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domingo, 18 de noviembre de 2018

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "¡Hijo de David, ten piedad de mí!"

TIEMPO ORDINARIO
LUNES DE LA SEMANA XXXIII
19 de Noviembre

   Simeón el Nuevo Teólogo Obras: Abre mis ojos para que vea.

«¡Hijo de David, ten piedad de mí!» (Lc 18,38).

    Has oído, amigo mío, que el reino de Dios está dentro de ti, (Lc 16,21) así como todos los bienes eternos están en tu mano si quieres. Apresúrate, pues, a ver, a tomar y a recibir en ti los bienes que te están reservados… Gime, póstrate.

    Como en otro tiempo el ciego, di tú también hoy: “¡Ten piedad de mí, Hijo de David, y abre los ojos de mi alma para que vea la luz del mundo que eres tú, oh Dios mío!” (cf Jn 8,12) Así seré yo también hijo de esta luz divina. (Jn 12,36) ¡Oh clemente, envía el consolador sobre mí para que me enseñe (Jn 14,26) quien eres y lo que te pertenece, oh Dios del universo! Pon tu morada en mí, como lo has dicho, para que me haga digna de morar en ti. (Jn 15,4) Dame el saber entrar en ti y poseerte en mí. Oh invisible, dígnate tomar forma en mí para que, viendo tu belleza inasequible, lleve tu imagen en mí, oh celestial, y así olvide todas las cosas visibles. Dame la gloria que el Padre te dio (Jn 17,22), oh misericordioso, para que, semejante a ti como todos tus siervos, participe de tu vida divina según la gracia y que permanezca unido a ti, 
ahora y por los siglos sin fin.

martes, 8 de mayo de 2018

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Cuando venga, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena"

TIEMPO PASCUAL
MIÉRCOLES DE SEMANA VI
09 de Mayo

   Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022), monje griego Catequesis, 33; SC 113

Cuando venga, el Espíritu de la verdad, 
os guiará hasta la verdad plena

    La "llave del conocimiento"(Lc 11,52) no es otra cosa que la gracia del Espíritu Santo. Se da por la fe. Por la iluminación, produce realmente el conocimiento y hasta el conocimiento pleno. Despierta nuestro espíritu encerrado y oscurecido, a menudo con parábolas y símbolos, pero también con afirmaciones más claras... hechas atención en el sentido espiritual de la palabra. Si la llave no es buena, la puerta no se abre. Porque, dice el Buen Pastor, " es a él a quien el portero abre " (Jn 10,3). Pero si la puerta no se abre, nadie entra en la casa del Padre, porque Cristo dijo: "Nadie va al Padre sin pasar por mí" (Jn 14,6).
    Por tanto, es el Espíritu Santo, el primero, que despierta nuestro espíritu y nos enseña lo que concierne al Padre y el Hijo. Cristo nos dice esto también: "Cuando venga, él, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, dará testimonio en mi favor, y os guiará hacia la verdad plena" (Jn 15,26; 16,13). Ved cómo, por el Espíritu o más bien en el Espíritu, el Padre y el Hijo se dan a conocer, inseparablemente...
    Si se llama llave al Espíritu Santo, es porque, por él y en él primero, tenemos el espíritu iluminado. Una vez purificados, somos iluminados por la luz del conocimiento. Somos bautizados desde lo alto, recibimos un nuevo nacimiento y llegamos a ser hijos de Dios, como dice san Pablo: "El Espíritu Santo clama por nosotros con gemidos inefables" (Rm 8,26). Y todavía más: "Dios derramó su Espíritu en nuestros corazones que grita: ' Abba, Padre'" (Ga 4,6). Es pues él quien nos muestra la puerta, puerta que es luz, y la puerta nos enseña que, aquel que habita en la casa ,es él también luz inaccesible.

Fuente: ©Evangelizo.org

domingo, 1 de abril de 2018

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "He aquí que Jesús viene a su encuentro"

TIEMPO PASCUAL
LUNES DE LA OCTAVA DE PASCUA
02 de Abril

      Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022), monje griego Catequesis 13

“He aquí que Jesús viene a su encuentro”

    Son muchos los que creen en la resurrección de Jesús, pero son pocos los que tiene de ella una visión clara. ¿Y cómo los que no lo han visto pueden adorar a Cristo como a Santo y como a Señor? En efecto, está escrito: “Nadie puede decir ‘Jesús es el Señor’ si no es bajo la acción del Espíritu Santo” (1C 12,3), y también: “Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad” (Jn 4,24)… ¿Cómo es, pues, que el Espíritu Santo hoy [en la liturgia] nos mueve a decir: “Hemos visto la resurrección de Cristo. Adoremos al Santo, al Señor Jesús, al único sin pecado”? ¿Cómo nos invita a afirmarlo como si lo hubiéramos visto? Cristo ha resucitado una sola vez, hace mil años, y tampoco entonces nadie le vio resucitar. ¿Acaso la divina Escritura nos quiere hacer mentir?

    ¡Jamás de la vida! Al contrario, nos exhorta a ser testigos de la verdad, esta verdad en la que en cada uno de nosotros, sus fieles, se reproduce la resurrección de Cristo, y ello no sólo una vez, sino cuando, en cada hora por así decir, el Maestro en persona, Cristo, resucita en nosotros, vestido totalmente de blanco y fulgurante con los rayos de la incorruptibilidad y de la divinidad. Porque el luminoso acontecimiento del Espíritu nos hace entrever, igual que aquella mañana, la resurrección del Maestro, o más bien nos hace el favor de verle a él mismo, al mismo resucitado. Por eso cantamos: “El Señor es Dios, él nos ilumina” (sl 117,27), y aludiendo a su segunda venida, añadimos: “Bendito el que viene en nombre del Señor” (v 26). Es de manera del todo espiritual, por su mirada espiritual que se presenta y se hace ver. Y cuando, por obra del Espíritu Santo, esto se realiza en nosotros, él nos resucita de entre los muertos, nos vivifica y nos da de verle a él mismo, enteramente, viviendo en nosotros, él, el inmortal e imperecedero. Nos hace la gracia de poderle conocer claramente, a él que nos resucita con él y nos hace entrar con él en la gloria.

Fuente: ©Evangelizo.org

lunes, 30 de octubre de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "El Reino de Dios"

TIEMPO ORDINARIO
MARTES DE LA SEMANA XXX
31 de Octubre

     Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022), monje griego Himno 17

El Reino de Dios

    Te mostraré claramente que es aquí abajo adonde debes recibir plenamente el Reino de los cielos, si quieres penetrar en él también después de tu muerte. Escucha a Dios que te habla en parábolas « ¿Con qué comparar el Reino de los Cielos? Es semejante, escucha bien, al grano de mostaza que tomó un hombre y lo tiró en su jardín, y éste creció y, en verdad, se convirtió en un gran árbol.» Ese grano, es el Reino de los Cielos, es la gracia del Espíritu divino, y el jardín, es el corazón de cada hombre, allí adonde el que lo recibió esconde el Espíritu al fondo de sí mismo, en los repliegues de sus entrañas, para que nadie pueda verlo. Y lo guarda con todo su cuidado para que crezca, para que se convierta en un árbol y se levante hacia el cielo.

    Entonces, si tú dices: «No es aquí abajo, pero es después de la muerte que recibirán el Reino de los Cielos todos aquellos que lo habrán deseado con fervor», trastornas las palabras del Salvador nuestro Dios. Y si tú no tomas el grano, ese grano de mostaza, como él lo ha dicho, si tú no lo tiras en tu jardín, permaneces totalmente estéril. ¿En qué otro momento, sino ahora, recibirás la semilla?

    Aquí abajo es que recibes las arras, dice el Maestro; aquí abajo, recibes el sello. Desde aquí abajo enciende tu lámpara. Si eres prudente, es aquí abajo que me convierto para ti en la perla (Mt 13:45), es aquí abajo que soy tu trigo, y como un grano de mostaza. Es aquí abajo que me convierto para ti en levadura y que hago crecer la masa. Es aquí abajo que yo soy para ti como el agua y me convierto en el fuego suavizante. Es aquí abajo que me convierto en tu ropa y tu comida y toda tu bebida, si tú lo deseas. Es eso lo que dice el Maestro. « Si de esta manera, desde aquí abajo me reconoces, allá también me poseerás inefablemente, y me convertiré en todo para ti.»

Fuente: ©Evangelizo.org


miércoles, 11 de octubre de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?"

TIEMPO ORDINARIO
JUEVES DE LA SEMANA XXVII
12 de Octubre

     Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022), monje griego Himnos, nº 29

«¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará
 el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

    ¿De dónde vienes? ¿Cómo penetras,
quiero decir en el interior de mi celda,
cerrada por todas partes?
Esto es, efectivamente, extraño,
sobrepasa la palabra y el pensamiento.
Pero ¡que tú vengas a mí,
de repente todo entero y brilles,
que te dejes ver en forma luminosa,
como la luna en su plena luz,
esto me deja sin poder pensar
y sin voz, Dios mío!
Sé muy bien que tú eres
el que ha venido para alumbrar
a los que están sentados en las tinieblas (Lc 1,79),
y estoy estupefacto, me quedo
sin sentido y sin palabras,
al ver una extraña maravilla
que sobrepasa a toda la creación,
a toda la naturaleza y a todas las palabras...

    ¿Cómo Dios está fuera del universo
por esencia y por naturaleza,
por poder y por gloria
y cómo habita también en todas partes y en todos,
pero de una manera especial en sus santos?
¿Cómo levanta su tabernáculo en ellos
de manera consciente y substancialmente,
él que está totalmente más allá de la sustancia?
¿Cómo está contenido en sus entrañas,
el que contiene toda la creación?
¿Cómo brilla en su corazón,
este corazón carnal y grueso?
¿Cómo está en el interior de éste,
cómo está fuera de todo,
y él mismo llena todas las cosas?
¿Cómo, día y noche,
brilla sin ser visto?

    Dime ¿es que el espíritu del hombre
puede concebir estos misterio
o podrá expresarlos?
¡Ciertamente no! un ángel no podría,
ni un arcángel, explicártelo;
serían incapaces
de exponerte todo ello con palabras.
Es pues sólo el Espíritu de Dios, porque es divino,
quien conoce estos misterios y
sólo él los sabe porque sólo él
comparte la naturaleza, el trono y la eternidad
con el Hijo y el Padre.
Es, pues, a aquellos en quien el Espíritu resplandecerá
y a quienes se unirá liberalmente
que lo enseña todo de manera inexpresable...
Es como un ciego: si ve,
ve inmediatamente la luz
y seguidamente toda la creación
que está en la luz, ¡oh maravilla!
De la misma manera, el que ha sido iluminado
por el divino Espíritu en su alma,
inmediatamente entra en comunión con la luz
y contempla la luz,
la luz de Dios, Dios verdaderamente,
que también se lo enseña todo,
o mejor, lo que Dios decide,
todo lo que decide y lo que quiere.
A los que iluminará con su iluminación
les concede ver lo que está dentro de a luz divina.

Fuente: ©Evangelizo.org


jueves, 29 de junio de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Jesús lo tocó diciendo: ¡quiero, queda limpio!"

TIEMPO ORDINARIO
VIERNES DE LA SEMANA XII
30 de Junio

     Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022), monje griego Himno 30

«Jesús lo tocó diciendo: ¡quiero, queda limpio!»

    Antes que brillara la luz divina, no me conocía a mí mismo.
Viéndome entonces en las tinieblas y en la prisión,
encerrado en un lodazal, cubierto de suciedad, herido, mi carne hinchada..., caí a los pies de aquél que me había iluminado.
Y aquél que me había iluminado toca con sus manos
mis ataduras y mis heridas; allí donde su mano toca y donde su dedo se acerca, caen inmediatamente mis ataduras, desaparecen las heridas, y toda suciedad.
La mancha de mi carne desaparece...
de tal manera que la vuelve semejante a su mano divina.
Extraña maravilla: mi carne, mi alma y mi cuerpo
participan de la gloria divina.

    Desde que he sido purificado y liberado de mis ataduras, me tiende una mano divina, me saca enteramente del lodazal, me abraza, se echa a mi cuello, me cubre de besos (Lc 15,20).
Y a mi que estaba totalmente agotado y que había perdido mis fuerzas me pone sobre sus hombros (Lc 15,5), y me lleva lejos de mi infierno...

    Es la luz que me arrebata y me sostiene; me arrastra hacia una gran luz...
Me hace contemplar por que extraño remodelaje
él mismo me ha rehecho (Gn 2,7) y me ha arrancado de la corrupción.
Me ha regalado una vida inmortal y me ha revestido de ropa inmaterial y luminosa y me ha dado sandalias, anillo y corona incorruptibles y eternas 
(Lc 15,22).


Fuente: ©Evangelizo.org


lunes, 6 de marzo de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Es a mí a quien lo habéis hecho"

TIEMPO DE CUARESMA
LUNES DE LA SEMANA I
06 de Marzo

  Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022), monje griego Capítulos teológicos,       gnósticos y prácticos, § 92s

“Es a mí a quien lo habéis hecho”

    Si alguien da una limosna a noventa y nueve pobres, y después injuria, maltrata o envía con las manos vacías al único que queda ¿sobre quién cae ese trato sino sobre aquél que dice, no cesa de decir y dirá un día: “Cada vez que lo hicisteis a uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”?... En efecto, está en todos esos pobres aquél que es alimentado por nosotros en cada uno de los más pequeños. De la misma manera, si alguno da a todos lo necesario para hoy, y mañana, pudiéndolo hacer, no se acuerda de sus hermanos y les deja morir de hambre, de sed y de frío, es como si hubiera dejado morir y despreciado a aquél que dijo: “Cada vez que lo hicisteis a uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”...

    Si Cristo se ha dignado tomar el rostro de cada pobre, si se ha identificado con todos los pobres, es para que ninguno de los que creen en él se eleve por encima de su hermano..., sino que lo acoja como a Cristo que ha derramado toda su sangre por nuestra salvación... Es posible que todo esto parezca penoso a muchos y les parezca razonable decirse: “¿Quién puede hacer todo esto, cuidar y alimentar a todos los que tienen necesidad y no olvidar a nadie?”. Pero que escuchen a San Pablo que declara: “Nos apremia el amor el Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron” (2Co 5,14).


Fuente: ©Evangelizo.org



viernes, 2 de diciembre de 2016

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Entonces tocó sus ojos..."

TIEMPO DE ADVIENTO
VIERNES DE LA SEMANA I
02 de Diciembre

      Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022), monje griego 
      Himno 27, 116-  124.128-132.138-149

“Entonces tocó sus ojos...” (Mt 9,27)

    ¡Busquemos al único que nos puede devolver la libertad, sigámosle sin parar, con todo nuestro deseo, él cuya belleza toca los corazones, él que los atrae hacia su amor y los une a él para siempre! Sí, por medio de nuestras acciones corramos todos hacia él. No nos dejemos vencer por nadie ni engañarnos por nadie, ni distraernos por nadie en nuestra búsqueda.

    Sobretodo, no digamos que Dios no manifiesta su presencia a los hombres. No digamos que a los hombres es imposible ver la luz de Dios....ni siquiera que es imposible verlo hoy. Gracias a Dios, nunca ha sido imposible, a condición de desearlo de veras. ¡Démonos cuenta cuál es la belleza de nuestro Maestro! No cerremos los ojos de nuestro corazón fijándolos en las realidades mundanas. Sí, que las preocupaciones por las cosas de este mundo no nos hagan esclavos de la gloria humana, hasta tal punto de abandonar a aquel que es la luz de la vida eterna.

    ¡Caminemos, juntos hacia él, con un solo corazón, un solo espíritu, una sola alma! Humildemente clamemos a él, nuestro Maestro bueno, nuestro Señor misericordioso, él que es el “único amigo de los hombres” (Sab 1,6) ¡Busquémosle porque se nos revelará, aparecerá, se manifestará, él que es nuestra esperanza!

Fuente: ©Evangelizo.org


jueves, 29 de septiembre de 2016

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Los ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial"

TIEMPO ORDINARIO
JUEVES DE LA SEMANA XXVI
29 de Septiembre

      Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022), monje griego  Himno 2

«Los ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial» (Mt 18,10)

Te doy gracias, porque me has concedido vivir, conocerte y adorarte, Dios mío. Porque « la vida es que te conozcan a ti, único Dios verdadero» (Jn 17,3), creador y autor de todo, no engendrado, no creado, sin principio, único, y a tu Hijo, engendrado de ti, y al Espíritu santísimo, que procede de ti, la trino-unidad digna de toda alabanza...

¿Qué hay donde residen los ángeles, los arcángeles, las soberanías, los querubines y los serafines y todos los demás ejércitos celestiales, como la gloria o como la luz de inmortalidad, qué gozo, qué esplendor de vida inmaterial, sino la única luz de la Santa Trinidad?...

Cítame un ser incorpóreo o corpóreo y verás que es Dios quien lo ha hecho todo.
Si se te habla de un ser cualquiera, sea del cielo, sea de la tierra o de los abismos, también para ellos, para todos, no hay más que una vida, una gloria, un deseo y un reino, una única riqueza, gozo, corona, victoria, paz, o cualquier otro resplandor: el conocimiento del Principio y de la Causa de donde viene todo, de donde ha nacido.
Allí está el que mantiene las cosas de arriba y las cosas de abajo, allí está el que pone orden a todos los seres espirituales, allí está el que reina sobre todos los seres visibles...

Han crecido en conocimiento y redoblado en temor viendo caer a Satán y sus compañeros llevados de la presunción.
Los que han caído han olvidado todo esto, esclavos de su orgullo; mientras que todos los que han conservado el conocimiento, levantados por el temor y el amor, se han unido a su Señor.
Así el reconocimiento de su señorío producía también el crecimiento en el amor porque veían mejor y más claramente el resplandor fulgurante de la Trinidad.

Fuente: ©Evangelizo.org