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domingo, 3 de marzo de 2019

CATEQUESIS SOBRE EL TIEMPO DE CUARESMA



  La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.

  La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.



  Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

*“Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”

*“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"

* “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.



   ORIGEN DE LA COSTUMBRE

  Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.

  En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.

  En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

  Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

  También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno.

  La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo. Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos.

  Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.

EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA

  El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.


  LA ORACIÓN

  La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior.

  Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

  Para que nuestra Oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.

La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.

La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.



    EL SACRIFICIO

   Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar.

“Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará." (Mt 6,6).


  CONCLUSIÓN

  Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

  Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

  En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

  Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

  El arrepentimiento: Debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Credo: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

  La confesión de nuestros pecados: El arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

  La penitencia: Que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

Y terminemos recorriendo al revés nuestra frase inicial, diciendo que debemos escuchar y leer el Evangelio, meditarlo y Creer en él y con ello Convertir nuestra vida, siguiendo las palabras del Evangelio y evangelizando, es decir transmitiendo su mensaje con nuestras acciones y nuestras palabras.


sábado, 15 de julio de 2017

ICONOGRAFIA CRISTIANA - EL CRISTO PANTOCRATOR



Jesús y el Mosaico de la palabra.


El Cristo "Pantócrator"


  La imagen de Cristo Pantocrátor es realmente la figura de Jesús más difundida y conocida; expresa la Epifanía del Dios trascendente que ha tomado forma humana. Es la imagen del Señor del Universo, del Omnipotente.

  La Patrística, fundándose en los datos del Antiguo y del Nuevo Testamento y utilizando algunas nociones y expresiones de la filosofía helenística, estableció el concepto de Pantocrátor viendo en este epíteto divino cuatro elementos conceptuales: Omnipotencia, Omniconservación, Omnicomprensión y Omnipresencia. En otras palabras Dios es Pantocrátor porque domina todo lo creado, lo conserva todo en el ser, abrazándolo y conteniéndolo todo en sí y por consiguiente, penetrándolo y llenándolo todo de sí a través de su Omnipotencia. Además de esto, la Patrística tiene el mérito de haber ampliado el sujeto de atribución consciente y justificada al Hijo como Logos solamente, y al Hijo como Logos encarnados.

  En la iconografía, el Cristo Pantocrátor es uno de los temas mas repetidos y significativos, especialmente si se incluyen todas sus formas diversas: desde los grandes mosaicos y frescos, en los cuales el Pantocrátor domina en las cúpulas y en los ábsides de las Iglesias, hasta los marfiles y las monedas, en los cuales se encuentra la misma imagen sustancialmente idéntica a la de los iconos (o pintura de caballete), a la cual nos limitamos.


  Hay elementos permanentes, como el cabello en casco, la barba, la diestra bendiciendo, mientras que otros pueden variar parcialmente: el libro de las Escrituras sostenido en la mano izquierda puede estar abierto o cerrado, la expresión severa o mas benigna del rostro, el nimbo alrededor de la cabeza diferente, el brazo derecho está a veces mas envuelto y sostenido por la toga, la misma inscripción del Pantocrátor no se encuentra en la mayoría de los ejemplares, especialmente antiguos. Sin embargo se lo reconoce al punto. También en un álbum divulgativo se indicaba: “En la hierática Bizancio el tipo (de Cristo) se fijará de una vez por todas, desafiando a los siglos. Los Pantocrátor del siglo XVI que se ven en el monte Athos parecen hermanos y contemporáneos de los que Justiniano y Teodora hacían representar en mosaico en Santa Sofía o en Ravena”.





  Los vestidos


  En la tipología del Pantocrátor, Cristo tiene una túnica púrpura listada por una faja vertical de oro y está ceñido por un manto azul.

  La púrpura y el oro, como es sabido, estaban reservados en la antigüedad al rey; por lo cual, en este caso, se pone de manifiesto la realeza divina de Cristo. No obstante, tras esta simbología de los colores, se oculta otro significado más importante: el misterio de la Encarnación.

  La faja se inspira en la imagen del Apocalipsis: 

  “Al volverme, vi siete candeleros de oro, y en medio de los candeleros a un Hijo de Hombre, vestido de una túnica de talar, ceñido al talle con un ceñidor de oro”. (Ap. 1-13)

  El color azul del manto simboliza la naturaleza humana del Señor, como también es símbolo de misericordia, del amor de Dios hacia los hombres. 

  “Clemente y compasivo es Yahveh, tardo a la cólera y lleno de amor. Como se alzan los cielos por encima de la tierra, así de grande es su amor para los que le temen”. (Sal. 102-8, 11)

¡Alma mía, bendice a Yahveh!
¡Dios mío que grande eres!
Vestido de esplendor y majestad,
arropado de luz como de un manto.
(Sal. 103-1, 2)



El rostro


  El rostro del Pantocrátor casi siempre es severo, pero también se lo ha representado con una mirada de bondad que acaricia el alma.

  “Pues el mismo Dios que dijo de las tinieblas brille la luz, ha hecho brillar la luz de nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la Faz de Cristo”. (2 Cor. 4-6)


  “Le dice Felipe: Señor muéstranos al Padre y nos basta. Le dice Jesús: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Creedme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí”. (Jn. 14-8)


  Por lo tanto, Cristo, al encarnarse se ha convertido en el icono de Dios Padre en el Espíritu Santo.

  “Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa imagen cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor, que es Espíritu”. (2 Cor. 3-18)





El nimbo


  En esta aureola, que simbólicamente sirve para resaltar la importancia y excelencia del personaje, se perfilan los contornos de una cruz. Dentro de esos contornos se han inscrito las tres letras griegas “ómicron, omega y ny” que significa: El que es, es decir el equivalente al nombre sagrado de Dios, cuya persona nos ha sido revelada, pero cuya esencia permanece inaccesible.

  En efecto cuando Moisés pidió al Señor:

  “Si yo voy a los israelitas y les digo: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros” Cuando me pregunten: ¿cuál es su nombre? ¿qué les responderé? Dijo Dios a Moisés: “Yo soy el que soy” y añadió: así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros”. Siguió Dios diciendo a Moisés: “Así dirás a los israelitas: Yahveh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación”. (Ex. 3-13, 15)


La mano que bendice


  Este gesto, ostensible mediante la posición de los dedos, además de su significado obvio quiere subrayar un doble misterio.

  Los tres dedos abiertos quieren recordar las Tres Personas de la Santísima Trinidad mientras que los otros dos, a las dos naturalezas de Jesucristo. Toda bendición procede de Dios Trino por medio de Cristo hecho hombre.


  A veces los dedos esbozan el monograma de Cristo: el meñique la I, el anular la C, el medio y el pulgar cruzados la X y el índice la segunda C (ICXC abreviatura griega que significa Jesucristo).





El libro


  “Toda revelación será para nosotros como palabras de un libro sellado”. (Is. 29-11)

  Cristo al encarnarse, ha venido a traernos la buena noticia, el cumplimiento de la Ley y los Profetas. Cristo mismo es “el camino, la verdad y la vida”, pero nosotros tenemos necesidad de una concreción simbólica de su mensaje, confiado a los apóstoles.

  ¿Qué figura mejor que el libro abierto puede expresar esta imagen? El Creador de todas las cosas, al encarnarse, ha compuesto un libro nuevo, salido del corazón del Padre, para ser escrito con la pluma del Espíritu en la lengua de Dios.

  En el libro abierto se percibe con claridad un breve pasaje del Evangelio por ejemplo: “Venid a mi todos los que estáis fatigados y sobrecargados y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y hallareis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. O bien “Yo soy la luz del mundo” o “Aquel que me siga no anda en tinieblas sino en la luz”, etc.

  Son menos frecuentes las representaciones del Pantocrátor con el libro cerrado, así como también existen versiones simplificadas de la imagen habitual de medio cuerpo al presentar tan solo un busto, ausentes las manos y partes del tronco, pero que pone el acento en la mirada de Cristo: con la frente despejada que traduce una inteligencia viva, los cabellos que caen sobre la nuca y los arcos de las cejas que refuerzan la expresión de los ojos; las orejas pequeñas pero visibles nos hablan de una actitud de atenta escucha.


  Su mirada majestuosa y profunda, se posa inevitablemente en quien le observa y le reza.



Los ojos 


  Sus ojos grandes, verdaderas ventanas del alma por donde se puede vislumbrar el fuego del Espíritu que nos invita al mundo espiritual de los misterios divinos, a la unión con el Verbo de Dios. Los ojos, se dice, son los “espejos del alma”, por donde podemos conocer un poco más la fisonomía espiritual de Cristo, son como el límite por donde se funde y se traspasa de lo transitorio a lo Eterno, de lo visible a lo Invisible. Más que el ojo humano, debemos descubrir en Jesús una Mirada, la mirada del mismo Dios que se ha revestido de una carne humana para salvarme; como la mirada al “joven rico” del Evangelio. Su mirada es el sinónimo del “amor primero”, porque me amó antes que yo me convirtiera a Él, me miró, (podríamos agregar) antes que yo lo mirara, 
  
  “me amó y se entregó por mi” (Ga 2,20).

  El Salvador que estamos contemplando, es un Cristo en plenitud, vigoroso, que ni siquiera tiene el color de la carne terrenal, sino la tez pálida de Aquel que ya ha vencido la muerte, lleno de luz, transfigurado. Todo el rostro de Cristo es luminoso, irradia luz desde adentro, (ningún icono tiene un foco de luz externa). Él es el único que puede decir: 

  “Yo soy la Luz del mundo” (Jn,1,5). 

  “Al encarnarse, el Hijo de Dios se manifestó como luz, (dice San Juan Pablo Magno). No sólo luz externa, en la historia del mundo, sino también dentro del hombre, en su historia personal. Se hizo uno de nosotros, dando sentido y nuevo valor a nuestra existencia terrena. (…) “respetando plenamente la libertad humana, Cristo se convirtió en “lux mundi, la luz del mundo“. 

“El que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12).

 “Luz que brilla en las tinieblas” (cf. Jn 1,5). 

“Todos los misterios se resumen y se reflejan en el rostro de Cristo, belleza esplendorosa de Dios y belleza humana sin igual”



jueves, 26 de enero de 2017

NO SOMOS QUIÉNES PARA DECIRLE A DIOS LO QUE DEBE HACER - PAPA FRANCISCO


    VATICANO, 25 Ene. 17 / 05:21 am (ACI).- El Papa Francisco exhortó a no poner nunca condiciones a Dios, porque “nosotros no somos quiénes para decirle lo que debe hacer”. Durante la Audiencia General del miércoles celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano, el Santo Padre animó a los presentes a fiarse de Dios, de sus caminos, de sus prioridades, que no siempre coinciden con las propias.



    “No pongamos nunca condiciones a Dios y dejemos, por el contrario, que la esperanza derrote a nuestros temores”, indicó. “Fiarse de Dios quiere decir entrar en sus planes sin ninguna pretensión, incluso aceptando que su salvación y su ayuda nos lleguen de una forma diferente a nuestras expectativas”.

    El Pontífice subrayó que Dios sabe bien lo que necesitamos y es bueno para nosotros: “Nosotros pedimos al Señor vida, salud, afecto, felicidad, y es justo hacerlo, pero siendo conscientes de que Dios trae vida incluso de la muerte, que se puede experimentar la paz incluso en la enfermedad, y que nos puede dar serenidad también en la soledad, y felicidad en el llanto. Nosotros no somos quiénes para decirle al Señor lo que debe hacer, incluido aquello de lo que tengamos necesidad. Él lo sabe mejor que nosotros, y debemos fiarnos, porque su camino y su pensamiento son diferentes a los nuestros”.

    El Santo Padre realizó estas reflexiones en su catequesis en la que continuó con el ciclo sobre la esperanza cristiana. El Papa meditó sobre el tema “Judith: el coraje de una mujer que da esperanza al pueblo”. Para el Pontífice, Judith ejemplifica esa entrega, ese fiarse de Dios y no ponerle condiciones.

    “El Libro bíblico que revela el nombre de Judith narra la imponente campaña militar del rey Nabucodonosor, el cual, reinando en Nínive, amplía los confines de su imperio sometiendo y esclavizando a todos los pueblos de su entorno. El lector entiende que se encuentra delante de un grandísimo enemigo invencible que está repartiendo muerte y destrucción, y que llega hasta la Tierra Prometida, situando a los hijos de Israel ante un peligro muy serio”.

    “El ejército de Nabucodonosor –continuó–, bajo la guía del general Oloferne, asedia una ciudad de Judea, Betulia, corta el suministro de agua y mina la resistencia de la población. La situación era dramática, hasta el punto de que los habitantes de la ciudad se rebelaron contra los ancianos pidiéndoles que se rindieran a los enemigos”.

    “El fin parece inevitable, la capacidad de confiar en Dios se ha agotado y, paradójicamente, parece que, para escapar de la muerte, no queda más remedio que entregarse a las manos de los asesinos”.

    Sin embargo, Francisco narró cómo “delante de tanta desesperación, el jefe del pueblo intenta llevar una última luz de esperanza: resistir todavía cinco días más, esperando la intervención salvífica de Dios. Pero se trata de una esperanza débil. En realidad, nadie, entre el pueblo, es ya capaz de esperar. En medio de este contexto aparece en escena Judith. Una viuda, una mujer de gran belleza y sabiduría que habla a las personas con el lenguaje de la fe”, pide al pueblo que no pongan a prueba al Señor.

    El Papa concluyó: “Con la fuerza de un profeta, Judith convence a los hombres de su pueblo para llevarlos de vuelta a la fe en Dios. Con la mirada de un profeta, ve más allá del estrecho horizonte propuesto por los líderes y que el miedo convertía aún en más limitado. El Señor es el Dios de la salvación, sea cual sea la forma que adopta. La salvación está libre de enemigos y nos trae la vida, pero en sus planes impenetrables puede haber salvación también en la muerte”.



Fuente: aciprensa.com


jueves, 8 de septiembre de 2016

CAMINANDO HACIA EL DIRECTORIO CATEQUÍSTICO ARGENTINO

La formación de catequistas


    71- Un catequista con estas cualidades debe ser formado adecuadamente. Uno de los retos que tenemos por delante es la renovación de nuestros centros de formación, sus programas, recursos, criterios pedagógicos. Es un desafío que exige un cambio de enfoque y de método. Queremos formar catequistas que puedan acompañar procesos catecumenales de iniciación cristiana, tanto de adultos como de niños. Es por eso que proponemos una formación de catequistas “en estilo catecumenal”: que nuestros candidatos a ser catequistas, siguiendo un proceso evangelizador, hagan memoria de su propia iniciación cristiana y su encuentro con Jesucristo, profundicen su fe y su compromiso de vida cristiana, por medio de una renovada y sincera conversión, en un ambiente de comunidad cristiana, guiados por un equipo formador en el cual todos son precisamente catequistas. Es conveniente superar un estilo de formación meramente académica y racionalista, y posibilitar que los catequistas tengan una verdadera experiencia del proceso catecumenal de iniciación cristiana la cual se verá enriquecida si los mismos catequistas conocen y aprenden la estructura litúrgica, catequística y pastoral del Ritual para la Iniciación Cristiana de Adultos, y lo asumen como un proceso de iniciación cristiana integral que comienza desde el anuncio kerygmático y la conversión hasta la integración en la vida comunitaria, a la vida eucarística en la comunidad adulta, como culmen del itinerario propio de la iniciación cristiana.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

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La formación de catequistas


    70- Hoy se impone una honda reflexión sobre el perfil del catequista iniciador y acompañante del itinerario de fe de los catequizandos. El catequista es antes que nada un discípulo-testigo. Con una vida impregnada por el Espíritu Santo, abierta a la Palabra como alimento y oración cotidiana: conocer la Escritura es conocer a Jesucristo”. Es un hombre-mujer de comunión: con el Cuerpo de Cristo -Cuerpo Eucarístico- y con el Cuerpo Místico que es la Iglesia. Comunión afectiva y efectiva, que lleva a vivir y formar siempre comunidad, engendrando así Vida: la Vida de comunión, la Vida de Fe, de Esperanza, de Caridad. El perfil propio del catequista estará inspirado en Jesús, en su vida y su pedagogía; así, el catequista es maestro y pastor, testigo de Cristo, miembro de la comunidad donde se nutre de la Palabra y de la Eucaristía, para compartir la fe con sus hermanos catecúmenos-catequizandos, que presta su servicio en comunión con otros, viviendo la espiritualidad de la comunión como principio pedagógico, atento al querer de Dios y a las expectativas más profundas de aquellos con quienes transita el itinerario catecumenal. El catequista, persona experimentada en el trato con Dios, es un facilitador del encuentro del hombre con Dios, de allí que la metodología catequística, si bien toma elementos de las ciencias humanas (pedagogía, didáctica, sicología...), es una peculiar pedagogía de la fe, teniendo características especiales que derivan precisamente del contenido y de la índole de la formación de la fe, que son distintas a todo otro tipo de educación. El acompañamiento debe señalarse como actitud propia del catequista, al modo de Jesús en el camino de Emaús.

martes, 6 de septiembre de 2016

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La formación de catequistas


    69- La formación del catequista deberá tener como eje el desarrollo de su propia vocación específica, dando importancia principalmente a su formación espiritual; tiene, además, que guardar coherencia con el proyecto eclesial y pastoral de la comunidad (diocesana y parroquial). Uno de los aspectos más importantes en la formación es atender la espiritualidad de los catequistas. Esto hace especialmente a su vocación e identidad, y es una de las principales responsabilidades de los párrocos: el acompañamiento y formación de sus propias agentes pastorales.

lunes, 5 de septiembre de 2016

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La formación de catequistas


    68- La renovación de la catequesis necesita de catequistas renovados desde su misma formación, dispuestos a la conversión pastoral que nos pide la Iglesia en Latinoamérica. “Cualquier actividad pastoral que no cuente para su realización con personas verdaderamente formadas y preparadas, pone en peligro su calidad. En consecuencia, la pastoral catequística diocesana debe dar prioridad a la formación de los catequistas laicos”. La formación de los catequistas es prioritaria como tarea de la máxima importancia; habrá que atender no sólo una formación adecuada de los catequistas, sino también la necesaria formación catequística de los sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas. Al respecto, lo afirmado en Juntos para una Evangelización Permanente y en el Directorio General para la Catequesis no deja lugar a dudas sobre la importancia de esta formación y capacitación. En esto estamos en deuda: habría que revalorizar la misión catequística del sacerdote como ministro de la Palabra.

domingo, 4 de septiembre de 2016

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La iniciación cristiana, una responsabilidad comunitaria 
(El DÓNDE de la catequesis)


    59-
La catequesis en esta edad es fundamental, dado que es la etapa en que se forja la personalidad y hacen su opción vocacional. No solamente debe ser una catequesis adecuada a la edad, que responda a sus inquietudes y cuestionamientos y que los oriente hacia una elección libre por Jesucristo y a una vida cristiana plena en comunión eclesial y comprometida con el mundo en que el joven vive. La acción pastoral debe acompañar la catequesis, como condición indispensable para que ésta sea fecunda. El adolescente y el joven necesitan una comunidad acogedora, donde puedan crear vínculos para compartir la vida, la fe, sus proyectos e ideales, sus actividades apostólicas, etc. No debemos menospreciar la sed de espiritualidad profunda que tienen tanto los adolescentes como los jóvenes. Se hace necesario crear espacios para que vivan verdaderas experiencias de fe, de oración, de comunión fraterna, sin temor a las exigencias radicales del Evangelio, que debe ser presentado siempre con integridad.

sábado, 3 de septiembre de 2016

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La iniciación cristiana, una responsabilidad comunitaria 
(El DÓNDE de la catequesis)


    58- La implementación del catecumenado de iniciación cristiana para niños es todo un desafío a la creatividad catequística. En la catequesis con niños, un tema que debemos considerar es el de la edad apropiada para la catequesis. Teniendo en cuenta las profundas diferencias que hay en la niñez, sea el las distintas regiones del país, en el interior, en las zonas rurales, en las grandes urbes, se nos presenta un panorama en el cual las soluciones son también dispares. El cambio cultural que estamos viviendo es muy profundo. Los niños hoy, especialmente en las grandes ciudades, están inmersos en un mundo materialista tremendamente influenciado por los medios de comunicación social, muchos de ellos en situaciones familiares conflictivas, niños especialistas en el manejo de la electrónica, internet, celulares, etc. Nos asombra la capacidad de aprendizaje de esta tecnología por parte de los niños y la procacidad que viven ante ciertas cuestiones morales. Esta realidad nos plantea interrogantes serios: ¿habrá que comenzar la catequesis a edad más temprana? Es todo un desafío metodológico y pastoral; el Directorio General Catequístico nos alerta sobre la situación de los niños sin apoyo religioso familiar o que no frecuentan la escuela. Un elemento metodológico que se debe incorporar es la recreación: el niño aprende jugando, además, esto hace más atractivos los encuentros catequísticos.

viernes, 2 de septiembre de 2016

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La iniciación cristiana, una responsabilidad comunitaria 
(El DÓNDE de la catequesis)


    57- Reclamamos una atenta y urgente mirada sobre la iniciación cristiana de los adultos, o bien la reanimación de su vida de fe cuando se han alejado y desean reemprender el camino del seguimiento de Cristo. Los adultos son “las personas que tienen las mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada...”.; hoy es éste uno de los grandes desafíos de nuestra pastoral evangelizadora: evangelizar integrando a los adultos a la comunidad eclesial; por esto es que se señala como necesaria la integración orgánica entre la acción misionera, la catequesis y la actividad comunitaria-pastoral, como momentos distintos, complementarios y ambos imprescindibles en el proceso evangelizador. Asimismo entendemos que la participación de los jóvenes, de los adolescentes y de los niños en los itinerarios de iniciación requiere un replanteo y renovación profundos, a partir de las consideraciones que aquí presentamos.

jueves, 1 de septiembre de 2016

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La iniciación cristiana, una responsabilidad comunitaria 
(El DÓNDE de la catequesis)


    56-
Es la principal forma de catequesis. Hoy nuestra Iglesia está llamada a un renovado esfuerzo evangelizador orientado principalmente a tantos hombres y mujeres que se han alejado de la vida eclesial. La catequesis con adultos debe ser catequesis adulta y para adultos; esto es, mirar la realidad en la cual viven, escuchar sus inquietudes, necesidades, expectativas, responder a sus cuestionamientos, con fundamentaciones, iluminaciones, enseñanzas coherentes y adecuadas. El catecumenado de iniciación cristiana para adultos es indispensable instaurarlo hoy en todas nuestras comunidades , haciendo las adaptaciones necesarias.

miércoles, 31 de agosto de 2016

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La iniciación cristiana, una responsabilidad comunitaria 
(El DÓNDE de la catequesis)


    55-
La iniciación cristiana -transmisión de la fe y celebración sacramental, estrechamente ligadas en el mandato del Señor, forma parte integrante de la misión de la Iglesia, que es, y no puede dejar de serlo, universal, procurando alcanzar a todos los hombres y a todos los pueblos del mundo. Pero no puede ser propuesta de modo idéntico, sino adecuado a la condición de quienes se disponen a recibirla y a las circunstancias que los rodean. Por lo tanto, este itinerario catecumenal no será siempre uniforme, sino adaptado a la índole del interlocutor y a las distintas circunstancias de hecho existentes. Una cosa, en efecto, es el proceso de la iniciación vivido por un niño y otra por un adulto; una cosa es acompañar el proceso catecumenal de un nuevo miembro de una familia creyente, otra es proponer el catecumenado a un joven inmerso en una cultura urbana secularista, y otra recorrerlo con alguien que no haya oído hablar de Dios. En el caso de catecumenado para personas ya bautizadas, es necesario tener en cuenta la gracia bautismal recibida, por la cual ha sido iniciado en la vida cristiana, incorporado al misterio de Cristo. El catecumenado bautismal de adultos es un paradigma, que debe inspirar un “estilo catecumenal”, adaptado a las necesidades concretas y actuales de la nueva evangelización. Podríamos decir, en el caso de los ya bautizados, que el catecumenado es como un memorial de la propia iniciación cristiana en la Vida de Fe.

martes, 30 de agosto de 2016

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La iniciación cristiana, una responsabilidad comunitaria 
(El DÓNDE de la catequesis)


    54- La religiosidad popular, da lugar a verdaderas vivencias y expresiones de fe católica en nuestro pueblo, y es de por sí transmisora de la fe, de costumbres y prácticas religiosas. Siempre ha de ser atendida con solicitud para que nuestro pueblo asuma un verdadero dinamismo de crecimiento en su vida de fe, respetando así las tradiciones y valores que vive. Esta realidad se presenta en forma muy rica y variada en las diversas zonas del país. “La piedad popular es un imprescindible punto de partida para conseguir que la fe del pueblo madure y se haga más fecunda” . De allí que podamos señalar que religiosidad popular más que un espacio para la iniciación cristiana debe ser considerada una ocasión para incentivar su consumación. La catequesis mistagógica puede ser un procedimiento apto para el crecimiento y profundización de la fe que se expresa en la piedad popular. Es necesaria la reflexión pastoral que nos ayude a ver cómo aprovechar la religiosidad popular para que pueda ser también un camino peculiar de iniciación y de crecimiento en la vida cristiana, motivando siempre a la “plenitud de vida cristiana y perfección de la caridad” como meta a alcanzar.

lunes, 29 de agosto de 2016

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La iniciación cristiana, una responsabilidad comunitaria 
(El DÓNDE de la catequesis)

    53- Las comunidades educativas evangelizadoras se convierten en espacios para el desarrollo de la iniciación cristiana, si atendiendo a ciertos criterios garantizan algunas condiciones como elementos necesarios para la misma: a) En cuanto comunidad inserta en otra –es decir, en la parroquia-, el itinerario de iniciación ha de estar orientado y conducido por el párroco o un delegado suyo, quien a su vez acompaña a los catequistas, discierne y celebra los momentos de maduración y establece los ámbitos oportunos para las celebraciones; b) Los procesos de la iniciación deben conservar su identidad y evitar cualquier asimilación al curriculum escolar, salvaguardando su carácter de libre participación por parte del catecúmeno-catequizando; c) Los procesos han de estar animados por catequistas idóneos, especialmente capacitados y dedicados a la iniciación; d) Los padres de familia deberían contar con un espacio en el que manifiesten expresamente su consentimiento a la participación de sus hijos en este particular itinerario catecumenal y a la vez, ellos mismos, puedan acompañar esta etapa formativa de sus hijos; e) la mistagogia debe estar orientada a la conformación de una pequeña comunidad estable, más allá del período de formación escolar, que posibilite la perseverancia y haga efectiva la integración a la comunidad parroquial; f) Quienes participen del itinerario catecumenal deberán hacerlo conforme a los ritmos litúrgicos propios de este camino de iniciación, de tal manera que la autonomía propia con respecto al calendario escolar no deteriore ni desvirtúe su participación.

domingo, 28 de agosto de 2016

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La iniciación cristiana, una responsabilidad comunitaria 
(El DÓNDE de la catequesis)


    52- La reflexión conciliar ha provocado un cambio decisivo en la concepción de la escuela católica pasando de la escuela-institución a la escuela-comunidad. Dada la pluralidad de circunstancias socioculturales y religiosas que inciden en este ámbito, consideramos conveniente hacer precisiones acerca de la modalidad específica en la que debería desarrollarse esta actividad catequística de iniciación cristiana en las comunidades educativas. Proponemos, pues, algunos criterios que ayuden a repensar esta praxis pastoral.

sábado, 27 de agosto de 2016

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La iniciación cristiana, una responsabilidad comunitaria 
(El DÓNDE de la catequesis)

 
    51- Las escuelas católicas (congregacionales o parroquiales), en virtud de su propia naturaleza, son un lugar muy relevante para la formación humana y cristiana, y deben brindar una completa enseñanza escolar de la religión católica. “Hay una indisoluble y clara distinción entre enseñanza de la religión y catequesis, que es la transmisión del mensaje evangélico, una etapa de la evangelización. El nexo se justifica para que la escuela mantenga su nivel de escuela, orientado a dar una cultura completa e integrable en el mensaje cristiano. La distinción estriba en que la catequesis, a diferencia de la enseñanza religiosa escolar, presupone ante todo la aceptación del mensaje cristiano como realidad salvífica. Además, el lugar específico de la catequesis es una comunidad que vive la fe en un espacio más vasto y por un período más largo que el escolar, es decir, toda la vida” Dentro de la catequesis que puede brindar la comunidad educativa ocupa un lugar específico la iniciación cristiana aún cuando ésta es competencia propia de la parroquia.

viernes, 26 de agosto de 2016

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La iniciación cristiana, una responsabilidad comunitaria 
(El DÓNDE de la catequesis)

    50- “La comunión eclesial, aún conservando siempre su dimensión universal, encuentra su expresión más visible e inmediata en la parroquia. Ella es la última localización de la Iglesia; es, en cierto modo, la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas”. La parroquia es el lugar más significativo en el que se forma y manifiesta la comunidad cristiana. Ella está llamada a ser casa, escuela y taller de comunión, donde los miembros del Pueblo de Dios disciernen y asumen su vocación de discípulos misioneros. Ella es el ámbito ordinario donde se nace y se crece en la fe. La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación cristiana, es el ambiente natural y ordinario de la misma. Esto exigirá una renovación de la modalidad catequística de la parroquia, lo cual implica comenzar el proceso con la formación de los propios catequistas, capacitándolos como verdaderos iniciadores en la vida cristiana.

jueves, 25 de agosto de 2016

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La iniciación cristiana, una responsabilidad comunitaria 
(El DÓNDE de la catequesis)


    49- La familia cristiana, Iglesia doméstica, es un lugar de iniciación que tiene un carácter único. La catequesis familiar precede, acompaña y enriquece toda otra forma de catequesis. En nuestro país la participación activa de la familia en los procesos de iniciación es una realidad extendida, sobre todo en ciertas regiones –especialmente rurales-; sin embargo, la crisis en los vínculos familiares afecta dolorosamente la posibilidad de que ésta siga siendo el lugar primero y ordinario de iniciación cristiana: la familia, salvo pocas excepciones, ya no transmite la fe a sus hijos y ciertos hábitos de profunda tradición cristiana son excepcionalmente practicados. La catequesis familiar ha ayudado mucho a esta tarea de iniciación cristiana, y es un instrumento de integración familiar, tanto hacia dentro de la misma familia como dentro de la comunidad cristiana; esto, si se respetan ciertos parámetros metodológicos:- que participe, de ser posible, el matrimonio; - que sea un proceso integral de evangelización y una verdadera iniciación cristiana, con todos los elementos que esta supone. - que haya un constante y cuidadoso acompañamiento de los catequizandos por parte del matrimonio catequista y del párroco o asesor encargado; - que apunte a una continuidad, integrados en la comunidad parroquial como pequeña comunidad de vida cristiana.

miércoles, 24 de agosto de 2016

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La iniciación cristiana, una responsabilidad comunitaria 
(El DÓNDE de la catequesis)


    48- El Directorio General Catequístico nos habla de “La comunidad cristiana como hogar de la catequesis”, señalándola como “lugar” de catequización: “La comunidad cristiana es el origen, lugar y meta de la. De la comunidad cristiana nace siempre el anuncio del Evangelio, invitando a los hombres y mujeres a convertirse y a seguir a Jesucristo. Y es esa misma comunidad la que acoge a los que desean conocer al Señor y adentrarse en una vida nueva. Ella acompaña a los catecúmenos y catequizandos y, con solicitud maternal, les hace partícipes de su propia experiencia de fe y les incorpora a su seno. La catequesis siempre es la misma. Pero estos “lugares” de catequización la colorean, cada uno con caracteres originales catequesis. Es importante saber cuál es la función de cada uno de ellos en orden a la catequesis.

martes, 23 de agosto de 2016

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La iniciación cristiana, un itinerario gradual
(El CÓMO de la catequesis)


    47- Todo el proceso catequístico busca formar a cada discípulo para una vida eucarística, es decir, una inserción íntima y vital en el misterio de Cristo, una vivencia profunda de comunidad que se nutre con el Pan de Vida, creciendo en la Caridad, asumiendo la misión como tarea propia de un discípulo del Señor. El proceso catequístico debe llevar a un discernimiento vocacional, tanto para un estado de vida determinado como para descubrir los carismas personales. El ICP deberá también, desde la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia, lograr que el cristiano sea un verdadero ciudadano, que con su testimonio de vida, su palabra, su acción, impregne de espíritu evangélico el mundo en que vive.