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miércoles, 9 de enero de 2019

LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS



    Ayer visité a un amigo que está enfermo. Tiene unos dolores muy fuertes en el pecho producto de la inflamación de los nervios. Como todo enfermo, me dio la definición de su enfermedad que le dieron los médicos (y que yo siempre me olvido, porque siempre son palabras técnicas muy raras). Estuvimos charlando un largo rato con el y su esposa: ambos son docentes y hacen música cristiana. Me habían pedido que les llevara la comunión ya que no podían asistir a la Misa del domingo. Yo llevé también los aceites y el ritual, decidido a celebrar también otro sacramento: el del consuelo de los enfermos. Cuando le sugerí recibir la Unción de los Enfermos el sonrió. Me comentó que en sus trabajos apostólicos como misionero se la había sugerido a muchos enfermos, pero que no la había pensado para él en ese momento. Entonces recordamos un ratito entre los tres el significado de este sacramento y luego lo celebramos.
    
    La primera reacción que tiene el general de los católicos frente a este tema es negativa. Se piensa en la Unción de los Enfermos como la “extremaunción” (nombre que se le daba hasta los años 60 del siglo pasado). La consecuencia es que, cuando llega el sacerdote con los aceites, es signo de que ya se está moribundo. Por eso los familiares nos llaman cuando los enfermos están inconscientes, “para que no se asusten”. Con esto se pierden del fruto sacramental más importante: el consuelo y la fortaleza espiritual que da la presencia del Señor Resucitado en el corazón y en la vida.

    Meditemos juntos sobre el tema. Empecemos por la Biblia. Los Evangelios nos muestran la actitud cercana y compasiva de Jesús hacia los enfermos. Las citas serían largas, así que los invito a tomar alguno de los evangelios y buscarlas por cuenta propia. En un momento, cuando envía a sus apóstoles a su primera misión, también les da esta orden: “sanad a los enfermos” (Mt 10,8). Una tarea que, ya en tiempos apostólicos, se fue realizando con un rito propio:

    “¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados.” (St 5,14-15)

    Notemos como en este texto se habla de salvación espiritual y sanación corporal.

    Con el tiempo este rito y las oraciones que lo acompañaban se fueron fijando. No nos detendremos en la historia. Simplemente les quiero compartir como se realiza hoy y, luego, detenerme en las cuatro oraciones que hablan de cuatro destinatarios distintos.

    El rito comienza con un saludo inicial y una referencia al texto de la Carta de Santiago anteriormente citado. Luego se hace un acto penitencial para pedir perdón de los pecados. A continuación se proclama la Palabra de Dios y se hace una oración litánica pidiendo por el enfermo y por quienes están al cuidado de su salud que finaliza con la imposición de manos por parte del presbítero (sacerdote). Inmediatamente se hace una oración de bendición a Dios por su obra de salvación y pidiendo por quién será ungido. Llega el momento central de la celebración: allí se unge con el óleo de los enfermos de esta manera:

    (Se unge la frente y se dice) “Por esta santa unción, y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, Amén. (Se ungen las manos y se continúa) Para que libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. Amén.”

    Terminada la unción se hace una oración de petición, se reza el Padrenuestro y se da la bendición final. La oración de petición se elige según el estado del destinatario. Se las transcribo, empezando por la última, la cual se reza cuando el que recibe la unción está agonizante:

    “Dios, Padre bueno, tú conoces la buena voluntad de cada hombre y estás siempre dispuesto a olvidar nuestros pecados y a perdonarlos por tu misericordia; compadécete de tu hijo(a) (N), que ahora lucha en su última agonía. Ungido(a) con el óleo santo y ayudado(a) por nuestra oración hecha con fe, reciba consuelo y alivio, obtenga el perdón de sus pecados y se sienta fortalecido(a) con los dones de tu amor. Por Jesucristo tu Hijo, vencedor de la muerte, que nos ha abierto las puertas de la gloria, y contigo vive y reina por los siglos de los siglos.” Amén.

    Para quién está en peligro inminente de muerte, la oración que es esta:

    “Señor Jesucristo, redentor de todos los hombres, que en tu pasión sobrellevaste nuestros dolores y soportaste nuestros sufrimientos, te pedimos humildemente por nuestro(a) hermano(a) (N), enfermo(a). Tú que lo has redimido, confórtalo(a) ahora también con la esperanza de su salvación y ayúdalo(a) en los sufrimientos de su cuerpo y en las angustias de su alma. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.” Amén.

    Pero la Unción no es solamente para aquellos que ya están a la puertas de la muerte. Hay otros dos casos que deberían ser más frecuentes en la recepción de este sacramento. La vejez no es sinónimo de enfermedad. Pero como los achaques propios de la vida nos hacen débiles y necesitados del consuelo y la fortaleza del Señor, entonces también se le puede dar la Unción a un anciano(a). En ese caso la oración será:

    “Señor, mira con bondad a nuestro(a) hermano(a) (N), que, sintiéndose débil a causa de sus años, deseaba recibir la santa Unción para bien de su cuerpo y de su alma. Que la gracia del Espíritu Santo lo(a) conforte, y así persevere firme en la fe y seguro(a) en su esperanza; que dé a todos ejemplo de paciencia y sea, para nosotros, un reflejo de aquella alegría que es fruto de tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.” Amén.

    El último caso que les presentamos, que en el ritual es la oración que está en primer lugar, es el caso del enfermo grave que, a causa de su enfermedad, quiere fortalecer su fe y esperanza, pero también restablecerse para volver a sus actividades cotidianas.

    “Te rogamos, Redentor nuestro, que, con la gracia del Espíritu Santo, cures la debilidad de este enfermo, sanes sus heridas y perdones sus pecados. Aparta de él todo cuanto pueda afligir su alma y su cuerpo; por tu misericordia devuélvele la perfecta salud espiritual y corporal, para que, restablecido por tu bondad, pueda volver al cumplimiento de sus acostumbrados deberes. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos”. Amén.

    Esta última debería ser la celebración más frecuente. Es la oración que hicimos para mi amigo. Después de rezar juntos, seguimos conversando un rato largo, mate de por medio. En la charla surgieron proyectos para hacer juntos en cuestiones de música y viajes… Por eso quiero volver a hacerles la propuesta de Santiago: “¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados.”

Fuente: Fabián Castro


domingo, 18 de febrero de 2018

LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

Papa Francisco: no tengáis miedo
 a la Unción de Enfermos


El Papa afirma que no hay que hacer un "tabú" de este sacramento, 
"es Dios que viene a consolar y dar fuerzas en el dolor"

    Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

    Hoy quisiera hablaros del Sacramento de la Unción de Enfermos que nos permite tocar con la mano la compasión de Dios por el hombre. En el pasado se le llamaba “Extrema unción”, porque se entendía como el consuelo espiritual previo a la muerte. Hablar, sin embargo, de la “Unción de los enfermos” nos ayuda a ampliar la mirada a la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, en el horizonte de la misericordia de Dios.

    1. Hay una imagen bíblica que expresa con toda su profundidad el misterio que surge de la Unción de los enfermos: es la parábola del “buen samaritano” en el Evangelio de Lucas (10, 30-35). Cada vez que celebramos este Sacramento, el Señor Jesús, en la persona del sacerdote, se acerca a quien sufre o está gravemente enfermo, o anciano. Dice la parábola que el buen samaritano cuida al hombre que sufre lavando sus heridas con aceite y vino. El aceite nos hace pensar en el que bendice el obispo cada año, en la Misa crismal del Jueves Santo, destinado para la Unción de los enfermos. El vino, sin embargo, es signo del amor y de la gracia de Cristo que surgen de la donación de su vida por nosotros y que se expresa en toda su riqueza en la vida sacramental de la Iglesia. Finalmente la persona que sufre es confiada a un posadero para que pueda continuar cuidándolo, sin importar los gastos. ¿Quién es este posadero? Es la Iglesia, la comunidad cristiana, somos nosotros, a los que todos los días Jesús confía a los que están afligidos en el cuerpo y en el espíritu, para que podamos continuar vertiendo en ellos, sin medida, toda su misericordia y su salvación.

    2. Este mandato se afirma de forma explícita y precisa en la carta de Santiago, donde se recomienda: “Quien está enfermo, llame a los sacerdotes de la Iglesia y que estos recen por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor. Y la oración hecha con fe, salvará al enfermo: el Señor lo aliviará y, si ha cometido pecados, le serán perdonados” (5, 14-15). Se trata de una práctica que ya se realizaba en la época de los Apóstoles. Jesús, de hecho, enseñó a sus discípulos a tener su misma predilección por los enfermos y los que sufren y les transmitió la capacidad y el deber de continuar a donar en su nombre y según su corazón el alivio y la paz, a través de la gracia especial de este Sacramento. Esto no debe hacernos caer en la búsqueda obsesiva del milagro en la presunción de poder obtener siempre y en todo lugar la curación. Sino que es la seguridad de la cercanía de Jesús al enfermo y al anciano. Porque cada anciano, cada persona mayor de 65 años puede recibir este Sacramento. Es Jesús quien se acerca. Cuando con un enfermo se piensa: ¿llamamos al sacerdote? Hay quien dice: ‘No, que trae mala suerte… No, no lo llamamos’. O ‘Se asustará el enfermo’. Porque existe esta idea de que detrás del sacerdote viene la pompa fúnebre. ¡Esto no es verdad! El sacerdote viene para ayudar al enfermo o al anciano. Por esto es muy importante la visita de los sacerdotes a los enfermos. Llamadlos para que les den la unción y los bendiga. Porque es Jesús quien llega para aliviarlos, para darles fuerzas, para darles esperanza, para ayudarles y para perdonarles los pecados ¡Esto es bellísimo! No penséis que esto es un tabú. Porque es bello saber que en el momento del dolor y de la enfermedad nosotros no estamos solos. El sacerdote y los que están presentes mientras se realiza la Unción de enfermos representan a toda la comunidad cristiana que como un único Cuerpo con Jesús rodea a todo el que sufre y a sus familiares, alimentando en ellos la fe y la esperanza, sosteniéndolos con la oración y con el calor fraterno.

    El consuelo más grande llega con el hecho de quien se hace presente en este Sacramento es el mismo Jesús que nos toma de la mano, nos acaricia, como hacía con los enfermos, y nos recuerda que le pertenecemos a quien ni el mal ni la muerte podrá separarnos de Él. Tengamos esta costumbre de llamar al sacerdote para que a nuestros enfermos, no digo a quien tiene una gripe de tres o cuatro días, sino a quien tiene una enfermedad seria y a nuestros ancianos, para que venga y les dé este sacramento, este consuelo, esta fuerza de Jesús para seguir hacia delante. ¡Hagámoslo! ¡Gracias!

    "Con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los presbíteros , toda la Iglesia entera encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado para que los alivie y los salve. Incluso los anima a unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo; y contribuir, así, al bien del Pueblo de Dios" (LG 11)(CEC 1499).

Fuente: Aleteia

martes, 3 de enero de 2017

CATEQUESIS SOBRE LOS SACRAMENTOS - LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

CAPÍTULO SEGUNDO
LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN


    1525 Así, como los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía constituyen una unidad llamada "los sacramentos de la iniciación cristiana", se puede decir que la Penitencia, la Santa Unción y la Eucaristía, en cuanto viático, constituyen, cuando la vida cristiana toca a su fin, "los sacramentos que preparan para entrar en la Patria" o los sacramentos que cierran la peregrinación.


lunes, 2 de enero de 2017

CATEQUESIS SOBRE LOS SACRAMENTOS - LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

CAPÍTULO SEGUNDO
LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN


    1524 A los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece, además de la Unción de los enfermos, la Eucaristía como viático. Recibida en este momento del paso hacia el Padre, la Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene una significación y una importancia particulares. Es semilla de vida eterna y poder de resurrección, según las palabras del Señor: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día" (Jn 6,54). Puesto que es sacramento de Cristo muerto y resucitado, la Eucaristía es aquí sacramento del paso de la muerte a la vida, de este mundo al Padre (Jn 13,1).


domingo, 1 de enero de 2017

CATEQUESIS SOBRE LOS SACRAMENTOS - LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

CAPÍTULO SEGUNDO
LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN


    1523 Una preparación para el último tránsito. Si el sacramento de la unción de los enfermos es concedido a todos los que sufren enfermedades y dolencias graves, lo es con mayor razón "a los que están a punto de salir de esta vida" (in exitu viae constituti; Concilio de Trento: DS 1698), de manera que se la llamado también sacramentum exeuntium ("sacramento de los que parten"; ibid.). La Unción de los enfermos acaba de conformarnos con la muerte y resurrección de Cristo, como el Bautismo había comenzado a hacerlo. Es la última de las sagradas unciones que jalonan toda la vida cristiana; la del Bautismo había sellado en nosotros la vida nueva; la de la Confirmación nos había fortalecido para el combate de esta vida. Esta última unción ofrece al término de nuestra vida terrena un escudo para defenderse en los últimos combates antes entrar en la Casa del Padre (cf ibid.: DS 1694).


sábado, 31 de diciembre de 2016

CATEQUESIS SOBRE LOS SACRAMENTOS - LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

CAPÍTULO SEGUNDO
LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN


    1522 Una gracia eclesial. Los enfermos que reciben este sacramento, "uniéndose libremente a la pasión y muerte de Cristo, contribuyen al bien del Pueblo de Dios" (LG 11). Cuando celebra este sacramento, la Iglesia, en la comunión de los santos, intercede por el bien del enfermo. Y el enfermo, a su vez, por la gracia de este sacramento, contribuye a la santificación de la Iglesia y al bien de todos los hombres por los que la Iglesia sufre y se ofrece, por Cristo, a Dios Padre.

jueves, 29 de diciembre de 2016

CATEQUESIS SOBRE LOS SACRAMENTOS - LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

CAPÍTULO SEGUNDO
LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN


    1520 Un don particular del Espíritu Santo. La gracia primera de este sacramento es un gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, especialmente tentación de desaliento y de angustia ante la muerte (cf. Hb 2,15). Esta asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu quiere conducir al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si tal es la voluntad de Dios (cf Concilio de Florencia: DS 1325). Además, "si hubiera cometido pecados, le serán perdonados" (St 5,15; cf Concilio de Trento: DS 1717).


lunes, 26 de diciembre de 2016

CATEQUESIS SOBRE LOS SACRAMENTOS - LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

CAPÍTULO SEGUNDO
LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN


    1517 Como en todos los sacramentos, la Unción de los enfermos se celebra de forma litúrgica y comunitaria (cf SC 27), que tiene lugar en familia, en el hospital o en la iglesia, para un solo enfermo o para un grupo de enfermos. Es muy conveniente que se celebre dentro de la Eucaristía, memorial de la Pascua del Señor. Si las circunstancias lo permiten, la celebración del sacramento puede ir precedida del sacramento de la Penitencia y seguida del sacramento de la Eucaristía. En cuanto sacramento de la Pascua de Cristo, la Eucaristía debería ser siempre el último sacramento de la peregrinación terrenal, el "viático" para el "paso" a la vida eterna.


domingo, 25 de diciembre de 2016

CATEQUESIS SOBRE LOS SACRAMENTOS - LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

CAPÍTULO SEGUNDO
LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN


    1516 Solo los sacerdotes (obispos y presbíteros) son ministros de la Unción de los enfermos (cf Concilio de Trento: DS 1697; 1719; CIC, can 1003; CCEO. can. 739,1). Es deber de los pastores instruir a los fieles sobre los beneficios de este sacramento. Los fieles deben animar a los enfermos a llamar al sacerdote para recibir este sacramento. Y que los enfermos se preparen para recibirlo en buenas disposiciones, con la ayuda de su pastor y de toda la comunidad eclesial a la cual se invita a acompañar muy especialmente a los enfermos con sus oraciones y sus atenciones fraternas.



jueves, 22 de diciembre de 2016

CATEQUESIS SOBRE LOS SACRAMENTOS - LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

CAPÍTULO SEGUNDO
LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN


    1513 La Constitución apostólica Sacram Unctionem Infirmorum del 30 de noviembre de 1972, de conformidad con el Concilio Vaticano II (cf SC 73) estableció que, en adelante, en el rito romano, se observara lo que sigue:

    «El sacramento de la Unción de los enfermos se administra a los gravemente enfermos ungiéndolos en la frente y en las manos con aceite de oliva debidamente bendecido o, según las circunstancias, con otro aceite de plantas, y pronunciando una sola vez estas palabras: Per istam sanctam unctionem et suam piissimam misericordiam adiuvet te Dominus gratia Spiritus Sancti, ut a peccatis liberatum te salvet atque propitius allevet ("Por esta santa unción, y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad")» (Sacram Unctionem Infirmorum; cf CIC, can. 847, §1).


miércoles, 21 de diciembre de 2016

CATEQUESIS SOBRE LOS SACRAMENTOS - LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

CAPÍTULO SEGUNDO
LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN


    1512 En la tradición litúrgica, tanto en Oriente como en Occidente, se poseen desde la antigüedad testimonios de unciones de enfermos practicadas con aceite bendito. En el transcurso de los siglos, la Unción de los enfermos fue conferida, cada vez más exclusivamente, a los que estaban a punto de morir. A causa de esto, había recibido el nombre de "Extremaunción". A pesar de esta evolución, la liturgia nunca dejó de orar al Señor a fin de que el enfermo pudiera recobrar su salud si así convenía a su salvación (cf. DS 1696).


martes, 20 de diciembre de 2016

CATEQUESIS SOBRE LOS SACRAMENTOS - LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

CAPÍTULO SEGUNDO
LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN


    1511 La Iglesia cree y confiesa que, entre los siete sacramentos, existe un sacramento especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad: la Unción de los enfermos:

«Esta unción santa de los enfermos fue instituida por Cristo nuestro Señor como un sacramento del Nuevo Testamento, verdadero y propiamente dicho, insinuado por Marcos (cf Mc 6,13), y recomendado a los fieles y promulgado por Santiago, apóstol y hermano del Señor» (Concilio de Trento: DS 1695, cf St 5, 14-15).


lunes, 19 de diciembre de 2016

CATEQUESIS SOBRE LOS SACRAMENTOS - LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

CAPÍTULO SEGUNDO
LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN


    1510 No obstante, la Iglesia apostólica tuvo un rito propio en favor de los enfermos, atestiguado por Santiago: "Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados" (St 5,14-15). La Tradición ha reconocido en este rito uno de los siete sacramentos de la Iglesia (cf DS 216; 1324-1325; 1695-1696; 1716-1717).


domingo, 18 de diciembre de 2016

CATEQUESIS SOBRE LOS SACRAMENTOS - LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

CAPÍTULO SEGUNDO
LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN

 
    1509 "¡Sanad a los enfermos!" (Mt 10,8). La Iglesia ha recibido esta tarea del Señor e intenta realizarla tanto mediante los cuidados que proporciona a los enfermos, como por la oración de intercesión con la que los acompaña. Cree en la presencia vivificante de Cristo, médico de las almas y de los cuerpos. Esta presencia actúa particularmente a través de los sacramentos, y de manera especial por la Eucaristía, pan que da la vida eterna (cf Jn 6,54.58) y cuya conexión con la salud corporal insinúa san Pablo (cf 1 Co 11,30).




sábado, 17 de diciembre de 2016

CATEQUESIS SOBRE LOS SACRAMENTOS - LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

CAPÍTULO SEGUNDO
LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN


    1508 El Espíritu Santo da a algunos un carisma especial de curación (cf 1 Co 12,9.28.30) para manifestar la fuerza de la gracia del Resucitado. Sin embargo, ni siquiera las oraciones más fervorosas obtienen la curación de todas las enfermedades. Así san Pablo aprende del Señor que "mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza" 

(2 Co 12,9), y que los sufrimientos que tengo que padecer, tienen como sentido lo siguiente: "Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1,24).