La Virgen María nos enseña que, el acercarse a Dios, es un proceso permanente; un movimiento del alma que ha de durar toda la vida, y que el medio para caminar hacia él es la oración.
¡Virgen María! Sé para nosotros roca de valentía y fidelidad, humilde joven de Nazaret, gloriosa Reina del mundo. Ofrece nuestra oración al Verbo de Dios que, convirtiéndose en Hijo tuyo, se hizo hermano nuestro.
Que gracias a tu valiosísima intercesión, todo el pueblo de Dios y en particular nuestra amada Iglesia Católica, “reme mar adentro” hacia la santidad, que constituye la condición decisiva para todo apostolado fecundo. Madre de misericordia y de paz, Inmaculada Madre de Dios, ¡ruega por nosotros! Amén.


No hay comentarios:
Publicar un comentario