo hondo». La pasión o el sufrimiento de Job enciende la pasión de su búsqueda y de su lenguaje; ante ella se van estrellando las olas concéntricas de los tres amigos, que repiten con variaciones y sin cansarse la doctrina tradicional de la retribución: el sufrimiento es consecuencia del pecado. 
    La acción es sencillísima: entre un prólogo y un epílogo, cuyas escenas se desarrollan en el cielo y en la tierra, se desenvuelven cuatro tandas de diálogo. Por tres veces habla cada uno de los amigos y Job responde; la cuarta vez Job dialoga a solas con Dios. En los diálogos con los amigos, más que un debate intelectual se produce una tensión de planos o direcciones: los amigos defienden la justicia de Dios como juez imparcial que premia a buenos y castiga a malos; a Job no le interesa esa justicia de Dios, que desmiente su propia experiencia, y apela a un juicio o pleito con Dios mismo, en el que aparecerá la justicia del hombre; por llegar a este pleito y por probar su inocencia frente a Dios, Job arriesga su propia vida. Dios, como instancia suprema, zanja la disputa entre Job y sus amigos; como parte interpelada, responde y pregunta a Job para encaminarlo hacia su misterio.

Dios y el ser humano en el libro de Job 

    A través de los diálogos, del hombre bueno convencional, que da gracias a Dios porque todo le sale bien, surge un hombre profundo, capaz de asumir y representar la humanidad doliente que busca audazmente a Dios. De un Dios sabido y hasta encasillado surge un Dios imprevisible, difícil y misterioso. En el espacio de un solo libro, nuestro conocimiento de Dios, del ser humano y de sus relaciones ha crecido. Porque Job, como otro Jacob en su visión nocturna, ha luchado con Dios; porque el autor ha empeñado su genio literario y religioso en sacudir viejos esquemas explorando en profundidad.  
    El libro de Job es un libro singularmente moderno, provocativo, no apto para conformistas. Es difícil leerlo sin sentirse interpelado y es difícil comprenderlo si no se toma partido. El autor es un genio anónimo, que vivió probablemente después del destierro, que se ha alimentado en el rezo de los Salmos y ha conocido la obra de Jeremías y Ezequiel.
    La sacra representación de Job es demasiado poderosa como para admitir lectores indiferentes, sean de ayer o de hoy. El que no entre en la acción con sus preguntas y respuestas internas, el que no tome partido apasionado, no comprenderá el drama; pero si entra y toma partido, se hallará bajo la mirada de Dios, sometido a prueba por la representación del drama eterno del hombre Job.


Significado del libro de Job 

    El problema del sufrimiento del inocente. Este tema importante constituye la sustancia del debate entre Job y sus amigos. El sufrimiento, dicen ellos, es el castigo que produce el pecado (4,7; 8,20; 11,4-6; 22,4s). Cuando Job, basado en su propia experiencia, rechaza semejante aseveración, los amigos responden que todos los humanos son pecadores (14,1-4; 15, 14; 25,4-6). Niegan la posibilidad de que exista alguien que sufra siendo inocente. 
    La situación, sin embargo, es más complicada y da paso a otras respuestas. El sufrimiento es un misterio, y nosotros no podemos comprender los caminos de Dios (11,7-10; 15,8s.28; 42,3). El sufrimiento es el método utilizado por Dios para imponernos disciplina y hacernos mejores (5,17s; 36,15). El sufrimiento es permitido por Dios para probar la virtud de los justos (1–2). Todas estas respuestas nos permiten salvaguardar tanto la justicia divina como la inocencia humana. 
    Sin embargo, por más dominante que aparezca el tema, no parece que sea éste el propósito principal del libro. Por una parte, nosotros los lectores conocemos desde el principio la respuesta al caso que Job plantea: sus sufrimientos son una prueba (1,9). Por otra, el problema no tiene respuesta en el contexto del libro. Si la finalidad del escrito fuera solamente ésta, podríamos considerar el libro como un fracaso.


El misterio del sufrimiento y la relación con Dios. 

    Un primer enfoque nos lleva a ver el sufrimiento como un problema que debe ser tratado a nivel intelectual. Un problema es algo que está ahí, frente a nosotros. Podemos ver todos sus componentes, todas sus dimensiones. La cuestión consiste en poner todas las piezas juntas, en dar un sentido a ese rompecabezas. Por el contrario, el misterio es una situación en la que «yo», en tanto que persona humana irrepetible y única, me encuentro tan sumergido que no puedo distanciarme de él lo suficiente como para contemplarlo «ahí, fuera de mí». El amor es un misterio, como lo es la muerte, como lo es el sufrimiento. Los problemas están para ser resueltos; los misterios son para ser vividos, y vividos en relación con otros. 
    La pena más grande de Job surge de la confusión acerca de su relación con Dios. ¿Es Dios realmente su enemigo? (13,24). Desde esta perspectiva, los discursos del Señor ofrecen realmente una respuesta. El mero hecho de que el Señor responda muestra claramente que ha estado presente, escuchando todo el tiempo, es decir, manteniendo y afirmando una relación. Job no sabrá nunca el por qué de sus sufrimientos, pero sabe que no está solo, y esto le da la fuerza para sobrellevar la lucha. Y así, el punto de mira del libro es menos un problema de teología y más un misterio de fe: nuestra relación existencial con Dios. 


Job ha hablado de mí con rectitud

    Esta poderosa e irónica afirmación del Señor (42,7s) nos hace descubrir otro aspecto. A lo largo de todo el libro, la clave ha sido lo que Job iba a decir en medio de la adversidad. ¿Blasfemará flagrantemente contra Dios como había predicho dos veces Satán? (1,11; 2,5). ¡No! 
    Job acusa a sus amigos de hablar falsamente de Dios (13,7-9), mientras que él se niega a callar (7,11; 10,1; 13,13; 27,4) hasta que no haya terminado todo lo que tiene que decir (31,35). Para contrarrestar los dos desafíos de Satán en el prólogo, el Señor afirma dos veces en el epílogo que Job ha hablado rectamente de Él (42,7s). ¿Cómo debe entenderse «rectamente»? Gramaticalmente, la palabra puede emplearse como adverbio («de manera correcta») o como nombre («cosas justas»).  
    El sentido del texto se extiende a ambos significados. En primer lugar, Job ha hablado de manera adecuada. Se ha lamentado, ha discutido, ha rezado, se ha mostrado desafiante con Dios. A pesar de la constante presión en contra, ha mantenido enérgicamente la integridad de su experiencia, pues era ya lo único que le quedaba. A Dios no se le sirve con mentiras, aunque sean bien intencionadas (13,7-9). Job conoce instintivamente que toda sana relación con Dios sólo puede basarse en la verdad. 
    Pero, en segundo lugar, Job ha hablado también las «cosas justas», es decir, ha sido capaz de intuir y afirmar la presencia de un misterio. Dios y nuestra relación con Él son realidades demasiado grandes y profundas como para ser reducidas o abarcadas por razonamientos intelectuales. Los discursos del Señor (38–41) lo han dejado meridianamente claro. Y Job, envuelto en la experiencia del misterio, ha dejado espacio para la libertad de Dios. 
    Los amigos, por el contrario, no han percibido el misterio, por eso han falsificado tanto a Dios como a Job. Han caído en el perenne peligro de muchas personas seudo-religiosas de ayer y de hoy: buscar todas las referencias de Dios en el pasado, sin comprender que el Dios bíblico nos está siempre sorprendiendo e impulsándonos hacia la novedad del futuro (cfr. Gn 12,1-3). 
    Es en esa frontera misteriosa de la novedad y de la sorpresa donde Dios esperaba a su amigo y su amigo no le ha fallado. Job ha hablado de su experiencia personal (la del misterio) con sinceridad y rectitud, y justamente por eso, ha sido capaz de hablar de Dios de la misma manera. En definitiva, Job se ha portado como un hombre de fe; sus amigos no han pasado de ser personas superficialmente pías.


El significado de la amistad

    Una dimensión final del libro es el rol y la función de la amistad. En primer lugar, está el ejemplo negativo de los amigos. Movidos por una genuina simpatía, dejan sus tierras lejanas y vienen para estar junto a Job. Viendo al amigo en aquellas condiciones, se sientan junto a él en afligido (y sabio, 13,5) silencio. Pero tan pronto como Job comienza a hablar, sus palabras resultaron tan ofensivas que sus amigos brincaron para salir en defensa de Dios. Cabe la pregunta: ¿para defender a Dios, o a sus preconcebidas y atildadas ideas acerca de Dios? 
    Aun en las más extremas condiciones, un amigo debe lealtad a sus amigos (6,14). Job se lamenta de no encontrarla en los suyos (6,13-27), por eso suspira por alguien en quien apoyarse: primero, un árbitro imparcial (9,33); después, un mediador (16,19); por último, un vindicador (19,25). Pero no cuenta con nadie; «me he vuelto hermano de los chacales y compañero de los avestruces» (30,29).  
    Por el contrario, Job se ha portado siempre como un amigo con los necesitados y los oprimidos y ha enjugado las penas de los otros (30,24s). Sofar le había dicho antes que se arrepintiera; y así alcanzaría la prosperidad y los otros vendrían a él pidiendo su intercesión (19,11). Al final (42,7-9), son sus tres amigos los que piden a Job que interceda por ellos, y éste, fiel a la amistad, lo hace y evita así el castigo que tenían merecido. 
    La verdadera importancia de libro de Job es la experiencia humana que nos relata y que nos transmite desde aquellos tiempos remotos. En la persona de Job podemos ver reflejados nuestros momentos de sufrimientos, duda y confusión. Pero la ventaja que tenemos sobre nuestro héroe es que nosotros contamos con un amigo: el autor del libro, por cuya boca habla el verdadero amigo que estará siempre a nuestro lado y cuya lealtad no fallará nunca, Dios. La voz del autor, eco de la voz de Dios, forma ya parte de la sabiduría que hemos recibido de las «generaciones pasadas» (8,8). Si nosotros nos rendimos a las «ortodoxias» de nuestros días, habremos falsificado nuestra experiencia y falseado también a Dios, y a Dios no se le sirve con mentiras (13,6-9).

miércoles, 30 de enero de 2019

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO


Los salmos son la oración de Israel

    Son la expresión de la experiencia humana vuelta hacia Dios. Son expresión de la vida de un pueblo seducido por Dios. La tradición atribuye muchos de ellos al rey David, y algunos a Córaj y a Asaf; pero esto es sólo una cuestión convencional. Una cadena anónima de poetas, a lo largo de siglos, es la imagen más realista sobre los autores de estas piezas. 
    
    Como son variadas las circunstancias de la vida y lo fueron las de la historia, así surgieron, se repitieron y se afianzaron algunos tipos de salmos. Por eso resulta preferible una clasificación tipológica atendiendo al tema, los motivos, la composición y el estilo. 
    
    Los himnos cantan la alabanza y suelen ser comunitarios: su tema son las acciones de Dios en la creación y la historia. Muy cerca están las acciones de gracias por beneficios personales o colectivos: la salud recobrada, la inocencia reivindicada, una victoria conseguida, las cosechas del campo. De la necesidad brota la súplica, que es tan variada de temas como lo son las necesidades del individuo o la sociedad; el orante motiva su petición, como para convencer o mover a Dios. De la súplica se desprende a veces el acto de confianza, basado en experiencias pasadas o en la simple promesa de Dios. 
    
    Los salmos reales se ocupan de diversos aspectos, que llegan a componer una imagen diferenciada del rey: batallas, administración de la justicia, boda, coronación, elección de la dinastía, y hay un momento en que estos salmos empiezan a cargarse de expectación mesiánica. Otro grupo canta y aclama el reinado del Señor, para una justicia universal. 
    
    El pecador confiesa su pecado y pide perdón en salmos penitenciales, o bien el grupo celebra una liturgia penitencial. Hay salmos para diversas ocasiones litúrgicas, peregrinaciones y otras fiestas. Otros se pueden llamar meditaciones, que versan sobre la vida humana o sobre la historia de Israel. Y los hay que no se dejan clasificar o que rompen el molde riguroso de la convención. 
    
    Los salmos se compusieron para su uso repetido: no los agota el primer individuo que los compone o encarga, ni la primera experiencia histórica del pueblo. Como realidades literarias, quedan disponibles para nuevas significaciones, con los símbolos capaces de desplegarse en nuevas circunstancias. A veces un retoque, una adición los adapta al nuevo momento; en otros casos basta cambiar la clave. 
    
    Por esta razón los salmos se conservaron y coleccionaron. Sabemos que surgieron agrupaciones menores y que después se coleccionaron en cinco partes (como un pentateuco de oración): 2–41; 42–72; 73–89; 90–106; 107–150. En el proceso de coleccionar, la división y numeración sufrió menoscabo: algunos salmos están arbitrariamente cortados en dos (9–10; 42–43); otros aparecen duplicados, al menos en parte (70 y 40; 53 y 14). Se explica que en la tradición griega se haya impuesto otra numeración. Aquí daremos la numeración Hebrea, añadiendo entre paréntesis la grecolatina. 
    
    En general, el estilo de los salmos se distingue por su realismo e inmediatez, no disminuido por la riqueza de imágenes y símbolos elementales; sólo algunos fragmentos con símbolos de ascendencia mítica se salen del cuadro general. Es intensa la expresión sin caer jamás en sentimentalismo. El lirismo es más compartido que personal; en muchos casos podríamos hablar de planteamientos y desarrollos dramáticos. La sonoridad y el ritmo son factores importantes del estilo. No sabemos cómo se ejecutaban: muchos se cantaban, probablemente con solistas y coro unísono; algunos quizá se danzaban, otros se recitaban en marchas o procesiones; otros acompañarían ritos específicos. Algunas de las notas añadidas por los transmisores parecen referirse a la ejecución. Estas notas, que asignan una situación histórica o dan una instrucción litúrgica, no son originales, por eso han sido omitidas en el texto, aunque entren en la numeración admitida. 
    
    Los salmos son también oración privilegiada de la comunidad cristiana y del individuo aislado. Muchos fueron rezados por nuestro Señor Jesucristo, quien les dio la plenitud de sentido que podían transportar. La experiencia de Israel y del hombre pasan por Cristo y debe encontrar de nuevo expresión en estas oraciones; su lenguaje puede llegar a ser lenguaje del rezo cristiano. El libro de los salmos es un repertorio que suministra textos para diversas ocasiones y a diversos niveles; su lectura puede interesar, pero sólo rezados serán realmente comprendidos.

miércoles, 23 de enero de 2019

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO


El profeta y su época 

    Malaquías aparece en la Biblia como el último de los profetas, pero lo que nosotros tomamos por nombre propio es sólo un simple título, que significa «Mensajero del Señor». Aparece en 3,1 y de ahí pasó a 1,1 para encabezar algunas profecías anónimas. El autor es desconocido. Por algunos indicios del texto conjeturamos que es del s. V a.C., antes de la reforma de Esdras y Nehemías, entre el 480 y el 450 a.C. El templo está reconstruido y el culto funciona (1,10.12s), sacerdotes y levitas están organizados (2,3-9). 
    Desanimado el pueblo al ver que las antiguas promesas siguen sin cumplirse, cae en la apatía religiosa y en la desconfianza. Duda del amor del Señor y de su interés por el pueblo, lo cual repercute en el culto y en la ética. Es la impresión que nos deja el breve libro; pero no sabemos si sus rasgos diseñan el cuadro completo.


Mensaje religioso

    En un estilo directo y amenazador se enfrenta con los sacerdotes y levitas que degradan el culto al Señor en el templo, con ofrendas miserables que delatan la falta de disposición interior y la falsa relación que mantenían con Dios. Al igual que Ageo y el Cronista, nuestro profeta ve en la purificación del culto del templo la fuerza espiritual que devolvería la identidad a un pueblo pobre y sometido, y adelantaría la futura restauración mesiánica. 
    Es en ese futuro mesiánico donde Malaquías, o una adición posterior, contempla un sacrificio puro ofrecido a Dios más allá de Jerusalén y de de su templo: «en todo lugar me ofrecen sacrificios y ofrendas puras, porque mi fama es grande en las naciones» (1,11). Los antiguos cristianos y el Concilio de Trento lo entendieron como una profecía del sacrificio eucarístico de Cristo. 

miércoles, 16 de enero de 2019

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO


 Uno o dos Zacarías

    La mayoría de los comentaristas modernos distinguen dos partes en el libro (1–8 y 9–14), diversas por el contenido, estilo e intención. La primera se ocupa del templo, la segunda prescinde de él; la primera da mucha importancia a la actividad humana, la segunda sólo se fija en la acción de Dios; la primera estima mucho la profecía, la segunda asiste a su desaparición; la primera es libro de visiones, la segunda de oráculos; en la primera abundan los datos biográficos, en la segunda son escasos; en la primera abundan las fórmulas proféticas, en la segunda las apocalípticas. La primera parte recogería la predicación de Zacarías, contemporáneo de Ageo; la segunda sería obra de otro autor de época posterior.


Zacarías y su época

    Aparece citado, junto con Ageo, en Esdras 5,1 y 6,14, como inspirador de la reconstrucción del templo. Probablemente perteneció a una familia sacerdotal y, como tal, fue llamado desde muy joven al servicio del templo. Su actividad se extiende hasta diciembre del 518 a.C. Coincidió por poco tiempo con Ageo, con quien compartió los dos grandes temas de predicación, reconstrucción del templo y la restauración escatológica. 
    Sobre la época véase la introducción a Ageo. En cuanto al contexto histórico de la segunda parte del libro: Zacarías II (9–14), es muy difícil de precisar. Los nombres mencionados, tales como Asiria, Egipto, etc., más que referirse a una situación presente, evocan el pasado para resaltar que lo que Dios hizo con esos pueblos lo sigue y seguirá haciendo, como Señor de la historia, con otros pueblos.


Mensaje religioso 

    Zacarías se inserta conscientemente en la línea de los antiguos profetas (1,4), predica la conversión, inculca exigencias éticas, critica el culto sin justicia. Depende de Isaías II (2,10-17) y más de Ezequiel en procedimientos literarios. 
    Como para Ageo, también para Zacarías la reconstrucción del templo es garantía de la restauración de la era mesiánica. Este futuro mesiánico es descrito en la segunda parte del libro en un estilo visionario que está anticipando ya la literatura apocalíptica. Aunque difícil de entender para nosotros, este Zacarías II es el más citado en el Nuevo Testamento, cuyos autores vieron realizados en la pasión de Jesucristo el simbólico mensaje del profeta.

miércoles, 9 de enero de 2019

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO


El profeta y su época

    La actividad de Ageo registrada en el libro, se extiende desde agosto a diciembre del 520 a.C., bajo el reinado de Darío de Persia. El año 538 a.C. Ciro permitió a los judíos cautivos en Babilonia volver a su tierra. Un grupo bajo el mando de Sesbasar aprovechó la ocasión, animado quizás por las maravillosas promesas de Isaías II. Pocos años después, capitaneados por Zorobabel y por Josué como sumo sacerdote, regresó otra expedición de deportados. Pero la situación que encontraron fue lamentable: ciudades en ruinas, campos abandonados, murallas derruidas, el templo incendiado. 
    La predicación de Ageo deja entrever que entre los repatriados cundió el desánimo, de modo que se limitaron simplemente a sobrevivir: reconstruir sus viviendas y trabajar sus campos, descuidando la reconstrucción del templo y las ilusiones de independencia.
    Por otra parte, las relaciones entre los pocos judíos que permanecieron en la tierra y los regresados del exilio con comprensible complejo mesiánico, se deterioró rápidamente. Tampoco ayudaba el ambiente de revueltas y levantamientos en el imperio babilónico después de la muerte de Ciro, hasta que la mano férrea de Darío I impuso de nuevo una paz asegurada solamente por las armas.


Mensaje religioso

    La predicación de nuestro profeta gira en torno a dos temas: el templo y la irrupción de la era escatológica, el segundo condicionado por el primero. A diferencia de otros profetas, Ageo no se preocupa de problemas morales, sino del templo como lugar de la presencia del Señor en la tierra, y es esta presencia la que traerá la paz, de la mano de un elegido de Dios, de un rey de la estirpe de David. Estas esperanzas mesiánicas las recoge, de momento, Zorobabel, el restaurador del templo. 
    El horizonte mesiánico que abrió Ageo, se cumplió en Jesús de Nazaret. El oráculo de la presencia salvadora del Señor «Yo estoy con ustedes» (1,13), resonará en las palabras del resucitado: «Yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos» (Mt 20,28). Y esta presencia tendrá un nuevo templo: su cuerpo muerto y resucitado: «Derriben este santuario y en tres días lo reconstruiré… pero él se refería al santuario de su cuerpo» (Jn 2,19.21).

miércoles, 2 de enero de 2019

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO


El profeta y su época

    Sofonías es un profeta del reinado de Josías, y Josías es una paradoja en el plan histórico de Dios. Después de los tristes años de decadencia religiosa bajo el reinado de Manasés (698-643 a.C.), Josías es el gran restaurador y continuador de las reformas religiosas de su bisabuelo Ezequías. Luchó eficazmente contra nigromantes y adivinos, proscribió el culto en santuarios locales para centralizarlo exclusivamente en Jerusalén, desarraigó los restos de la idolatría, luchó contra el influjo asirio, promovió con su ejemplo una nueva observancia religiosa, logró ensanchar el reino hacia el norte en territorio del destruido reino de Israel. 
    Semejante rey tenía todas las garantías para asegurar la prosperidad suya y de su reino. Pero, ¿qué sucedió? Que el rey, intentando detener las tropas del faraón que corrían en auxilio de Asiria, fue muerto en combate en Meguido; el pueblo, escandalizado por aquel aparente abandono de Dios, volvió a los pecados religiosos, al sincretismo pagano. Estaba a poca distancia de la catástrofe.    
    Sofonías colaboró con Josías (640-609 a.C.), denunciando las costumbres extranjeras, y predijo la destrucción de Nínive. Como profeta vive a la sombra de su gran contemporáneo Jeremías.


Mensaje religioso 

    El tema central de la predicación de Sofonías es el «día del Señor», un día de cólera que traerá la gran catástrofe sobre Jerusalén a causa de los pecados del pueblo. Es la respuesta de Dios a aquellos habitantes de la Ciudad Santa que piensan que «Dios no actúa ni bien ni mal» (1,12), es decir, que contempla pasivo e indiferente la rampante corrupción moral (1,1-18; 2,4-15). 
    Es esta maldad la que le lleva a Sofonías a penetrar, como ningún otro profeta, en el sentido y raíz última del pecado que se anida en el corazón de las personas; no los actos, sino sus motivaciones: la arrogancia (2,10), la falta de confianza en Dios (3,1), la fanfarronería y la deslealtad de sus profetas, el desprecio de la ley por los sacerdotes (3,2), la mentira (3,13). El pecado, en definitiva, es la ruptura de una alianza que había colocado al pueblo en una relación no jurídica, sino íntima y personal con Dios. Por eso, el «día de la cólera», será un día de borrón y cuenta nueva. 
    Pero la última palabra, como en los otros escritos proféticos, será un oráculo de restauración. Primero vendrá la gran purificación (3,9-13). De ella surgirá un «resto» de pobres y humildes, no constituido por la simple circuncisión física, sino por la conversión y la humilde fidelidad. Por eso también los paganos son llamados a incorporarse al servicio del Señor. El centro de reunión de los dispersos no es ya el monte de Sión en su materialidad, sino el «Nombre del Señor», refugio del pueblo humilde.


miércoles, 26 de diciembre de 2018

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO

El profeta y su época 

    Habacuc, profeta sin patria y sin apellido, vive y escribe en la misma época que Nahún. Su horizonte histórico está definido por dos grandes poderes: Asiria decadente y Babilonia renaciente. Asiria es el pescador de pueblos y su dios es su red; sucumbirá ante el nuevo imperio babilónico, águila guerrera cuyo dios es su fuerza. Los babilonios, de momento, hacen justicia, pero pueden seguir también el camino de la arrogancia y de la opresión. Entre los dos vive Israel, que puede convertirse en juguete de los imperios. Habacuc representa a su pueblo expectante. Son tiempos de opresión y violencias. Estamos en el decenio 622-612 a.C.


Mensaje religioso 

    Ningún profeta como Habacuc se ha asomado a la escena de las grandes potencias, preguntándose por la justicia de la historia, y se ha remontado desde ahí a contemplar y comprender la soberanía de Dios. No ha sido una comprensión fácil. A la atrevida pregunta del profeta «¿Hasta cuándo te gritaré: ¡Violencia!, sin que me salves?» (1,2), Dios parece no escuchar, y antes de responder se hace esperar. Dios mira como si no viese, o como si lo que ve no hiriera su vista.    
    Los interrogantes del profeta «¿hasta cuando?, ¿por qué?», se suceden a lo largo del libro, como haciéndose el portavoz de los lamentos de su pueblo, como el centinela que escudriña la historia tratando de descubrir un sentido y una esperanza que levante los ánimos de los decaídos y desesperados. Es una expectación que se transforma en oración y súplica. 
    Cuando le llega la respuesta profética, Habacuc recibe la orden: «escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido» (2,2). Pero la respuesta de Dios abre una nueva etapa de expectación. ¿Cuáles son los plazos en la cronología divina? 
    El profeta lanza, pues, al pueblo hacia un nuevo horizonte, más allá de las expectativas coyunturales del momento histórico. Es todavía tiempo de perseverancia, confianza y esperanza en el Señor, dueño de la historia. Dios vendrá, pero a su tiempo (2,3). Mientras tanto «el justo, por su fidelidad vivirá» (2,4). 
    Éste es el mensaje del profeta centinela de la historia, que retomará Pablo (Rom 1,17; Gál 3,11) y lo verá ya realizado en la esperanza de todos aquellos que creen que Jesús, con su muerte y resurrección ha llevado a cumplimiento definitivo el designio salvador de Dios.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO

El profeta y su época 

    De Nahún sabemos que nació en Elcas, pero no sabemos dónde está ubicado tal lugar. La época que refleja su libro es la de la caída del gran imperio opresor de naciones, «el león que hacía presas», Nínive, en el año 612 a.C., bajo el empuje de babilonios y medos. Es una fecha grande y terrible de la historia universal la que canta Nahún. Desaparece Asiria, retorna Babilonia y se anuncia una tercera potencia: Media. Describiendo con exaltada pasión la caída del imperio temido y odiado, Nahún canta también al Señor de la historia, que hace sonar su hora a los imperios. 

Estilo 

    Nahún es un magnífico poeta en tono mayor. Ninguno como él ha sabido evocar líricamente el asalto y conquista de una gran ciudad, el pánico, la agitación, los lamentos; ninguno se ha atrevido a acumular esa serie alucinante de sustantivos y adjetivos. Su técnica es de trazos breves yuxtapuestos, su descripción es impresionista y patética; de cuando en cuando irrumpe encarándose con los personajes. Las imágenes del león y de la langosta están bien desarrolladas, con rasgos originales. Un alarde de vocabulario selecto hace rico y difícil su verso. 

Mensaje religioso

    Todo el mensaje del libro se centra en el hecho de la caída del imperio odiado. Es comprensible que el que habla en nombre de las víctimas de Nínive, una de las potencias más sanguinarias y despóticas de entonces, lo haga en términos apasionados donde resuenan el rencor y el odio. Nahún, de todas formas, quiere hacer patente que el Señor de la historia no es indiferente a la opresión de los tiranos. Todo poderío político, basado en la violencia y la injusticia, tiene sus días contados.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO


Miqueas y su época

    Miqueas, que en hebreo significa «¿Quién como Dios?», nació en Moréset Gat, una aldea de Judá, donde las montañas centrales comienzan a descender hacia el mar, pueblo fronterizo a unos 45 kilómetros de Jerusalén. 
    La época de Miqueas en el tablero internacional contempla la subida y afirmación de Asiria, a la que Israel, como reino vasallo, comienza a pagar tributo hacia el año 743 a.C. Después vendrá la sublevación de Oseas (713-722 a.C.), último rey del norte, y la destrucción del reino. Nuestro profeta conoció la agonía de Samaría y la deportación en masa de habitantes a Nínive. Probablemente también conoció la invasión de Judá por Senaquerib (701 a.C.), que resuena en 1,8-16. Colaboraría seguramente, junto a Isaías, en la reforma esperanzadora que trajo el rey Ezequías (727-692 a.C.). 
    Los peligros de aquella época turbulenta no venían solamente del exterior. Dentro, la corrupción era rampante, sobre todo por la ambición de los gobernantes apoyados por los falsos profetas, la rapacidad de la clase sacerdotal, la avaricia de mercaderes y comerciantes. Los cultos idolátricos de los vecinos cananeos se habían infiltrado también en el pueblo. 
    Esta situación es la que recoge nuestro profeta en su obra, y también los otros escritores anónimos que intercalaron sus profecías en el libro bajo el nombre de Miqueas. Actualmente hay comentaristas que atribuyen el libro a dos o más autores, de épocas diversas. 


Mensaje religioso 

    Este profeta, venido de la aldea, encontró en la corte a otro profeta extraordinario, llamado Isaías, y al parecer recibió su influjo literario. Miqueas, no obstante, descuella por su estilo incisivo, a veces brutal, sus frases lapidarias y también por el modo como apura una imagen, en vez de solo apuntarla.
    Aunque su actividad profética se mueve en la línea de Isaías, Oseas y Amós, Miqueas descuella por la valentía de una denuncia sin paliativos, que le valió el título de «profeta de mal agüero». Nadie mejor que un campesino pobre, sin conexiones con el templo o con la corte, para sentirse libre en desenmascarar y poner en evidencia los vicios de una ciudad como Jerusalén que vivía ajena al peligro que se asechaba contra ella, en una ilusoria sensación de seguridad. 
    Afirma que el culto y los sacrificios del templo, si no se traducen en justicia social, están vacíos de sentido. Arremete contra los políticos y sus sobornos; contra los falsos profetas que predican a sueldo y adivinan por dinero; contra la rapacidad de los administradores de justicia; contra la avaricia y la acumulación injusta de riqueza de los mercaderes, a base de robar con balanzas trucadas y bolsas de pesas falsas. 
    Miqueas emplaza a toda una ciudad pecadora y corrompida ante el juicio y el inminente castigo de Dios. Sin embargo, y también en la línea de los grandes profetas de su tiempo, ve en lontananza la esperanza de la restauración del pueblo, gracias al poder y la misericordia de Dios. El Señor será el rey de un nuevo pueblo, «no mantendrá siempre la ira, porque ama la misericordia; volverá a compadecerse, destruirá nuestras culpas, arrojará al fondo del mar todos nuestros pecados» (7,18s).

Fuente: La BIBLIA de NUESTRO PUEBLO
Texto: LUIS ALONSO SCHÖKE

miércoles, 5 de diciembre de 2018

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO


Jonás, el antiprofeta

    Como quinto de los «profetas menores» encontramos a Jonás, el hombre que se empeña en hacer exactamente lo contrario de lo que debería hacer un profeta. 
    Entre una serie de poetas que escriben normalmente en verso, encontramos a este genial narrador que, salvo el vocabulario algo tardío, maneja la prosa como cualquiera de los mejores narradores clásicos hebreos. 
    Entre tantas profecías contra naciones determinadas o contra las naciones en general, encontramos a este Jonás que lleva consigo un mensaje de misericordia para el pueblo que es símbolo de crueldad, imperialismo, y agresión contra su propio pueblo, Israel. 
    Y entre una serie de profetas firmemente arraigados en la situación política y social, desfila este Jonás sin arraigo en tierra ni en mar, cuya anécdota con el gran pez, sirvió para que los cristianos encontrasen en ella una prefiguración del acontecimiento pascual de Jesús (Mt 12,39-41; 16,4; Mc 8,12; Lc 11,29.32). Así como Dios salvó al profeta del peligro mortal para salvar por medio de él a un pueblo gentil. Así también, Dios salvó a Cristo, no apartando el cáliz de la pasión, sino resucitándolo de la muerte, para salvar con su muerte y resurrección a todos los pueblos de la tierra. 


Mensaje religioso

    La parábola de Jonás nos ofrece una gran enseñanza, por medio de una ironía sostenida, que en un punto llega al sarcasmo, y concluye con una pregunta desafiante. Jonás es el antiprofeta que no quiere ir a donde el Señor le envía ni decir lo que le manda. Así resulta ser el malo, mientras que los buenos son primero los marinos paganos, después los ninivitas agresores. Jonás tiene que vérselas con los enemigos mitológicos: el mar y el cetáceo, y aprender que el Señor los controla y los somete a su servicio. Un minúsculo gusano y un modesto ricino dan una lección sapiencial al profeta recalcitrante. 
    La profecía, en la intención de Jonás es predicción categórica de castigo; en la intención de Dios, es amenaza condicionada; porque Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (Ez 18,23.32), y los paganos han escuchado la palabra extranjera (Ez 3,5-7), y se han convertido. 
    La ironía de todo el relato está en que precisamente Jonás, el «antiprofeta», resulta ser un «gran profeta» porque sabe e intuye, muy a su pesar, que todo el nacionalismo exclusivista del pueblo judío, que todos los castigos que ciernen sobre la cabeza de los enemigos de Israel, no son más que fabricaciones humanas, y que, en el fondo, el amor y la misericordia de Dios abarcan a todos los pueblos de la tierra. 
    El definitivo mensaje de Jonás, cuyo nombre suena en oídos hebreos a «Paloma hijo de Veraz» –el primer Colombo o Colón de la historia–, se puede resumir en una frase: si Nínive alcanza el perdón, ¿quién quedará excluido?

Fuente: La BIBLIA de NUESTRO PUEBLO
Texto: LUIS ALONSO SCHÖKE

miércoles, 28 de noviembre de 2018

EL CANON DE LA ESCRITURAS

ANTIGUO TESTAMENTO


    No sabemos quién es este profeta que se llama «Siervo del Señor» y que figura entre los Doce Profetas Menores con solo veinte versículos. Por la extensión habría que llamarle «profeta mínimo»; otros profetas anónimos del Antiguo Testamento han escrito más que él. Pero la extensión poco cuenta cuando el ser humano tiene algo que decir en Nombre de Dios. 
    Para comprender su breve profecía conviene recordar algunos datos: 
1. La relación entre el reino de Judá y el reino de Edom, que se remonta, según la tradición bíblica, a las relaciones entre los dos hermanos gemelos: Jacob y Esaú, antecesores de Judá y Edom. Según la bendición de Isaac (Gn 27), el segundo dominará al primero –la primogenitura comprada–. La situación geográfica muestra esta situación, pues mientras Judá o Jacob posee la zona montañosa, relativamente fértil, Edom o Esaú habita en la zona esteparia del sur. 
2. Históricamente, Edom vivió en relaciones de sumisión o rebeldía con Judá. A este reino le interesaba, por una parte, la ruta del sur con salida al golfo de Aqaba; por otra, codiciaba las ricas minas de aquel territorio. Saúl luchó contra los edomitas; David los sometió; Salomón reprimió una revuelta y consolidó el dominio meridional, que era un acceso a las minas y al puerto de Esión Gueber. 
    Al dividirse el reino, a la muerte de Salomón, los edomitas pudieron rebelarse y llevar una política independiente. Cuando Nabucodonosor invadió y arrasó Jerusalén, los edomitas apoyaron al invasor, sacaron partido de la derrota y se alegraron de ella. 

Mensaje religioso 

    Contra este último pecado se dirige la profecía presente; es decir, en una ocasión histórica muy concreta. Pero en el versículo 15 la profecía despega y se levanta a un panorama trascendente de «día del Señor», con mirada universal, «todas las naciones, todos los pueblos» (15s), y con un final de restauración. El profeta denuncia la espiral de violencia, la incapacidad de olvidar errores antiguos. Al pueblo derrotado y desterrado le ofrece un mensaje de esperanza.

Fuente: La BIBLIA de NUESTRO PUEBLO
Texto: LUIS ALONSO SCHÖKE