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sábado, 26 de enero de 2019

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Comienzo de la predicación en Nazaret"

TIEMPO ORDINARIO
DOMINGO DE LA SEMANA III
27 de Enero

      Orígenes, presbítero - «Esta Escritura se cumple hoy» (Lc 4,21).

Comienzo de la predicación en Nazaret:Lc 1, 1-4; 4, 14-21

    Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.

    Cuando lees: Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan, cuida de no juzgarlos dichosos únicamente a ellos, creyéndote privado de doctrina. Porque si es verdad lo que está escrito, el Señor no hablaba sólo entonces en las sinagogas de los judíos, sino que hoy, en esta reunión, habla el Señor. Y no sólo en ésta, sino también en cualquiera otra asamblea y en toda la tierra enseña Jesús, buscando los instrumentos adecuados para transmitir su enseñanza. ¡Orad para que también a mí me encuentre dispuesto y apto para ensalzarlo!

sábado, 8 de diciembre de 2018

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Preparad el camino del Señor"

TIEMPO DE ADVIENTO
DOMINGO DE LA SEMANA II
09 de Diciembre

   Orígenes, presbítero - Homilías sobre San Lucas, nº 22, 1-4.

«Preparad el camino del Señor» (Lc 3,)

    Refiriéndose a Juan vemos escrito: «Una voz grita en el desierto. Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos». Pero lo que sigue concierne únicamente al Señor, nuestro Salvador. Porque no es Juan quien «ha elevado los valles», sino el Señor, nuestro Salvador. Que cada uno consideres qué era antes de tener fe: constatará que era un valle profundo, que descendía y se precipitaba hacia el abismo. Pero el Señor Jesús vino y ha enviado al Espíritu Santo en su lugar; entonces «todo valle ha sido elevado». Ha sido elevado con las buenas obras y los frutos del Espíritu Santo. La caridad no deja que subsista en ti el valle, y si posees la paz, la paciencia y la bondad, no tan sólo dejarás de ser valle sino que empezarás a ser montaña de Dios…

jueves, 8 de noviembre de 2018

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo..."

TIEMPO ORDINARIO
VIERNES DE LA SEMANA XXXI
09 de Noviembre

      Orígenes, in Ioannem, tom. 10-11

Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo...

    «Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas…» Consideremos también, no nos parezca cosa enorme, que el Hijo de Dios preparó una especie de látigo de las cuerdas que había recogido para arrojar del templo. Para explicar esto, nos queda una poderosa razón. El divino poder de Jesús, cuando quería podía contrarrestar la furia de sus enemigos, aun cuando fuesen muchos, y apagar el fuego de sus maquinaciones. Porque el Señor disipa las determinaciones de las gentes y reprueba los pensamientos de los pueblos (Sal 132,10). La historia presente nos demuestra que no tuvo un poder menos fuerte para esto que para hacer milagros; además, que es mayor este hecho que el milagro de haber convertido el agua en vino, porque allí había una materia inanimada, pero aquí se desbaratan los tráficos de muchos miles de hombres.

    Y San Juan dice aquí que arrojó a los que vendían en el templo, y San Mateo dice que arrojó a los que vendían y compraban. Mas el número de los que compraban era mayor que el de los que vendían, cuya expulsión debía ser difícil para el que se consideraba como el hijo de un carpintero. Pero por disposición divina, todos estaban sometidos a su dominio, como se ha dicho.

martes, 4 de septiembre de 2018

REFLEXIÓN - CRISTO SE REFERÍA AL TEMPLO DE SU PROPIO CUERPO

TIEMPO ORDINARIO
MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXII
De la Feria. Salterio II
05 de Septiembre

      Del Comentario de Orígenes, presbítero, sobre el evangelio de San Juan
      (Tomo 10, 20: PG 14, 370-371)

CRISTO SE REFERÍA AL TEMPLO DE SU PROPIO CUERPO

    Destruid este templo y yo lo levantaré en tres días. Creo que en esta frase los judíos representan a los hombres carnales, entregados a la vida de los sentidos. Indignados al ver que Jesús había arrojado a los que con sus actos convertían la casa del Padre en lugar de negocios, pedían al Hijo de Dios, a quien ellos no reconocían, un signo con el que probara su autoridad para obrar de esta forma. El Salvador les dio entonces una respuesta en la que se refería tanto a su cuerpo como al templo sobre el que ellos preguntaban. En efecto, al decir ellos: ¿Qué señal nos das que justifique lo que haces?, Jesús responde: Destruid este templo y yo lo levantaré en tres días.


    Según mi parecer, tanto el templo como el cuerpo de Cristo pueden llamarse, con toda verdad, figura de la Iglesia, pues la Iglesia, construida de piedras vivas, edificada como templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, cimentada sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y teniendo al mismo Cristo Jesús como piedra angular, puede llamarse templo con toda razón. Por ello la Escritura afirma de los fieles: Vosotros sois cuerpo de Cristo, y sois miembros unos de otros. Por tanto, aunque el buen orden de las diversas piedras viniera a derribarse, aunque los huesos de Cristo fueran dispersados por las embestidas de la persecución, o los tormentos con que nos amenazan los perseguidores pretendieran destruir la unidad de este templo, el templo sería nuevamente reconstruido y el cuerpo resucitaría al tercer día, es decir, pasado el día del mal que se avecina y el de la consumación que lo seguirá.

    Porque llegará ciertamente un tercer día y en él nacerá un cielo nuevo y una tierra nueva, cuando estos huesos, es decir, la casa toda de Israel, resucitarán en aquel solemne y gran domingo en el que la muerte será definitivamente aniquilada. Por ello podemos afirmar que la resurrección de Cristo, que pone fin a su cruz y a su muerte, contiene y encierra ya en sí la resurrección de todos los que formamos el cuerpo de Cristo. Pues de la misma forma que el cuerpo visible de Cristo, después de crucificado y sepultado, resucitó, así también acontecerá con el cuerpo total de Cristo formado por todos sus santos: crucificado y muerto con Cristo, resucitará también como él. Cada uno de los santos dice, pues, como Pablo: Líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por él el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Por ello de cada uno de los cristianos puede no sólo afirmarse que ha sido crucificado con Cristo para el mundo, sino también que con Cristo ha sido sepultado, pues, si por nuestro bautismo fuimos sepultados con Cristo, como dice san Pablo, con él también resucitaremos, añade, como para insinuarnos ya las arras de nuestra futura resurrección.

miércoles, 29 de agosto de 2018

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Las perlas finas conducen a la perla de gran valor"

TIEMPO ORDINARIO
JUEVES DE LA SEMANA XXI
30 de Agosto

Orígenes Comentario sobre el Evangelio de san Mateo: «El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra» (Mt 13,45-46) Lib. 10, 9-10: SC 162, 173-177

Las perlas finas conducen a la perla de gran valor

    El texto que buscaba perlas finas puedes compararlo con éste: Buscad y hallaréis; y con este otro: Quien busca, halla. ¿A propósito de qué se dice buscad y quien busca, halla? Arriesgo la idea de que se trata de las perlas y la perla, perla que adquiere el que lo ha dado todo y ha aceptado perderlo todo, perla a propósito de la cual dice Pablo: Lo perdí todo con tal de ganar a Cristo: al decir «todo» se refiere a las perlas finas; y al puntualizar: «con tal de ganar a Cristo», apunta a la única perla de gran valor.

    Preciosa es la lámpara para los que viven en tinieblas, y su uso necesario hasta que salga el sol; preciosa era asimismo la gloria que irradiaba el rostro de Moisés y pienso que también el de los profetas: espectáculo tan maravilloso que, gracias a él, nos abrimos a la posibilidad de contemplar la gloria de Cristo, gloria a la que el Padre rinde testimonio, diciendo: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. El resplandor aquel ya no es resplandor, eclipsado por esta gloria incomparable, y nosotros necesitamos, en un primer momento, de una gloria que acepte ser abolida para dar paso a una gloria más excelente, lo mismo que tenemos necesidad de un conocimiento «limitado», que se acabará cuando llegue lo perfecto. Así, toda alma que accede a la primera infancia y camina hacia la perfección necesita, hasta que se cumpla el tiempo, de pedagogo, tutores y curadores, para que al llegar a la edad prefijada por su padre, el que en nada se diferenciaba de un esclavo, siendo dueño de todo, reciba, una vez liberado, de mano del pedagogo, de los tutores y curadores, sus bienes patrimoniales, análogos a la perla de gran valor y a la futura perfección que acaba con lo que es limitado, en el momento en que es capaz de acceder a la excelencia del conocimiento de Cristo, después de haberse ejercitado en aquellos conocimientos que, por decirlo así, subyacen al conocimiento de Cristo.

    Pero la gran masa, que no ha captado la belleza de las numerosas perlas de la ley, ni el conocimiento todavía «limitado» que se encuentra en todas las profecías, se imaginan poder encontrar, sin antes haber aclarado y comprendido perfectamente tales riquezas, la única perla de gran valor y contemplar la excelencia del conocimiento de Cristo, en comparación de la cual puede decirse que todo lo que ha precedido a tan elevado y perfecto conocimiento, sin ser por propia naturaleza basura, aparece como tal, pues se la puede comparar al estiércol que el dueño de la viña echa alrededor de la higuera, para que produzca más fruto.

    Así pues, todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol: tiempo de recoger piedras, esto es, perlas finas y, después de haberlas recogido, tiempo de encontrar la única perla de gran valor, momento en que es preciso ir a vender todo lo que uno tiene, y comprarla.

miércoles, 13 de junio de 2018

REFLEXIÓN - LA CONQUISTA DE JERICÓ

TIEMPO ORDINARIO
JUEVES DE LA SEMANA X
De la Feria. Salterio II
14 de Junio

      De las Homilías de Orígenes, presbítero, sobre el libro de Josué.
      (Homilía 6, 4: PG 12, 855-856)

LA CONQUISTA DE JERICÓ

    Los israelitas ponen cerco a Jericó, porque ha llegado el momento de conquistarla. ¿Y cómo la conquistan? No sacan la espada contra ella, ni la acometen con el ariete, ni vibran los dardos; las únicas armas que emplean son las trompetas de los sacerdotes, y ellas hacen caer las murallas de Jericó.

    Hallamos con frecuencia en las Escrituras que Jericó es figura del mundo. En efecto, aquel hombre de que nos habla el Evangelio, que bajaba de Jerusalén a Jericó y que cayó en manos de unos ladrones, sin duda era un símbolo de Adán, que fue arrojado del paraíso al destierro de este mundo. Y aquellos ciegos de Jericó, a los que vino Cristo para hacer que vieran, simbolizaban a todos aquellos que en este mundo estaban angustiados por la ceguera de la ignorancia, a los cuales vino el Hijo de Dios. Esta Jericó simbólica, esto es, el mundo, está destinada a caer. El fin del mundo es algo de que nos hablan ya desde antiguo y repetidamente los libros santos.

    ¿Cómo se pondrá fin al mundo? ¿Con qué medios? Con la voz -dice- de las trompetas. ¿De qué trompetas? El apóstol Pablo te descubrirá el sentido de estas palabras misteriosas. Oye lo que dice: Resonará la trompeta y los muertos en Cristo despertarán incorruptibles, y el Señor mismo, a una orden, a la voz del arcángel y al sonido de la trompeta divina, bajará del cielo. Será entonces cuando Jesús, nuestro Señor, vencerá y abatirá a Jericó, salvándose únicamente aquella prostituta de que nos habla el libro santo, con toda su familia. Vendrá -dice el texto sagrado- nuestro Señor Jesús, y vendrá al son de las trompetas.

    Salvará únicamente a aquella mujer que acogió a sus exploradores, figura de todos los que acogieron con fe y obediencia a sus apóstoles y, como ella, los colocaron en la parte más alta, por lo que mereció ser asociada a la casa de Israel. Pero a esta mujer, con todo su simbolismo, no debemos ya recordarle ni tenerle en cuenta sus culpas pasadas. En otro tiempo fue una prostituta, mas ahora está unida a Cristo con un matrimonio virginal y casto. A ella pueden aplicarse las palabras del Apóstol: He hecho lo posible por desposaros con un solo Esposo, y por llevaros a Cristo con la pureza propia de una doncella inocente. El mismo Apóstol, en su estado anterior, puede compararse a ella, ya que dice: También nosotros fuimos en un tiempo insensatos, rebeldes a Dios, descarriados, esclavos de toda suerte de pasiones y placeres.

    ¿Quieres ver con más claridad aún cómo aquella prostituta ya no lo es? Escucha las palabras de Pablo: Y en verdad que eso erais algunos; pero fuisteis lavados, fuisteis santificados, fuisteis justificados en el nombre de Jesucristo, el Señor, por el Espíritu de nuestro Dios. Ella, para poder salvarse de la destrucción de Jericó, siguiendo la indicación de los exploradores, colgó de su ventana un cordón de hilo escarlata, como signo eficaz de salvación. Este cordón representaba la sangre de Cristo, por la cual es salvada actualmente toda la Iglesia, en el mismo Jesucristo nuestro Señor, al cual sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

martes, 12 de junio de 2018

LA FRASE DEL DÍA

Miércoles 13 de Junio





MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "No he venido a abolir la Ley...: no he venido a abolir sino a dar plenitud"

TIEMPO ORDINARIO
MIÉRCOLES DE LA SEMANA X
13 de Junio

      Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo 
      Homilías sobre el libro de los Números, nº 9,4

«No he venido a abolir la Ley...:
no he venido a abolir sino a dar plenitud»

    Quiero recordar a los discípulos de Cristo la bondad de Dios: que ninguno de vosotros se deje inquietar por los herejes si, en la controversia, dicen que el Dios de la Ley no es bueno pero sí justo, y que la Ley de Moisés no enseña la bondad sino la justicia. Que estos detractores de Dios y al mismo tiempo de la Ley, sepan cómo el mismo Moisés y Aaron han cumplido, adelantándose, lo que el Evangelio ha enseñado más tarde. Considerad cómo Moisés «ama a sus enemigos y ora por los que le persiguen» (Mt 5,44)...; ved cómo «cayendo rostro en tierra» los dos oraban por los que se habían rebelado y querían matarlos (Nm 10,17). Es así que se encuentra en el Evangelio el poder de la Ley y se debe entender que los Evangelios se sostienen sobre el fundamento de la Ley.


    Yo no doy el nombre de Antiguo Testamento a la Ley cundo la considero espiritualmente; la Ley es «Antiguo Testamento» sólo para aquellos que no la quieren comprender según el espíritu. Para estos obligatoriamente se ha hecho «antigua» y vieja, porque no puede conservar su fuerza. Pero para nosotros, que la comprendemos y la explicamos según el espíritu y en la línea del Evangelio, es siempre nueva; para nosotros, los dos Testamentos son un nuevo Testamento, no por la fecha que han sido escritos, sino por la novedad del sentido.

    ¿No piensa lo mismo el apóstol Juan cuando dice en su carta: «Hijitos míos, os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros»? (4,7; Jn 13,34). Sabía que el precepto del amor se había ya dado desde hacía mucho tiempo en la Ley (1Jn 2,7s; Lv 19,18). Pero como «la caridad no acaba nunca» (1Co 13,8)..., afirma la eterna novedad de este precepto que es siempre actual... Para el pecador y para los que no guardan la caridad, hasta los Evangelios son ya cosa pasada; no puede haber Testamento Nuevo para el que no se «ha revestido del Hombre Nuevo, creado según Dios» (Ef 4,22.24).

Fuente: ©Evangelizo.org

jueves, 15 de marzo de 2018

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Buscaban como agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora"

TIEMPO DE CUARESMA
VIERNES DE LA SEMANA IV
16 de Marzo

     Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo Comentario de san Juan,
    19,12; PG 14, 548

“Buscaban cómo agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, 
porque todavía no había llegado su hora”

    Buscar a Jesús, a menudo es un bien, porque es lo mismo que buscar al Verbo, que es la verdad y la sabiduría. Pero me diréis que las palabras “buscar a Jesús” a veces se dicen refiriéndose a los que le buscaban para hacerle mal. Por ejemplo: “Buscaban cómo agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora”. “Ya sé que sois linaje de Abraham; sin embargo, tratáis de matarme, porque no dais cabida a mis palabras” (Jn 8,37). “Tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a mi Padre” (Jn 8, 40).

    Estas palabras… no se oponen a esta otra palabra: “Quien busca encuentra” (Mt 7,8). Siempre hay diferencias entre los que buscan a Jesús: no todos le buscan sinceramente para su salvación y alcanzar su ayuda. Hay hombres que lo buscan por innumerables razones que están muy lejos del bien. Por eso tan sólo los que lo han buscado con toda rectitud han encontrado la paz, aquellos de los cuales se puede verdaderamente decir que buscan al Verbo que está junto a Dios (Jn 1,1), para que los lleve a su Padre…

    Él amenaza con marcharse si no es bien acogido: “Yo me voy y me buscaréis” (Jn 8,21)… Sabe muy bien de quien se aleja y cerca de quien permanece sin ser todavía encontrado, para que si se le busca se le encuentre en el tiempo favorable.

Fuente: ©Evangelizo.org

domingo, 11 de marzo de 2018

REFLEXIÓN - CRISTO, SUMO SACERDOTE, ES PROPICIACIÓN POR NUESTROS PECADOS

TIEMPO DE CUARESMA
LUNES DE LA SEMANA IV
Propio del Tiempo. Salterio IV
12 de Marzo

      De las Homilías de Orígenes, presbítero, sobre el Levítico
      (Homilía 9, 5. 10: PG 12, 515. 523)

CRISTO, SUMO SACERDOTE, ES PROPICIACIÓN 
POR NUESTROS PECADOS

    Una vez al año, el sumo sacerdote, dejando afuera al pueblo, entraba en el lugar donde se hallaban el propiciatorio, los querubines, el arca de la alianza y el altar de los aromas; lugar donde sólo al sumo sacerdote le estaba permitido entrar.

    Pero fijémonos en nuestro verdadero sumo sacerdote, el Señor Jesucristo. Él, habiendo tomado la naturaleza humana, estaba con el pueblo todo el año, aquel año, a saber, del cual dice él mismo: Me envió a evangelizar a los pobres y a proclamar el año de gracia del Señor. Y, una vez durante este año, el día de la expiación, entró en el santuario, es decir, cuando, cumplida su misión, penetró en los cielos, entró a la presencia del Padre, para hacerle propicio al género humano y para interceder en favor de todos los que creen en él.

    El apóstol Juan, conocedor de esta propiciación que nos reconcilia con el Padre, dice: Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, el justo. Él es propiciación por nuestros pecados.

    También Pablo alude a esta propiciación, cuando afirma de Cristo: A quien Dios ha propuesto como instrumento de propiciación, por su propia sangre y mediante la fe. Por lo tanto, el día de nuestra propiciación continúa hasta el fin del mundo.

    Dice la palabra de Dios: Pondrá el incienso sobre las brasas delante del Señor, para que el humo del incienso cubra el propiciatorio que está sobre el documento de la alianza, y así él no muera. Después tomará sangre del novillo y rociará con el dedo el lado oriental de la placa o propiciatorio.

    Este texto nos recuerda el modo como en el antiguo Testamento se celebraba el rito de la propiciación ante Dios; pero tú que has venido a Cristo, verdadero sumo sacerdote, que con su sangre te hizo a Dios propicio y te reconcilió con el Padre, trasciende con tu mirada la sangre de las antiguas víctimas y considera más bien la sangre de aquel que es la Palabra, escuchando lo que él mismo te dice: Ésta es mi sangre, que será derramada por vosotros para el perdón de los pecados.

    El hecho de rociar el lado oriental tiene también su significado. De oriente nos viene la propiciación, pues de allí procede el varón cuyo nombre es Oriente, el que ha sido constituido mediador entre Dios y los hombres. Ello te invita a que mires siempre hacia oriente, de donde sale para ti el sol de justicia, de donde te nace continuamente la luz, para que no camines nunca en tinieblas, ni te sorprenda en tinieblas aquel día último; para que no se apodere de ti la noche y oscuridad de la ignorancia, sino que vivas siempre en la luz de la sabiduría, en el pleno día de la fe, bajo la luz de la caridad y de la paz.

miércoles, 7 de marzo de 2018

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "El que no recoge conmigo desparrama"

TIEMPO DE CUARESMA
JUEVES DE LA SEMANA III
08 de Marzo

     Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo Homilías sobre Josué, nº 15

“El que no recoge conmigo desparrama”

    En la guerra contra los moabitas y amonitas, Josué [que lleva el mismo nombre que Jesús] “mató a todos los reyes con la espada” (Jos 11,12). Estábamos todos “bajo el dominio del pecado” (Rm 6,12); todos, todos estábamos bajo el dominio de las malas pasiones… Cada uno mantenía en sí un rey particular que reinaba en él y le dominaba. Por ejemplo, a uno le dominaba la avaricia, a otro el orgullo, a otro la mentira; a uno le dominaban las pasiones carnales, otro sufría el reino de la cólera… Había, pues, en cada uno de nosotros y antes de tener fe, un reino de pecado.

    Pero cuando vino Jesús, mató a todos los reyes que detentaban en nosotros los reinos del pecado, y nos enseñó a matarlos a todos sin dejar escapar a ninguno. Si se conserva en vida, aunque sea uno tan sólo, no se podrá pertenecer al ejercito de Jesús… Porque el Señor Jesús nos ha purificado de toda clase de pecado; los ha destruido a todos. En efecto, todos “nosotros con nuestra insensatez y obstinación, íbamos fuera de camino; éramos esclavos de pasiones y placeres de todo género, nos pasábamos la vida fastidiando y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros” (Tt 3,3), con todas las clases de pecados que se encontraban en los hombres antes de creer. Es muy verdadero decir que Jesús mató a todos los que salían para armar guerra; porque no hay pecado tan grande que Jesús no pueda poner sus pies encima, él que es el Verbo y la “Sabiduría de Dios” (1Co, 1,24). Él triunfa de todo, es vencedor de todo.

    ¿No creemos que todos los pecados, cualesquiera que sean, son echados fuera de nosotros cuando venimos al bautismo? Es lo que dice el apóstol Pablo quien después de haber enumerado todas las clases de pecados, añade finalmente: “Así erais algunos. Pero os lavaron, os consagraron, os perdonaron invocando al Señor Jesucristo y al Espíritu de nuestro Dios” (1Co 6,11).

Fuente: ©Evangelizo.org

lunes, 29 de enero de 2018

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Pensando que con sólo tocarle el vestido curaría"

TIEMPO ORDINARIO
MARTES DE LA SEMANA IV
30 de Enero

      Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo 
      Homilía 4 sobre el Levítico; PG 112, 442-443

“Pensando que con sólo tocarle el vestido curaría”

    Refiriéndose a la ofrenda de los primeros frutos de la tierra, dice la Ley: “Todo cuanto los toque quedará consagrado” (Lev 6,11). Cristo inmolado es el único y perfecto sacrificio, del cual eran el símbolo y la prefiguración todos los sacrificios de la antigua Ley. El que toca la carne de este sacrificio queda inmediatamente santificado: si es impuro, queda purificado; si está herido, su herida se cura. Es así como lo comprendió la mujer que padecía flujos de sangre... Porque comprendió que verdaderamente había allí la carne del Santo de los Santos, se acercó. No se atreva a tocar la carne misma porque no había todavía captado que es lo perfecto; pero tocó la franja del vestido que tocaba a esta carne santísima. Y porque le tocó con fe “una fuerza salió” de la humanidad de Cristo, para purificarla de su impureza y curar su enfermedad...

    Así pues ¿no crees tú que este texto de la Ley debe entenderse así: Si alguno toca la carne de Jesús con las disposiciones que acabamos de decir, si con toda su fe, toda su obediencia, se acerca a Jesús como al Verbo hecho carne, éste ha tocado la verdadera carne del sacrificio y es santificado?

Fuente: ©Evangelizo.org

lunes, 18 de diciembre de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Grande a los ojos del Señor"

TIEMPO DE ADVIENTO
MARTES DE LA SEMANA III
19 de Diciembre

     Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo 
      Homilías sobre el Evangelio según San Lucas, numero 3.

« Grande a los ojos del Señor »

    Al ver el ángel Zacarías se turbó. De hecho, cuando una figura desconocida se presenta a las miradas humanas, ésta confunde la inteligencia y atemoriza al corazón. Es por eso que el ángel, conociendo la naturaleza humana, lleva primero el remedio a su temor por medio de estas palabras: «No temas Zacarías». Reconforta su alma asustada y la llena de alegría por este nuevo mensaje: «tu petición ha sido escuchada: Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien pondrás por nombre Juan y te llenará de gozo y alegría». Incluso ahora el nacimiento de Juan es para todo el mundo el anuncio de una feliz noticia. Aquel que consiente a tener hijos, y a asumir esa responsabilidad debe suplicar a Dios que su hijo sea capaz de hacer una similar venida al mundo, y ese nacimiento le procurará también una gran alegría.

    Está escrito que Juan «será grande a los ojos del Señor». Esas palabras revelan la grandeza del alma de Juan, la grandeza que aparece a la mirada de Dios. Pero también hay una cierta pequeñez del alma. Es así, al menos, que comprendo ese pasaje del Evangelio: «cuídense de menospreciar a uno de estos pequeñitos que están en la Iglesia»
 (Mt 18:10). No se me pide que menosprecie al que es grande, porque el que es grande no puede ser despreciado; pero me dicen: «No menosprecies uno de estos pequeñitos»: «pequeñito» y «pequeño» no son palabras tomadas al azar.

Fuente: ©Evangelizo.org


miércoles, 6 de diciembre de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Fundamentado sobre la roca, Cristo"

TIEMPO DE ADVIENTO
JUEVES DE LA SEMANA I
07 de Diciembre

Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo Homilías sobre San Lucas, nº 26, 4-5

Fundamentado sobre la roca, Cristo

    Cuando afrontáis con valentía las tentaciones, no es la tentación la que os hace fieles y constantes, sino que tan sólo revela que las virtudes de constancia y valentía estaban ya en vosotros, pero de manera escondida. «¿Crees tú, dice el Señor, que hablando así, tenía yo otro fin que mostrar tu justicia?» (Jb 40,3 LXX) Y en otra parte dice: «Te he afligido y te he hecho sentir el hambre para que se manifestara lo que tenías en tu corazón» (Dt 8, 3-5).

    De igual manera, la tempestad no hace que el edificio construido sobre arena sea sólido. Si quieres construir, que sea sobre piedra. Entonces, cuando se levantará la tempestad, no derrumbará lo que está fundamentado en la piedra; pero lo que tiembla sobre la arena, muestra que sus fundamentos no valen nada. Por eso, antes que se levante la tempestad, que se desencadenen las ráfagas de viento, que desborden los torrentes, cuando todavía permanece todo en silencio, pongamos toda nuestra atención sobre el fundamento del edificio, construyamos nuestra morada con las variadas y sólidas piedras de los mandamientos de Dios. Y cuando se desencadene la persecución y se levante una cruel tormenta sobre los cristianos, podremos demostrar que nuestro edificio está fundamentado en la roca, Cristo Jesús (1Co 3,11).

Fuente: ©Evangelizo.org


sábado, 25 de noviembre de 2017

REFLEXIÓN - VENGA TU REINO

TIEMPO ORDINARIO
DOMINGO DE LA SEMANA XXXIV
De la solemnidad
26 de noviembre

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY UNIVERSAL. (SOLEMNIDAD)

     Del Opúsculo de Orígenes, presbítero, Sobre la oración
     (Cap. 25: PG 11, 495-499)

VENGA TU REINO

    Si, como dice nuestro Señor y Salvador, el reino de Dios no ha de venir espectacularmente, ni dirán: «Vedlo aquí o vedlo allí», sino que el reino de Dios está dentro de nosotros, pues cerca está la palabra, en nuestra boca y en nuestro corazón, sin duda cuando pedimos que venga el reino de Dios lo que pedimos es que este reino de Dios, que está dentro de nosotros, salga afuera, produzca fruto y se vaya perfeccionando. Efectivamente, Dios reina ya en cada uno de los santos, ya que éstos se someten a su ley espiritual, y así Dios habita en ellos como en una ciudad bien gobernada. En el alma perfecta está presente el Padre, y Cristo reina en ella junto con el Padre, de acuerdo con aquellas palabras del Evangelio: Vendremos a fijar en él nuestra morada.

    Este reino de Dios que está dentro de nosotros llegará, con nuestra cooperación, a su plena perfección cuando se realice lo que dice el Apóstol, esto es, cuando Cristo, una vez sometidos a él todos sus enemigos, entregue el reino a Dios Padre, para que Dios sea todo en todo. Por esto, rogando incesantemente con aquella actitud interior que se hace divina por la acción del Verbo, digamos a nuestro Padre que está en los cielos: Santificado sea tu nombre, venga tu reino.

    Con respecto al reino de Dios, hay que tener también esto en cuenta: del mismo modo que no tiene que ver la justificación con la impiedad, ni hay nada de común entre la luz y las tinieblas, ni puede haber armonía entre Cristo y Belial, así tampoco pueden coexistir el reino de Dios y el reino del pecado.

    Por consiguiente, si queremos que Dios reine en nosotros, procuremos que de ningún modo continúe el pecado reinando en nuestro cuerpo mortal, antes bien, mortifiquemos las pasiones de nuestro hombre terrenal y fructifiquemos por el Espíritu; de este modo Dios se paseará por nuestro interior como por un paraíso espiritual y reinará en nosotros él solo con su Cristo, el cual se sentará en nosotros a la derecha de aquella virtud espiritual que deseamos alcanzar: se sentará hasta que todos sus enemigos que hay en nosotros sean puestos por estrado de sus pies, y sean reducidos a la nada en nosotros todos los principados, todos los poderes y todas las fuerzas.

    Todo esto puede realizarse en cada uno de nosotros, y el último enemigo, la muerte, puede ser reducido a la nada, de modo que Cristo diga también en nosotros: ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? Ya desde ahora este nuestro ser, corruptible, debe revestirse de santidad y de incorrupción, y este nuestro ser, mortal, debe revestirse de la inmortalidad del Padre, después de haber reducido a la nada el poder de la muerte, para que así, reinando Dios en nosotros, comencemos ya a disfrutar de los bienes de la regeneración y de la resurrección.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "CUANDO SE FUE ACERCANDO, AL VER LA CIUDAD, LLORÓ POR ELLA"

TIEMPO ORDINARIO 
JUEVES DE LA SEMANA XXXIII 
23 de noviembre


Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo
Homilía 38, sobre el evangelio de Lucas; PG 13, 1896-1898


  “Cuando se fue acercando, al ver la ciudad
 lloró por ella.”

  Cuando Nuestro Señor y Salvador se acercó a Jerusalén, al ver la ciudad lloró por ella.«Si en este día comprendieras tú también los caminos de la paz!» Pero tus ojos siguen cerrados. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán con trincheras, te cercarán y te acosarán por todas partes...» (Lc 19:41ss). Puede que alguien diga: -Está claro el sentido de estas palabras; de hecho, se han realizado en cuanto a Jerusalén; el ejército romano la sitió y devastó hasta el exterminio y el tiempo vendrá en que no quedará piedra sobre piedra...

No lo niego; Jerusalén ha sido destruido a causa de su ceguera, pero pregunto: ¿El llanto no se refería a nuestra Jerusalén? Porque nosotros somos aquella Jerusalén sobre la que Jesús lloró, nosotros que imaginamos tener una vista tan penetrante. Si, una vez instruidos sobre los misterios de la verdad, después de haber recibido la palabra del evangelio y la doctrina de la Iglesia..., alguien de entre nosotros peca, provocará lamentos y llantos, porque no se llora sobre los paganos sino sobre aquel que después de haber formado parte de Jerusalén se ha separado de ella.

Hay llantos sobre nuestra Jerusalén porque a causa de sus pecados los enemigos van a sitiarla, es decir, las fuerzas adversas, los espíritus malos. Levantarán entorno a ella trincheras, la sitiarán, y no quedará piedra sobre piedra. Esto es lo que sucederá cuando después de largos años de continencia y de castidad, el hombre sucumbe, vencido por las seducciones de la carne....Esta es la Jerusalén sobre la cual se llora.