jueves, 4 de octubre de 2018

HIMNO LAUDES - TE DOY GRACIAS SEÑOR

TIEMPO ORDINARIO
VIERNES DE LA SEMANA XXVI
De la Feria. Salterio II
05 de Octubre

Himno: TE DOY GRACIAS SEÑOR.

Te doy gracias, Señor.
¡Tanto estabas enojado conmigo!
Tú eres un Dios de amor,
y ahora soy tu amigo,
te busco a cada instante y te persigo.

Eres tú mi consuelo,
tú eres el Dios que salva y da la vida;
eres todo el anhelo
de esta alma que va herida,
ansiándote sin tasa ni medida.

En mi tierra desierta,
tú de la salvación eres la fuente;
eres el agua cierta
que se vuelve torrente,
y el corazón arrasa dulcemente.

¡Quiero escuchar tu canto!
¡Que tu Palabra abrase mi basura
con alegría y llanto!
¡Que mi vida futura
espejo sea sin fin de tu hermosura! Amén.

EVANGELIO - SAN LUCAS 10,13-16

TIEMPO ORDINARIO
VIERNES DE LA SEMANA XXVI
05 de Octubre

    Libro de Job 38,1.12-21.40,3-5.

    El Señor respondió a Job desde la tempestad, diciendo: «¿Has mandado una vez en tu vida a la mañana, le has indicado su puesto a la aurora, para que tome a la tierra por los bordes y sean sacudidos de ella los malvados?
    Ella adquiere forma como la arcilla bajo el sello y se tiñe lo mismo que un vestido:entonces, a los malvados se los priva de su luz y se quiebra el brazo que se alzaba.
    ¿Has penetrado hasta las fuentes del mar y has caminado por el fondo del océano?
    ¿Se te han abierto las Puertas de la Muerte y has visto las Puertas de la Sombra?
    ¿Abarcas con tu inteligencia la extensión de la tierra? Indícalo, si es que sabes todo esto.
    ¿Por dónde se va adonde habita la luz y dónde está la morada de las tinieblas, para que puedas guiarla hasta su dominio y mostrarle el camino de su casa?
    ¡Seguro que lo sabes, porque ya habías nacido y es muy grande el número de tus días!
    Y Job respondió al Señor: ¡Soy tan poca cosa!  ¿Qué puedo responderte? Me taparé la boca con la mano.
    Hablé una vez, y no lo voy a repetir; una segunda vez, y ya no insistiré.»



Salmo 139(138),1-3.7-8.9-10.13-14ab.

Señor, tú me sondeas y me conoces,
tú sabes si me siento o me levanto;
de lejos percibes lo que pienso,
te das cuenta si camino o si descanso,
y todos mis pasos te son familiares.

¿A dónde iré para estar lejos de tu espíritu? 
¿A dónde huiré de tu presencia?
Si subo al cielo, allí estás tú;
si me tiendo en el Abismo, estás presente.

Si tomara las alas de la aurora 
y fuera a habitar en los confines del mar,
también allí me llevaría tu mano
y me sostendría tu derecha.

Tú creaste mis entrañas, 
me plasmaste en el seno de mi madre:
te doy gracias porque fui formado
de manera tan admirable.



    Evangelio según San Lucas 10,13-16.

    ¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza.
    Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
    Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.
    El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió".

Palabra del Señor

Fuente: ⒸEvangelizo.org


MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - "Quien a vosotros rechaza a mí me rechaza"

TIEMPO ORDINARIO
VIERNES DE LA SEMANA XXVI
05 de Octubre

     San Francisco de Sales Sermón: La fuente de la incredulidad

«Quien a vosotros rechaza a mí me rechaza» (Lc 10,10)

    «Si en Tiro y en Sidón hubieran sido hechos los milagros que en vosotros se han hecho, tiempo ha que hubieran hecho penitencia.» Lc 10, 13

    La gran fuente de incredulidad son el orgullo y la vanidad. Es propio del orgullo arrastrar a las almas a toda clase de males, pero sobre todo a aquellos que nos hacen aferrarnos de tal modo al propio juicio, que nos obstinamos en no someterlo a nadie, por autoridad que pueda tener sobre nosotros.

    Esta vanidad de estimar tanto el propio juicio, lleva a la incredulidad y a desestimar el juicio de los demás y nos hace razonar así: ¿Por qué he de sujetarme a creer que lo que me dicen es cierto? ¿Es que yo no entiendo y no sé como los demás?

    ¡Dios mío, en qué peligro están las almas que se dejan llevar así por su propio juicio estimándolo tan alto! Porque la pasión nos lleva hasta la obstinación.

    Es cierto que nuestra fe no es palpable y que no depende de los sentidos. Es un don de Dios que Él infunde en el alma humilde, porque la fe no habita en quien está lleno de orgullo. Hay que tener humildad para recibir ese rayo de luz divina, que es don puramente gratuito.

    Escuchad cómo hablaba el Salvador a los fariseos: «¿Cómo vais a poder creer vosotros que estáis hinchados de vanagloria y de propia estima?.» Es un gran mal el dejarse arrastrar de esa forma, porque los teólogos enseñan que cuando cedemos a las pasiones, ellas nos conducen hasta el pecado. Tener las pasiones agitadas no es pecado, pero es cosa muy diferente seguir los sentimientos de ellas. Por ejemplo, despecharse y obstinarse después: eso sí que es pecado.

    Y es así; ¿por qué?, para que así veamos la infinita misericordia de Dios, comparándola con la miseria del pecador. En efecto, dice la Escritura: «Que Dios hace su trono de nuestra miseria.» (Salmos 92 y 137).

LETANÍA A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA



    Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas.
Por Cristo nuestro Señor. Amén

REFLEXIÓN - ESTAD SIEMPRE ALEGRES EN EL SEÑOR

TIEMPO ORDINARIO
VIERNES DE LA SEMANA XXVI
De la Feria. Salterio II
05 de Octubre

      Del Tratado de san Ambrosio, obispo, sobre la carta a los Filipenses
      (PLS 1, 617-618)

ESTAD SIEMPRE ALEGRES EN EL SEÑOR

    Como acabáis de escuchar en la lectura de hoy, amados hermanos, la misericordia divina, para bien de nuestras almas, nos llama a los goces de la felicidad eterna, mediante aquellas palabras del Apóstol: Estad siempre alegres en el Señor. Las alegrías de este mundo conducen a la tristeza eterna, en cambio, las alegrías que son según la voluntad de Dios durarán siempre y conducirán a los goces eternos a quienes en ellas perseveren. Por ello añade el Apóstol: Otra vez os lo digo: Estad alegres.


    Se nos exhorta a que nuestra alegría, según Dios y según el cumplimiento de sus mandatos, se acreciente cada día más y más, pues cuanto más nos esforcemos en este mundo por vivir entregados al cumplimiento de los mandatos divinos, tanto más felices seremos en la otra vida y tanto mayor será nuestra gloria ante Dios.

    Que vuestra bondad sea conocida de todos, es decir, que vuestra santidad de vida sea patente no sólo ante Dios, sino también ante los hombres; así seréis ejemplo de modestia y sobriedad para todos los que en la tierra conviven con vosotros y vendréis a ser también como una imagen del bien obrar ante Dios y ante los hombres.

    El Señor está cerca; no os inquietéis por cosa alguna: El Señor está siempre cerca de los que lo invocan sinceramente, es decir, de los que acuden a él con fe recta, esperanza firme y caridad perfecta; él sabe, en efecto, lo que vosotros necesitáis ya antes de que se lo pidáis; él está siempre dispuesto a venir en ayuda de las necesidades de quienes lo sirven fielmente. Por ello no debemos preocuparnos desmesuradamente ante los males que pudieran sobrevenirnos, pues sabemos que Dios, nuestro defensor, no está lejos de nosotros, según aquello que se dice en el salmo: El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor. Si nosotros procuramos observar lo que él nos manda, él no tardará en darnos lo que prometió.

    En toda necesidad presentad a Dios vuestras peticiones mediante la oración y la súplica, acompañadas con la acción de gracias, no sea que, afligidos por la tribulación, nuestras peticiones sean hechas -Dios no lo permita- con tristeza o estén mezcladas con murmuraciones; antes, por el contrario, oremos con paciencia y alegría, dando continuamente gracias a Dios por todos sus beneficios.

GAUDETE ET EXSULTATE



    177. Espero que estas páginas sean útiles para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad. Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 19 de marzo, Solemnidad de San José, del año 2018, sexto de mi Pontificado.

LA TRANSUSTANCIACIÓN EUCARÍSTICA



Un poco de historia

    Ahora bien, ¿cómo se produce esa conversión del pan y vino en su Cuerpo y Sangre? En un principio los Santos Padres se limitaban a transmitir el contenido de la fe sin preocuparse de dar una explicación racional. Los Padres hablan de la presencia real y de la conversión de la sustancia del pan y de la sustancia del vino en el Cuerpo y en la Sangre del Señor, y exponen sencillas comparaciones que hagan más accesible la doctrina.

    San Justino (s. II) hablando de la Eucaristía dice:
Este alimento se llama entre nosotros ´Eucaristía´, del cual a ningún otro es lícito participar, sino al que cree que nuestra doctrina es verdadera, ya que ha sido purificado por el bautismo para el perdón de los pecados y para la regeneración; y que vive como Cristo enseñó. Estas cosas no las tomamos como pan ordinario ni como bebida ordinaria, sino que así como por el Verbo de Dios, que se encarnó, tomó carne y sangre para nuestra salvación, así también se nos ha enseñado que el alimento eucaristizado es la carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó”.[1]

    San Ireneo (s. III) se pregunta cómo los herejes no admiten la resurrección de las carnes, siendo que en la Eucaristía nos alimentamos de la carne resucitada de Cristo.[2]

    San Agustín (s. IV):
“Lo que veis, queridos hermanos, en la mesa del Señor es pan y vino, pero este pan y este vino, al añadírseles la palabra, se convierten en Cuerpo y Sangre de Cristo. A todo esto decís: ¡Amén! Decir amén es suscribirlo. Amén significa que es verdadero”. [3]

    Conforme la filosofía y la teología fueron avanzando, empezaron a aparecer intentos de explicación; unos, que fueron correctos y otros, que se separaron de la fe de siempre.

    En la antigüedad se dan palabras similares al término transustanciación, compuestas por el prefijo griego “meta”, y “trans”, que indican el modo y el nivel del cambio.

    En la profesión del Sínodo Romano impuesta a Berengario de Tours (s. XI) se utilizará una terminología muy bella, aunque no esté todavía en uso la palabra transustanciación:
“Yo, Berengario, creo de corazón y confieso de boca que el pan y el vino que se ponen en el altar, por el misterio de la sagrada oración y por las palabras de nuestro Redentor, se convierten sustancialmenteen la verdadera, propia y vivificante carne y sangre de Jesucristo Nuestro Señor, y que después de la consagración son el verdadero cuerpo de Cristo que nació de la Virgen y que, ofrecido por la salvación del mundo, estuvo pendiente en la cruz y está sentado a la diestra del Padre; y la verdadera sangre de Cristo, que se derramó de su costado, no sólo por el signo y virtud del sacramento, sino en la propiedad de la naturaleza y verdad de la sustancia, como en este breve se contiene, y yo he leído y vosotros entendéis. Así lo creo y en adelante no enseñaré contra esta fe. Así Dios me ayude y estos santos Evangelios de Dios” (DS 700).

    Para algunos, el primero en usar la palabra transustanciación fue Etienne de Baugè (s. XII); para otros se habría tratado de Hildebert de Lavardin, en el mismo siglo XII. Pero fueron Rolando Bandinelli, futuro Alejandro III (s. XII), y posteriormente Inocencio III (s. XIII), quienes difundieron este término a la hora de profundizar en el “modo” de la conversión eucarística.

    En el IV concilio de Letrán (a. 1215) se ofrece una definición de la Eucaristía en la que aparece el verbo “transsubstantis”, para hacer referencia a la conversión que ocurre en el pan y en el vino.

    Y en una línea similar estarían el concilio de Lyon (a. 1274), el concilio de Constanza (a. 1414) y el concilio de Florencia (a. 1438).

    Posteriormente, el concilio de Trento recogería y declararía como dogma de fe esta conversión eucarística en la sesión XIII, y señalaría como “aptísimo” el término transustanciación para referirse al proceso de conversión eucarística.

    “Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo concilio: por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transustanciación (DS 1642); “…permaneciendo solamente las especies de pan y vino…” (DS. 1652).

    La transustanciación eucarística es propuesta como exigencia de la revelación y del realismo expresados por las palabras de Jesús en la Última Cena cuando dice: “esto es mi Cuerpo…”. Tal es la persuasión de la Iglesia desde siempre, confirmada ahora por la definición del concilio de Trento:

    “Si alguno dijere que en el sacrosanto sacramento de la Eucaristía permanece la sustancia del pan y del vino juntamente con el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, y negare aquella maravillosa y singular conversión de toda la sustancia del pan en el Cuerpo y de toda la sustancia del vino en la Sangre, permaneciendo sólo las especies de pan y vino; conversión que la Iglesia Católica aptísimamente llama transustanciación, sea anatema”.

    El dato de fe es claro: lo que antes era pan ya no lo es -aunque se conserven sus apariencias- sino el Cuerpo de Cristo; y lo que antes era vino ya no lo es, sino la Sangre de Cristo.


[1] San Justino, Apología 1, 65 ss.

[2] San Ireneo, Adversus Haereses. 4,18; PG 7,1027.

[3] San Agustín, Sermón 6,3.

SANTORAL - SANTA FAUSTINA KOWALSKA

TIEMPO ORDINARIO
VIERNES DE LA SEMANA XXVI
05 de Octubre


    "A las almas que propagan la devoción a mi misericordia, las protejo durante su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas el juez, sino el Salvador Misericordioso”, le dijo el Señor de la Divina Misericordia a su servidora Santa Faustina Kowalska, cuya fiesta es el 5 de octubre.

    Santa Faustina nació en Polonia en 1905. El día que fue a recibir la Primera Comunión, besó las manos de sus padres para demostrar su pena por haberles ofendido. Solía ayudar en casa con los quehaceres de la cocina, ordeñando vacas y cuidando de sus hermanos. Asistió a la escuela, pero sólo pudo completar tres trimestres porque se dio la orden de que los estudiantes mayores tenían que salir para dar cabida a los niños menores.

    A los 15 años empezó a trabajar como empleada doméstica y sintió con más fuerza el llamado a la vocación religiosa. Le contó esta inquietud a sus padres en varias ocasiones, pero ellos se opusieron. Es así que se entrega a las vanidades de la vida, sin hacer caso del llamado que experimentaba, hasta que escuchó la voz de Jesús que le pidió dejarlo todo e ir a Varsovia para que entre en un convento. Sin despedirse personalmente de sus padres, va a Varsovia con un solo vestido. Allá habló con un sacerdote, quien le consigue hospedaje en casa de una feligresa. Tocaba las puertas de varios conventos, pero era rechazada.

    Fue recibida en la Casa Madre de la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, pero antes tuvo que trabajar como doméstica un año para pagar su ingreso. A las pocas semanas tuvo la tentación de dejar el convento y tuvo una visión en la que Jesús se le apareció con su rostro destrozado y cubierto de llagas. Ella le preguntó: "Jesús, ¿quién te ha herido tanto?". El Señor le contestó: "Esto es el dolor que me causarías si te vas de este convento. Es aquí donde te he llamado y no a otro; y tengo preparadas para ti muchas gracias." Más adelante fue enviada al noviciado, tomó el hábito religioso y llegó a pronunciar sus primeros votos y los perpetuos. Entre sus hermanas sirvió como cocinera, jardinera y hasta de portera.

    A esta sencilla mujer, recogida y piadosa, pero a la vez alegre y caritativa, se le apareció Jesús en diversas ocasiones mostrándole la infinidad de su amor misericordioso por la humanidad. Asimismo, Dios le concedió estigmas ocultos, dones de profecía, revelaciones y la Coronilla de la Divina Misericordia.

    “Ni las gracias ni las revelaciones, ni los éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hacen perfecta, sino la comunión interior del alma con Dios... Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios”, escribió una vez.

    El 5 de octubre de 1938, después de largos sufrimientos soportados con gran paciencia, partió a la Casa del Padre. En el 2000 fue canonizada por su compatriota San Juan Pablo II, quien estableció el segundo domingo de Pascua como el “Domingo de la Misericordia Divina”.

Oremos
   
     Oh Jesús,que hiciste de Santa Faustina una gran devota de tu infinita misericordia, concédeme por su intercesión, si fuese esto conforme a tu santísima voluntad, la gracia que te pido. Yo, pecador, no soy digno de tu misericordia, pero dígnate mirar el espíritu de entrega y sacrificio de Sor Faustina y recompensa sus virtudes atendiendo las súplicas que a través de ella te presento confiando en Ti.

Fuente: © ACI Prensa