Sentido de la terminología usada en Trento
Al hablar Trento de sustancia y de transustanciación quiere referirse a la realidad profunda que constituye a los seres; es decir, lo que hace que el pan sea pan y no otra cosa. Intenta pues referirse a la significación general de la palabra sustancia, independientemente de las precisiones que pueda aportar una u otra escuela filosófica, y eso lo hace con toda fuerza, calificando a esa palabra de “aptísima” (DS 1652), “conveniente y propia” (DS 1642). Es obvio, por otra parte, que, aunque no las canonizara en cuanto tales, el concilio de Trento tuvo presentes las explicaciones de los teólogos escolásticos, y especialmente las de Santo Tomás, que son precisamente intentos de explicar y penetrar en el dato de fe.
Explicación de la terminología usada
Para poder comprender el sentido de la definición es conveniente explicar el significado de cada uno de los términos usados:
1.- “Conversión”
La palabra clave es precisamente “conversión” que en sentido técnico es una especie de mutación. La conversión se distingue de otros tipos de cambio como la creación, la generación, la corrupción y la aniquilación.
La conversión es un cambio que mantiene un nexo entre lo que era y lo que es ahora.
Puede ser sustancial, si cambia la sustancia, y accidental, si cambian los accidentes.
La conversión sustancial de por sí, exige también el cambio de los accidentes, porque la sustancia se manifiesta con los propios accidentes. Una conversión sustancial es una transformación de la realidad y de sus accidentes.
En una conversión accidental no cambia de por sí la sustancia; puede cambiar la forma o la figura, el significado y la finalidad (transfiguración, transignificación, transfinalización).
La conversión eucarística es obviamente una conversión “sui generis”, en cuanto que cambia la sustancia pero permanecen los accidentes o especies. No se da en la naturaleza ninguna conversión sustancial que pueda ser puesta en la misma línea de la conversión eucarística.
Consciente de la singularidad de esta conversión eucarística el concilio de Trento añade dos palabras claves: mirabilis et singularis. Es admirable porque es una obra sobrenatural y divina, pertenece a las maravillas de Dios. Es singular porque es única en su género, no existe otra en la naturaleza.
Además, es preciso añadir que en la conversión eucarística, se produce una conversión entre una realidad de este mundo –pan y vino– y una realidad, humano-divina gloriosa, el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.
2.- “Sustancia”
2.- “Sustancia”
La sustancia es la realidad propia de una cosa en sí misma, la que la hace igual en la naturaleza a otras de la misma composición y aquélla que la distingue de cosas diferentes. También en las cosas iguales en la sustancia pueden darse manifestaciones accidentales diversas (color, sabor, calidad, peso…).
¿Qué significa sustancia? Es evidente que una interpretación de esa palabra acudiendo a teorías químicas de los átomos y las moléculas, resultaría inapropiada. Desde el punto de vista de las ciencias físicas, la estructura y constitución del pan es absolutamente la misma antes después de su consagración; lo que podría comprobarse por instrumentos y métodos científicos. No hay duda de que las ciencias físicas pueden ofrecer una representación coherente de la materia; pero, por otro lado, el concepto de sustancia utilizado para expresar la conversión eucarística es metafísico; un plano al que la ciencia experimental no puede llegar, ya que se encuentra más allá de la observación física. Lo que no quiere decir que este concepto metafísico no tenga que ver nada con la realidad. La metafísica es un intento de penetración en lo real, más allá de lo observable; plano nunca alcanzable por instrumentos científicos materiales.
Lo que constituye ontológicamente la disposición última de la materia, inasible a cualquier método experimental, pero que hace que las cosas sean lo que son, esto es la sustancia. Es esa realidad a la que de tal modo conviene la existencia en sí misma que no necesita de otra cosa como de sujeto en el que apoyarse para existir. Un accidente es, por el contrario, algo que no se sustenta en sí mismo, sino que a su naturaleza corresponde sustentarse en otro; es decir, en la sustancia.
La conversión que se pide no es sólo de la sustancia, sino de toda la sustancia. Además, se afirma la conversión de la sustancia del pan y del vino en la sustancia del Cuerpo y Sangre.
3.- “Especies”
3.- “Especies”
Se prefiere el uso de “especies” al de “accidentes” o “apariencias”, pues es el término ya usado por los Padres en anteriores concilios (Letrán IV y Florencia).
Especies son aquellas propiedades de las cosas que las hacen accesibles a nuestros sentidos y califican y manifiestan una sustancia: cantidad, extensión, color, sabor, peso.
Santo Tomás adscribió la cantidad a los accidentes, con lo que todo aquello que su filosofía entiende por accidentes es precisamente lo que constituye el campo de las ciencias físicas y de los fenómenos observables.
Sustancia y especie están siempre de por sí unidas. Cambiada la sustancia, cambian las especies; pero un cambio límite de las especies cambia también la sustancia.
No es tan exacto hablar de “apariencias” como de “especies”; como si se quisiera subrayar la no existencia de las especies, que serían sólo apariencias.
4.- “Transustanciación”
El término “transubstanciación” o “transustanciación” fue utilizado en Trento con cierta polémica ya que Lutero lo despreciaba. Algunos Padres conciliares quisieron cambiarlo en el último momento por la expresión conversión sacramental. El teólogo jesuita Diego Lainez (s. XVI), defendió la elección de la palabra “transustanciación”, con este argumento:
“Aunque la palabra parezca nueva, siempre se dio según la costumbre de la Iglesia… Dicha palabra fue usada en el Lateranense IV y los mismos Santos Padres afirman con sus expresiones el mismo concepto cuando dicen que el pan cambia (transmutari) en el Cuerpo de Cristo, o que el pan se convierte (fit) en Cuerpo de Cristo, u otras palabras similares…”
Pertenecen al contenido de la definición las siguientes afirmaciones:
4.- “Transustanciación”
El término “transubstanciación” o “transustanciación” fue utilizado en Trento con cierta polémica ya que Lutero lo despreciaba. Algunos Padres conciliares quisieron cambiarlo en el último momento por la expresión conversión sacramental. El teólogo jesuita Diego Lainez (s. XVI), defendió la elección de la palabra “transustanciación”, con este argumento:
“Aunque la palabra parezca nueva, siempre se dio según la costumbre de la Iglesia… Dicha palabra fue usada en el Lateranense IV y los mismos Santos Padres afirman con sus expresiones el mismo concepto cuando dicen que el pan cambia (transmutari) en el Cuerpo de Cristo, o que el pan se convierte (fit) en Cuerpo de Cristo, u otras palabras similares…”
Sentido de la definición
Pertenecen al contenido de la definición las siguientes afirmaciones:
Después de la consagración, en virtud de las palabras del Señor, no se da ya la sustancia del pan y del vino.
Se ha dado una conversión total de la sustancia del pan y del vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo.
Quedan sólo las especies del pan y del vino.
La definición de Trento se puede explicar a nivel simple con este razonamiento:
La definición de Trento se puede explicar a nivel simple con este razonamiento:
Según las palabras del Señor, claramente expresadas y así manifestadas por la Iglesia en su fe, el pan ya no es pan, sino el Cuerpo de Cristo; y el vino ya no es vino, sino la Sangre de Cristo: de fe.
Dado que, según el principio de no contradicción, una cosa no puede ser al mismo tiempo dos, una sustancia no puede ser a la vez dos sustancias y, sin embargo, para nuestros sentidos el pan y el vino permanecen tales: así nos lo enseña la razón.
Es preciso admitir que la única forma de salvaguardar la verdad de las palabras del Señor es la afirmación del cambio de la sustancia del pan y del vino y la permanencia de las especies: es una conclusión de fe y lógica.
Cuando yo veo la Hostia consagrada, veo su forma, su color y todas las apariencias exteriores: son las apariencias de pan, pero la fe me dice que la sustancia ya no es pan, sino el Cuerpo de Cristo. Las apariencias permanecen, y siguen ocultando la sustancia.
Jesús en la Hostia consagrada está bajo la figura, dimensiones, forma y apariencias del pan. De ahí se deduce que cuando tocamos la Hostia, no tocamos la carne en sí misma, como pudieron hacer los apóstoles durante su vida pública.
Como nos dice Santo Tomás de Aquino:
“Ningún ojo corporal puede ver el Cuerpo de Cristo en el sacramento… el Cuerpo de Cristo está en el sacramento al modo de la sustancia; y la sustancia, en cuanto tal, no es visible al ojo humano ni cae bajo sentido alguno ni en la imaginación… el Cuerpo sacramental de Cristo no es perceptible ni por los sentidos ni por la imaginación, sino sólo por el entendimiento”.[4]
Todos los accidentes se sustentan en la sustancia; el primero de todos, la cantidad (que es el primer accidente que adviene a la materia), y después, todos los demás. En la Eucaristía, al desaparecer la sustancia de pan, Dios conserva la existencia de la cantidad dimensiva, que sirve de sujeto sustentador de los demás accidentes. Es por ello que la transustanciación es una conversión que sólo la omnipotencia divina puede realizar.[5]
No repugna a la razón que los accidentes puedan permanecer sin la propia sustancia, adhiriéndose a la cantidad. En este caso, la sustancia del pan y del vino cambia en otra realidad y los accidentes del pan y del vino quedan, adhiriéndose a su cantidad. Esta teoría filosófica que era obvia al razonamiento de los teólogos y de los Padres del concilio de Trento, no está comprendida en la definición dogmática.
En cuanto a la valoración de esta doctrina de que las especies permanecen sin sujeto, todos los teólogos están de acuerdo en considerarla teológicamente cierta, o, por lo menos doctrina católica. Tal como nos dice B. Franzelin, la tesis de los accidentes tuvo en el concilio de Trento un papel subsidiario, para mejor explicar el hecho de la conversión sustancial.[6]
Cuando yo veo la Hostia consagrada, veo su forma, su color y todas las apariencias exteriores: son las apariencias de pan, pero la fe me dice que la sustancia ya no es pan, sino el Cuerpo de Cristo. Las apariencias permanecen, y siguen ocultando la sustancia.
Jesús en la Hostia consagrada está bajo la figura, dimensiones, forma y apariencias del pan. De ahí se deduce que cuando tocamos la Hostia, no tocamos la carne en sí misma, como pudieron hacer los apóstoles durante su vida pública.
Como nos dice Santo Tomás de Aquino:
“Ningún ojo corporal puede ver el Cuerpo de Cristo en el sacramento… el Cuerpo de Cristo está en el sacramento al modo de la sustancia; y la sustancia, en cuanto tal, no es visible al ojo humano ni cae bajo sentido alguno ni en la imaginación… el Cuerpo sacramental de Cristo no es perceptible ni por los sentidos ni por la imaginación, sino sólo por el entendimiento”.[4]
Todos los accidentes se sustentan en la sustancia; el primero de todos, la cantidad (que es el primer accidente que adviene a la materia), y después, todos los demás. En la Eucaristía, al desaparecer la sustancia de pan, Dios conserva la existencia de la cantidad dimensiva, que sirve de sujeto sustentador de los demás accidentes. Es por ello que la transustanciación es una conversión que sólo la omnipotencia divina puede realizar.[5]
No repugna a la razón que los accidentes puedan permanecer sin la propia sustancia, adhiriéndose a la cantidad. En este caso, la sustancia del pan y del vino cambia en otra realidad y los accidentes del pan y del vino quedan, adhiriéndose a su cantidad. Esta teoría filosófica que era obvia al razonamiento de los teólogos y de los Padres del concilio de Trento, no está comprendida en la definición dogmática.
En cuanto a la valoración de esta doctrina de que las especies permanecen sin sujeto, todos los teólogos están de acuerdo en considerarla teológicamente cierta, o, por lo menos doctrina católica. Tal como nos dice B. Franzelin, la tesis de los accidentes tuvo en el concilio de Trento un papel subsidiario, para mejor explicar el hecho de la conversión sustancial.[6]


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