La Virgen María nos enseña que, el acercarse a Dios, es un proceso permanente; un movimiento del alma que ha de durar toda la vida, y que el medio para caminar hacia él es la oración.
¡Oh Virgen María!, a Ti encomendamos a los jóvenes llamados a seguir más de cerca de tu Hijo.
Tú conoces cuántas dificultades tienen ellos que afrontar, cuántas luchas, cuántos obstáculos.
Ayúdalos para que también ellos pronuncien su “sí” a la llamada divina, como tú hiciste a la invitación del Ángel Gabriel.
Atráelos a tu corazón, para que puedan comprender contigo la hermosura y la alegría que les espera. Amén.


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