sábado, 1 de septiembre de 2018

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "La Palabra me ilumina"

TIEMPO ORDINARIO
DOMINGO DE LA SEMANA XXII
02 de Septiembre

     Comentarios exegéticos G. Zevini, Lectio Divina (Marcos): Fascinados por la verdad Verbo Divino (2008), pp. 233-240.

La Palabra me ilumina

    Si el encuentro entre Jesús y los fariseos ocupa un gran espacio en los evangelios es porque también nosotros estamos expuestos permanentemente a convertirnos en «viejos» fariseos, apoyándonos y haciendo valer nuestras tradiciones. Como ya ocurría en tiempos de Jesús, también nosotros corremos el riesgo de anular la Palabra de Dios, el mandamiento divino, para poner en su lugar nuestros gustos, nuestras conveniencias, nuestros deseos personales.

    Gracias a la intervención de Jesús es como aprendemos a vivir en una simbiosis afortunada el doble mandamiento del amor a Dios y el amor al prójimo. Él, partiendo del comportamiento de los discípulos criticado por los fariseos, nos ha traído luz y verdad, porque ha buscado una vez más el corazón de la verdad y de lo esencial. Rechaza la distinción judía entre puro e impuro; entre la esfera religiosa, separada, en la que está presente Dios, y la esfera ordinaria, en la que Dios está ausente. No se nos pide purificarnos de la vida diaria para encontrar a Dios; lo que se requiere más bien es la liberación del pecado, el único elemento contaminante.

    Jesús nos enseña que es posible encontrar a Dios siempre y en todas partes, como recuerda un gran maestro de la vida espiritual, Francisco de Sales: «En la misma creación, Dios creador mandó a las plantas que diera cada una fruto según su propia especie, y mandó a los cristianos, que son como las plantas de su Iglesia viva, que cada uno diera un fruto de devoción conforme a su calidad, estado y vocación… Dondequiera que estemos, podemos y tenemos que aspirar a una vida. perfecta».

    Debemos seguir manteniendo la distinción entre el mandamiento de Dios y la tradición/interpretación de los hombres. El primero es perenne, punto continuo de referencia y de valor absoluto; la segunda vale en la medida en que es auténtica lectura y ampliación del primero. Subsiste siempre el peligro de una desviación peligrosa, como muestra la casuística del corban. Precisamente para evitar errores burdos, Jesús nos recuerda la «moral del corazón», la que llega a la intención y garantiza ideas claras y limpias.

    Y de este modo se rinde un precioso servicio a la verdad. ¿Cual? La miope de los fariseos, la limitada o interesada de nuestras discusiones. El poeta español Antonio Machado escribió: «Tu verdad, no; la verdad, / y ven conmigo a buscarla. / La tuya guárdatela». Debemos buscar una «verdad superior», no nuestra verdad.

    Sabemos cómo y donde encontrar la verdad genuina, escuchando y actualizando estas palabras de Jesús: «Si os mantenéis fieles a mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; así conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8,31s). Estaremos vacunados contra el fariseísmo y podremos adornarnos con el título de hombres libres porque somos cristianos.

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